blogeditor · 9 de junio de 2014
Hace un par de años tomé el tren bala de Tokio a Kioto y mis vecinos de asiento eran cuatro mujeres que llevaban en las piernas, cada una, un perro chihuahueño. Me llamó más la atención lo maternales que se comportaban que todo el atuendo y los accesorios de sus mascotas. Una de ellas le decía amorosamente a su perrita, que tenía un par de trenzas y moños rosados: “en cosa de minutos conocerás finalmente Kioto, la antigua capital de Japón”.
Para nadie es extraño el dicho: “el perro es el mejor amigo del hombre”. Entre los japoneses, sobre todo solteros, se ha convertido en una especie de obsesión y quizás en el negocio del siglo por las ganancias millonarias que arroja.
Desde hace aproximadamente 10 años un cambio en las costumbres y los estilos de vida del perro común y corriente llegó a Japón para quedarse. Junto a las grandes avenidas de tiendas comerciales ya ocupan una esquina importante los negocios de ropa, joyería y accesorios de todo tipo; sean de diseñador o no, las zapaterías especializadas en sandalias para el verano o las botitas para el invierno o los días lluviosos, las sombrillas, los parasoles o lentes oscuros.
Cuando llegué a Tokio me pareció extravagante encontrar ese tipo de tiendas especializadas en mascotas y mucho más aceptar invitaciones para asistir a pasarelas de la nueva temporada para perros (aunque yo lo que tenía era un gato). Ahora esa extravagancia ha quedado rebasada comparada con los salones de belleza que también hacen permanentes, tintes, trenzas, extensiones, lavado de pelo con champú ecológico o colocan uñas postizas con diseños en las cuatro patas.

[contextly_sidebar id=”cbecb0806330e07a4a6e03fcd828a6f3″]En las calles y parques ya se confunden las carriolas de los bebes con las de los perros y de vez en cuando se cruza en nuestro camino una silla de ruedas para la mascota minusválida o anciana. Hay una variedad infinita de platillos y botanas caninas en los cafés o restaurantes, las agencias de viajes venden paquetes especiales para alojarse un fin de semana con la mascota en hoteles de lujo con tours caninos incluidos. En los gimnasios lo nuevo son las clases de yoga perruna y ya existen “guarderías de perros” para enseñarles buenos modales y que pasen un tiempo conviviendo con otras mascotas mientras sus dueños trabajan. También existen empresas que rentan perros para pasar un fin de semana mimándolo.
En un documental de NHK sobre las mascotas en Japón me entero de que hay restaurantes que rentan espacios para fiestas de cumpleaños caninas que incluyen el pastel del festejado. A mitad del documental hay una escena en la que una mesera entrega un pastel con cuatro velitas encendidas y los dueños y familiares presentes aplauden felices mientras le cantan “happy birthday to you” al cumpleañero como si realmente fuera un niño. El perrito mira su pastel a la espera de probarlo y compartirlo, por supuesto, con sus amigos perros.
Mascotas en Japón. NHK
No pueden faltar los cementerios, por supuesto budistas, con servicios religiosos de cremación, venta de tumbas y recuerdos funerarios para el asistente. Y claro, ya hay terapias para los dueños que pierden a su mascota. Estos son sólo algunos de los negocios que han acaparado mi vista cuando camino por algunas calles de distintas ciudades de Japón, pero sobre todo de Tokio.
Mientras el gobierno japonés, preocupado por el bajo índice de natalidad que llevará a un marcado descenso de la población en las próximas décadas, comienza a buscar soluciones sólo enfocadas a convencer a las madres a que tengan más hijos y a crear mejores condiciones de seguridad social para las mujeres trabajadoras que desean ser madres, lo cierto es que investigaciones y encuestas indican que cada vez más japoneses prefieren la soltería y las parejas cada vez menos tienen hijos (tal como lo señalé en El futuro de Japón ¿sin niños?, una colaboración aquí mismo, en Animal Político, en enero pasado).
Dos datos revelan que el negocio millonario enfocado al cliente canino va ganando terreno sobre otros, el de los bebes, por ejemplo: una encuesta de 2011 hecha por la Asociación de Productos Manufactureros para Mascotas de Japón arrojó una cifra de poco más de 1 billón 200 mil millones de yenes (151 mil millones de pesos aproximadamente) en ventas anuales de toda clase de productos para perros. Según el Instituto de Comida para Mascotas de Japón, en 2012 había alrededor de 11 millones y medio de perros registrados, mientras que los niños menores de 15 años eran cerca de 16.6 millones.
Por supuesto que cada quién es libre de formar el tipo de familia que desee y mejor le parezca, pero no deja de sorprender la obsesión de muchos japoneses, que cae a veces en la patología, por crearle a la mascota adoptada un personaje parecido al que normalmente tendría un niño con un muñeco y sin duda la mercadotecnia está atenta para explotarlo.