blogeditor · 15 de febrero de 2022
Cada generación viene al mundo con su propia música de fondo. Eso es lo que nos hace pertenecer a una u otra generación. Esa música de fondo esta determinada por las crisis que nos quitan el sueño. Hoy nos encontramos en una crisis que se llama cambio climático. Esa ha sido y seguirá siendo la música de fondo de mi generación y de todas las generaciones más jóvenes.
Cambio climático significa un aumento gradual de la temperatura de la tierra producto de las emisiones de CO2 y otros gases efecto invernadero. ¿De dónde salen esas emisiones? De la combustión de energías fósiles: petróleo, gas, gasolina, combustóleo, todo ello que hoy mueve al mundo y lo hace productivo. Esa es la paradoja del cambio climático.
Tenemos que dejar de emitir CO2 a la atmósfera y ello exige un esfuerzo de cambiar las formas de producción energética establecidas. Necesitamos dejar de quemar combustibles. La comunidad científica sabe que si la temperatura del planeta aumenta más de 2 grados centígrados respecto de la temperatura preindustrial, se viene una catástrofe climática de dimensiones desconocidas. Ya llevamos 0.7 grados más. Al ritmo que vamos, en 2030 estaremos cerca de los dos grados. En ocho años para ser exacta.
¿Qué es lo que tenemos que hacer en México para no chocar con el muro del calentamiento de la tierra? Que las y los tomadores de decisiones se pongan de acuerdo para reducir emisiones de CO2 diseñando y poniendo en marcha una transición energética de verdad, es decir, un proceso gradual de sustitución de combustibles fósiles por energías limpias.
Se trata de que cada vez más la economía y el mundo se muevan a través de energías como el aire y el sol. La transición es un proceso de cambio, de transformación, significa cambiar las formas de producir energía, de almacenarla y de utilizarla.
Hoy lo que nos debe quitar el sueño es que las y los diputados, sin escuchar la voz de las generaciones más jóvenes, van a discutir la forma en la que México va a producir y consumir energía, la forma en la que México va a tener o no una transición energética.
Nos debe preocupar que la iniciativa de reforma constitucional que se está discutiendo no plantea una verdadera transición energética. Más bien, la iniciativa parte de una concepción equivocada de lo que significa el sistema eléctrico en el contexto de una crisis climática. Plantea la transición energética como una cuestión “deseable” cuando la transición energética es una obligación generacional, es lo que esta generación le debe a las generaciones que vienen abajo. Sin transición energética no hay manera de frenar el aumento en la temperatura de la Tierra y tampoco de que México sea parte de la transformación mundial a la economía verde.
En este sentido, la transición energética debería ser el centro de una reforma constitucional al sector eléctrico. A las generaciones más jóvenes nos suena un discurso viejo y dogmático el de la soberanía energética. El presidente de México ha reiterado que los jóvenes debemos informarnos cómo se desarrolló México en relación al sector energético. Y tiene razón: la historia es muy importante y la debemos aprender.
Sin embargo, ojalá el presidente y la clase política en general también coloquen su mirada en el futuro (no solo en el pasado). Lamentablemente no va a haber futuro si no aspiramos seriamente a un sistema eléctrico limpio. Tengamos una mirada clara y precisa de la crisis climática, solo así podremos atemperar sus efectos. Veamos el futuro en toda su complejidad. No valen simplificaciones ni dogmatismos. #NoQuemenNuestroFuturo.
* Nora Cabrera Velasco (@cabreranora) es abogada y directora de Nuestro Futuro A. C. (@nuestrofuturoac).