La nueva arquitectura del poder requiere cimientos institucionales fuertes

blogeditor · 17 de abril de 2019

La nueva arquitectura del poder requiere cimientos institucionales fuertes

El presidente Andrés Manuel López Obrador hizo un primer balance de su gobierno hace unas semanas, en el marco de los primeros 100 días de su gobierno. De su estilo de gobernar es posible destacar la forma en que, como lo prometió, desahoga cotidianamente una agenda en conferencias matutinas con temas que destacan los medios de comunicación, las redes sociales y las conversaciones de analistas y de líderes de opinión. También continúa trasladándose en vuelos comerciales, acto congruente con la política de austeridad que lo caracteriza desde el primer día de su gestión.

Además, como sello de su conducción como mandatario, se transporta en un automóvil modesto, que dista mucho de los vehículos blindados que estaban al servicio de sus antecesores; determinó no ocupar la residencia oficial de Los Pinos para abrirla al público y, en su lugar, reivindicar al Palacio Nacional como sede del poder republicano; redujo al mínimo su equipo de seguridad, hoy conformado por civiles, y mantiene el contacto y la comunicación directos con la gente.

Todo ello ha surtido un efecto inmediato que se refleja en los crecientes niveles de su popularidad y aceptación de su gobierno que consignan las encuestas. Por ejemplo, del diario El Financiero (del 8 de marzo de 2019) que reportó un 66 % de aceptación en noviembre de 2018; de 79 % en diciembre de ese año; de 76 % en enero de 2019; de 86 % en febrero pasado, y de 78 % en marzo de este año.

En este estilo de gobernar, podemos observar a un presidente todopoderoso: todo pasa por su autorización y aprueba o desaprueba a quienes lo critican.

Con una actitud que desborda voluntad ante cualquier asunto público y que ratifica con la frase “Me canso ganso”, ha consolidado una narrativa en la que él define sin matices una nueva relación entre el líder honesto y el pueblo bueno, entendimiento que confirma que la vida política y pública gira en torno a su persona y la nueva imagen de primer mandatario que, incluso, se coloca por encima de otros poderes e instituciones, aun sin tener muy claras las consecuencias de sus decisiones.

No obstante, vemos que el presidente López Obrador ha sabido capitalizar el gran malestar de la sociedad, harta de los grandes privilegios de una élite de la clase política que se enriqueció de los recursos públicos y que gozó de la impunidad otorgada por el régimen en turno.

En consecuencia, una gran parte de la población tiene la esperanza de que puede cambiar su vida económica, la seguridad y el Estado derecho. Esta percepción la confirman los resultados de un sondeo del diario Reforma (del 12 de marzo de 2019) el cual reveló que el mandatario llega a sus primeros 100 días de Gobierno con el respaldo de 8 de cada 10 mexicanos: 78 % aprueba y 18 % desaprueba la forma como López Obrador está haciendo su trabajo.

Sin embargo, a pesar de este bono de confianza otorgado al presidente de la República, existe la otra cara de la realidad cotidiana de la ciudadanía de a pie, para quienes muchas cosas no han cambiado, sobre todo en los temas más sensibles para la población. Por ejemplo, enero de 2019 ya tiene el récord en número de homicidios, con un total de 2 mil 928 víctimas de homicidio y feminicidio; sobre salarios, a pesar de que a partir del 1° de enero el salario mínimo en México es de $ 176.72 diarios en la frontera norte y de $102.68 diarios en el resto del país, comienzan a registrase paros laborales y amagos de huelga, principalmente en el norte y en universidades públicas; del crecimiento económico, preocupa que agentes del mercado, calificadoras y el propio Banco de México ubican entre 1.75 % y 2.0 % el crecimiento del PIB de México para este año, con las consabidas repercusiones en materia de justicia social como empleo, salud y bienestar de las familias, entre los más apremiantes.

A pesar de lo anterior, en su política social, los nuevos programas sociales (Pensiones para adultos mayores; Jóvenes construyendo el futuro, Sembrando Vida, Programa de apoyo para personas con discapacidad; Tandas del bienestar y Crédito ganadero a la palabra) ocupan un lugar prioritario, Al respecto, se ha anunciado que se eliminan en definitiva los mediadores y se privilegia la visión del combate a la corrupción.

En este rubro, la estrategia de entregar los recursos en especie y los apoyos en pecuniario de manera directa a las personas beneficiarias, mediante una tarjeta del Banco del Bienestar (antes Bansefi) o con apoyo del Banco Azteca, tiene un claro objetivo: construir una política pública que fortalezca la imagen de un presidente generoso, que va más allá de la imagen del presidente filantrópico de antaño.

A la par de este nuevo estilo de gobernar, quienes formamos parte de la ciudadanía estamos conscientes de la necesidad de construir una sociedad donde tenemos un presidente políticamente muy fuerte, al que se suma la mayoría de su partido MORENA en las dos cámaras del Congreso de la Unión. Sin embargo, existen pocos contrapesos, a los cuales el Ejecutivo busca socavar. De ahí que la sociedad deba reencauzar su papel para vigilar y reencontrar las vías que reinstauren el diálogo para llegar a acuerdos sobre los principales temas de la agenda pública del país. Todo ello debe ocurrir al amparo de un esquema en el que se prioricen las normas democráticas, los controles, los equilibrios y la inclusión.

Como parte de la ciudadanía, tenemos que trabajar a pesar de este contexto con el ánimo de generar puentes entre los distintos actores, a fin de construir una nueva narrativa de inclusión y de sumar esfuerzos y voluntades con altas de miras que enriquezcan el rumbo del país. Sobre todo, debemos encauzar nuestras acciones cotidianas hacia una democracia que tenga calidad ciudadana, en la que se nos tome en cuenta como agentes con inteligencia democrática y promotores de la ética pública.

La nueva realidad del país no se podrá construir ni solucionar por la buena voluntad de un solo personaje, sino que será necesario crear instituciones fuertes con principios de honestidad y cumplir las leyes igual para todos.

No se trata de quitar a unos y poner a otros, sino tener como prioridad la cimentación de la nueva arquitectura sobre la cual habrán de apuntalarse las instituciones y la democracia que queremos hoy para el mañana de México.

Los mexicanos estamos depositando la confianza en este cambio de rumbo, pero también es necesario estar a altura de este reto para sumar lo mejor de cada actor y generar un ambiente y las sinergias a las cuales todos estamos invitados para ser parte del Nuevo México justo en el que prime un real Estado de derecho.

Para contribuir a la construcción de esta nueva arquitectura, en nuestra revista Brújula Ciudadana más reciente promovimos el análisis de cómo está avanzando el cambio de régimen político. Las reflexiones incluidas exploran campos como el desempeño de la economía, la política de bienestar social, el combate a la inseguridad y la violencia, la lucha contra la corrupción y la política exterior.

 

* Elio Villaseñor Gómez es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A. C.