La NADA ante la barbarie

blogeditor · 18 de agosto de 2021

La NADA ante la barbarie

Seguimos brincando de un tema a otro. Atorados en la coyuntura y en los dichos presidenciales. Atendiendo el escándalo y omitiendo la urgencia, la barbarie. Estamos en la NADA rodeados de podredumbre.

En la Bienal de Venecia en 2009, Teresa Margolles presentó una instalación artística llamada “¿De qué otra cosa podríamos hablar?”. En efecto, no se puede omitir hablar de la violencia, la impunidad, el horror. Margolles presentó en su obra “residuos de ejecuciones, sangre y otros fluidos humanos recogidos por la artista y sus colaboradores en el lugar de los asesinatos”. Buscaba sacudir mediante el arte.  Colocar la atención donde debía y debe estar. Cualquier otra cosa resultaba y resulta trivial, escenográfica. Había que hablar de la violencia. Una docena de años después estamos igual, preferimos no ver y no hablar de la monstruosidad.

Basta de simular, de tranquilizarnos con regresar cada tanto al tema, asumámonos como parte del problema. No hay tiempo ni espacio para más.

En concreto, ¿qué hace el gobierno por garantizar verdad y justicia? ¿Qué hace para disminuir la violencia? ¿Qué hace para garantizar la búsqueda de mucho más de 90 mil desparecidos? La respuesta a lo anterior es NADA. No hace NADA al igual que los dos sexenios anteriores. Solo simula, realiza acciones que lejos están del tamaño del reto. En el discurso presidencial se niega la realidad, la impunidad, las masacres. Mientras tanto, la SEGOB se dedica a administrar a las víctimas. A ofrecer disculpas mientras el Estado niega verdad y justicia. Simula mientras algunos le aplauden. Igual que en los últimos sexenios. Solo cambian los aplaudidores.

La clase política, toda ella, está en las mismas que hace 15 años. Siguen en la NADA. Ni una iniciativa, ni posicionamientos serios para garantizar la verdad, la justicia y la paz. Su único interés es la repartición del poder y la garantía de impunidad.

Por su parte los grandes medios, en su inmensísima mayoría, prefieren sumarse al caso del momento, al escándalo del día, a la estridencia de la presidencia, al análisis sofisticado de la simulación o de la NADA. Resulta más fácil hablar de cualquier otro problema antes que del horror y de la inacción de la clase política en estos temas. Se acercan con el caso a caso, pero prefieren abandonar los fenómenos. Casi ninguno abraza una agenda de mediano y largo plazo con compromiso serio y una pedagogía permanente que es parte de su obligación en contextos como el mexicano. Una pedagogía de todos los días, con espacios permanentes hablando y contextualizando el horror. Prefieren hacer malabares relativizando. Aportan poco o NADA a la urgencia.

Fuera de contadas excepciones, otros actores sociales también están en la NADA. ¿Dónde están las Iglesias? ¿La clase empresarial? ¿La academia? Por último, ¿dónde estamos todas y todos? ¿Dónde está nuestra exigencia y capacidad de indignación? ¿Cuál es el umbral para gritar BASTA? El horror no desaparecerá por sí solo. Imposible decirlo mejor que el EZLN: “Se le insiste en que se organice porque, acaso sin saberlo, usted forma parte de las futuras y probables víctimas”.

La resistencia está en los colectivos de víctimas, el EZLN y CNI, el movimiento feminista, el escaso periodismo independiente y unos cuantos más por aquí y por allá que no alcanzamos a ser masa crítica. Masa crítica que solo podrá lograrse mediante la articulación desde abajo, la exigencia desde abajo, la movilización desde abajo, el compromiso desde abajo.

Regresando al posicionamiento del EZLN: “Pero, si usted logra sustraerse de esa maldición, aunque sea por un momento, dirija su mirada a las víctimas… Si no lo hace por empatía y sensibilidad humana, al menos hágalo por aquello de ‘hoy por ti, mañana por mí’… Organícese… Grite, raye, pinte, cante, baile, haga gestos, guarde silencio, camine, corra, quédese quieto.  Usted decida qué y hágaselo saber a las víctimas… O póngase de acuerdo con otros, otras, otroas, y analicen, discutan, debatan… Hágalo porque tal vez, debajo de clasificaciones, banderas, escudos y consignas, usted es un ser humano”.

Este debe ser el debate y quehacer público, por más crudo que sea. No solo es un imperativo moral, es un acto de sobrevivencia personal, social y de la democracia misma.

¿De qué otra cosa podemos hablar? Solo de una exigencia de verdad, justicia y paz. Eso o seguir regodeados en la NADA. Ante la brutalidad, el resto es escenográfico, frívolo y criminal.

@dayan_jacobo