blogeditor · 8 de agosto de 2013

Por Débora Quiroga* y Fernando Osuna**
Uno de los grandes retos de esta época, en la que convivimos personas adultas nacidas antes de la masificación del internet y jóvenes para quienes el acceso a tanta información es la norma, es comprender, asimilar y ver el mundo como una unidad compuesta por lo real y lo virtual, como un mundo que se está transformando a velocidades nunca antes vistas.
[contextly_sidebar id=”c9f6afb5b51eb57746ba4a4e4ca6e257″]Con el internet somos testigos cotidianos de la mutación acelerada de las ideas.
En LEXIA, gracias a nuestros estudios sobre el mundo de los niños y los jóvenes nacidos en esta era de la información, observamos cómo el mundo virtual es un espacio con repercusiones inevitables en el mundo real o material. La generación, transmisión y mutación de las ideas siempre ha sido el germen de la transformación social.
En los últimos años, la humanidad ha experimentado un cambio trascendental: el surgimiento y masificación de internet. Ello ha transformado la manera en la que entendemos y experimentamos el mundo y, por lo tanto, la forma en la que construimos nuestra realidad. El internet, podríamos decir, es un parteaguas histórico, quizá tanto como el descubrimiento de América en el sentido de que está confrontando y fusionando culturas.
Los efectos de la masificación del internet han sido tales, que súbitamente el mundo se ha interconectado siendo posible entablar comunicación con personas de todas partes, ampliando de manera drástica la cantidad de información con que contamos y los referentes a través de los cuales se construyen o reafirman las identidades de personas y naciones.
Nos hemos acostumbrado muy pronto a la masificación de la información, consideramos normal poder acceder a ella de manera tan sencilla y práctica desde cualquier computadora o teléfono celular que parece que hubiéramos vivido siempre de esa manera. Suele pasar que al normalizarse los sucesos o las cosas, perdemos perspectiva y dejamos de ver la trascendencia de los cambios que una novedad como el internet está trayendo a nuestras vidas. Los efectos de esta vorágine de información han sido drásticos: han cambiado la forma en la que nos interrelacionamos con los demás y, por ende, la manera en la que construimos nuestro mundo social. La información ha dado otra velocidad al mundo y a nuestras vidas. Las ideas surgen, se normalizan, mutan a una velocidad impresionante. La información nos permite cambiar de parecer, nos permite transformarnos constantemente.
Internet se ha convertido en una caja de resonancia de nuestros gustos e intereses, desde lo más masivo hasta las aficiones más minoritarias que podamos imaginar. Nos está enseñando que tendencias que parecían pequeñas y encapsuladas en ciertos grupos sociales ahora no sólo pueden tener difusión, sino que han aumentado su capacidad para influir en el devenir social. Conocer estas tendencias puede ser un distintivo para quien sepa captarlas y canalizarlas porque señalan posibles caminos, incuban transformaciones sociales, innovaciones que quizás no tomamos en cuenta. Este es el ejemplo de la Primavera Árabe, donde pequeños grupos que usaron internet para comunicarse, para informarse, pero sobre todo para intercambiar la percepción latente (no dicha en voz alta) de que algo en el sistema político no funcionaba. Compartieron opiniones y una visión de un mundo distinto, de referentes más amplios. Todo empezó entre los jóvenes con formación universitaria, deseosos de transformar su realidad, pero en la plaza Tahrir de El Cairo se juntaron niños, padres, madres y ancianos de todas las clases sociales para unir sus voces y gritar a sus dirigentes que no estaban de acuerdo. Lo mágico de esto es que no quedó como un incidente aislado. El resto del mundo no sólo se informó sobre lo que pasó allí, no sólo compartieron la noticia sino que unieron sus gritos a los de los egipcios, los apoyaron y alentaron en su lucha y sirvieron de inspiración. A lo largo del mundo se desarrollaron protestas, no sólo en los países árabes sino también en Occidente, como los indignados del 15M español, el Occupy Wall Street o el #yosoy132 mexicano.
El mundo real y el mundo virtual no actuaron como espacios aislados. Lo que sucedió en internet rebasó fronteras. Quizás no fueron muchos los que estuvieron involucrados en las conversaciones por twitter o en las listas de correo que gestaron estos movimientos, pero sí fueron cientos de miles los que acudieron a las plazas de todo el mundo para reclamar por lo que creyeron justo.
Hoy los vasos comunicantes se han ampliado, se han expandido por el mundo entero y resulta difícil predecir las grandes transformaciones que seguramente vienen en camino. Mucha gente se siente, con razón, inconforme con el mundo en el que vive. Las diferencias entre lo que se muestra y las realidades que habitan las personas son cada vez más notorias. Un caso paradigmático es el de Brasil: mientras los medios de comunicación tradicionales mostraban al mundo el llamado “milagro brasileño”, los jóvenes, también convocados por internet, mostraron al mundo que todo era un decorado de cartón-piedra que enmascaraba la pobreza y la desigualdad social en ascenso.
Creemos que internet y sus redes sociales han permitido a las personas incrementar su capacidad de reacción y transformación ante los hechos políticos y sociales. Por ello, es fundamental para la supervivencia de cualquier entidad política o comercial, en este mundo cambiante, el ser capaces de interactuar de forma crítica con las nuevas generaciones y el uso que hacen de Internet.
Y tú, ¿interactúas de forma crítica?
*Débora Quiroga Terreros
Es licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y tiene una maestría en “Conocimiento, cultura y comunicación” en la misma institución. En el año 2009 comenzó sus estudios de doctorado sobre crítica cultural. En el año 2010 obtuvo una beca internacional para realizar estancias de investigación en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) y en la Universidad de las Américas Puebla (UDLA). Es una apasionada de los viajes, la lectura y la escritura.
**Fernando Osuna
Tiene estudios de administración de empresas por el ITESM y una maestría en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara. Sus principales intereses profesionales son la investigación, el análisis de información y la teorización ecléctica. Cuenta con experiencia como administrador, investigador académico y de mercados, docente y traductor.