La nana me está demandando

blogeditor · 8 de junio de 2015

La nana me está demandando

Después de una larga vida como empleada doméstica, asimilada a la familia como si fuera parte de ella, la nana, una especie de pariente pobre que parecía haber entregado todos sus afectos hacia las personas que cuidaba, se presentó un día con una demanda contra sus patrones. ¡Qué desconcierto!, ¿verdad? Cuando siempre fue tratada como parte de la familia.

Tratar a la empleada doméstica como si fuera parte de la familia no forma parte de un contrato laboral, es más bien una figura del medioevo (casa, comida y sustento a cambio de lealtad), y no es una moneda de cambio cuando la legalidad del empleo te lo requiere.

El trabajo doméstico se extiende a lo largo del país con más de 2 millones de personas que sirven en los hogares (de ricos y clases medias) con acuerdos poco claros sobre sus condiciones laborales: salario, horario, edad del trabajador, obligaciones y derechos, y una larga cadena de irregulares considerando las condiciones de la planta de empleo formal.

En un juego de veleidades entre empleadas y patrones, las contrataciones del servicio de doméstico se dan como si fuera un juego de azar: en el mercado de estas labores lo mismo hay patronas malas o buenas, que hay empleadas honestas o abusivas. El asunto es que no hay reglamentos, ni acuerdos éticos para este tipo de empleo, y ser bueno o malo como empleado o patrón es solamente cosa de suerte.

[contextly_sidebar id=”aslTDK7mB8m9EUGjs5TwhM73wXA41E2K”]Acostumbrados a mantener con las empleadas domésticas acuerdos tácitos de confianza y familiaridad, un día la empleada incondicional rompe con el acuerdo y aparece interponiendo una demanda laboral arropada con un asesor legal. Se trata de asesores legales que están coludidos en una especie de mafia de abogados que han encontrado en los vacíos legales y las injusticias ancestrales sobre el servicio doméstico, una vía para llenar sus bolsillos con dinero rápido y litigios fáciles de ganar, y a tres casos me remito.

Al fallecer la mamá de Laura, una anciana enferma que estuvo postrada en cama por cerca de un año, la familia tuvo que despedir a la señora que la cuidaba y que sirvió en la casa por cerca de tres décadas. En sus años de estadía con la familia, esta empleada recibió casa, comida, sustento, apoyo para educar a sus hijos y algunos incentivos más que son comunes en este tipo de trabajos. Para su retiro la familia decidió liquidarla con 25,000 pesos y le ofrecieron darle todo lo que quisiera del menaje de la casa que sería desmontada. Al día siguiente, la mujer llegó con un camión de mudanzas que llenó con la sala, el comedor, la estufa, el refrigerador y todos los enseres domésticos que estaban en buen estado. Parecía que con eso la familia liquidaba los servicios de la empleada de una forma justa. Pero no fue así. A la vuelta de tres meses la empleada, acompañada por un abogado, se presentó con una demanda por despido injustificado, exigiendo a la familia una liquidación por un monto de 80,000 pesos.

El segundo caso se refiere a Dina, quien empleó a una mujer para que le planchara la ropa con un salario de 300 pesos por día de trabajo. Un día esta mujer se desapareció y no volvieron a saber de ella hasta que a Dina le llegó un citatorio judicial en el que la mujer la demandaba por despido injustificado. La demanda es por 90,000 pesos.

El tercero es el de Paulita, propietaria de una pequeña fonda. Un día una de sus galopinas abandonó sin aviso el trabajo para presentarse después con una demanda por despido injustificado, humillaciones y malos tratos. La demanda es por 70,000 mil pesos.

Los abogados defensores de las demandas en los tres casos, han diagnosticado que se trata de litigios perdidos, aunque las demandas estén sostenidas en mentiras. En el primer caso se tuvo que llegar a un acuerdo económico para dar por terminado el juicio. En los últimos dos casos los litigios continúan.

En realidad las tasas fijadas por las demandas no son tan cuantiosas; hay que considerar además que los arreglos para concluir este tipo de litigios se rasan con sumas más bajas. De ahí la empleada ofendida debe de pagar algún porcentaje a sus abogados, que no será poca cosa, ya que ese es un negocio. Después queda la parte más dramática para ellas: conseguir un nuevo trabajo con semejantes antecedentes y sobrevivir con esos pocos miles de pesos obtenidos de la demanda por algunos meses o años de desempleo.

Es seguro que no todos los casos de demandas de este tipo respondan a los intereses mezquinos de abogados oportunistas. Pienso por ejemplo en la mujer que exhibió a su empleada doméstica en redes sociales por haberle robado un chile en nogada. Justo hubiera sido que alguien apoyara a la empleada demandando a su patrona.

Según datos del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar A. C., el promedio de demandas que recibe el Centro por parte de trabajadoras en contra de sus empleadores es de 3 a 5 casos diarios. La mayoría de los litigios se resuelven a través de la conciliación, y son muy pocas las demandas que se siguen a través de un proceso legal.

Y así juega la informalidad de este trabajo. Existen justos y pecadores. Lo cierto es que en un mercado que está sobredemandado y que tiene tanta mano de obra, debería de tener reglas claras y justas para empleadores y empleadas.

 

* Elsa Díaz Coria es consultora de Comunicación y Relaciones Públicas en La Bola de Papel, Comunicación. Ha colaborado como editorialista y reportera de Asuntos Especiales en la Agencia Mexicana de Noticias, Notimex. Email: [email protected]