La monogamia, símbolo del sistema de poder de la sexualidad humana

blogeditor · 23 de marzo de 2022

La monogamia, símbolo del sistema de poder de la sexualidad humana

Una de las teorías más aceptadas en la Biología Evolutiva, y que fue desarrollada por el darwinismo, es la de la selección sexual. Según la misma, los organismos se adaptan para mejorar sus posibilidades de reproducción sexual con otros organismos. Esta es la historia que nos contaron sobre cómo los seres vivos debemos encontrarnos con nuestra sexualidad: desde el beneficio de la especie, antes que desde el del individuo. 1

La monogamia, como sistema político-social, ha tomado en cuenta esta teoría para respaldar un conjunto de prácticas que se adjudican a la naturaleza, pero en realidad están sustentadas, en su mayoría, por los aspectos sociales que rigen nuestra sociedad capitalista y patriarcal; bajo esta premisa, la monogamia está ligada directamente a la opresión y a los sistemas de poder ejercidos desde la sexualidad represiva y contra las disidencias. Se plantea como una creación necesaria en la evolución para la subsistencia de la especie, y se deja de lado su verdadera problematización.

Michel Foucault describió que la sexualidad en la sociedad se puede controlar en su totalidad siempre que se controle el cuerpo del individuo. Las limitaciones y reforzamientos de la fecundidad de las parejas son lo que permite la construcción de una sociedad planteada en la monogamia como principio de desarrollo social y de éxito, todo esto acomodado en un entorno capitalista donde se postula falazmente que poseer más también es ser mejor.

Previo a la domesticación de los alimentos, el ser humano nómada era un cazador-recolector que centraba sus necesidades en la comunidad; la comida y los bienes se compartían. Con el desarrollo de la agricultura se da un cambio en el pensamiento: la posesión de tierras y bienes alimenticios se vuelve más importante que la capacidad de cazar, y la necesidad se traslada de los miembros de la comunidad que habitan con el individuo a la protección de sus propios bienes materiales. Así, se desvanecen las ideas de colectividad y se transforman en una estructura egoísta, donde sólo importa lo que es de uno. 2

Con la posesión alimenticia también comienza la posesión del individuo. Las estructuras sociales se construyen como parejas, familias y núcleos sociales. La colectividad se convierte en una lucha de poder y de posesión de bienes materiales o humanos. Siglos después, el capitalismo pudo utilizar estos esquemas, ya implantados durante miles de años en la especie humana, para establecerse como sistema económico, pero también social y político. Aquí, el matrimonio y la familia monógama se gestan en la población como fuente de progreso y de aparente felicidad. Este sistema se adueña de la sexualidad de la otra persona, como si fuera un bien más que se debe poseer, y le quita el valor al privilegio de la sexualidad propia de cada ser humano.

Esta socialización y, en sí, todo el mecanismo de la sexualidad como sistema de poder utilizaron como fuerza cohesiva la ciencia. No es casualidad que tanto la Revolución Científica como la Industrial florecieran a la par de la sexualidad como sistema de poder: el desarrollo científico planteó la capacidad de construir verdades que se adherían a las ideas políticas, económicas y sociales de la época. El sexo se reconstruye en este nuevo orden, guiado por la burguesía y confeccionado por una ciencia que no es objetiva sino un sistema de verdades que los propios actores requerían para la institucionalización del poder en la sexualidad. La Teoría de la Evolución darwinista tuvo gran importancia en la conceptualización de las ideas basales del capitalismo; no porque fuera desarrollada con este propósito, sino por la lectura que se realizó sobre los conceptos obtenidos de ella. La genealogía del capitalismo y la de la evolución se entrelazaron cuando a la sociedad burguesa le hacía falta justificación de su poder.

La monogamia y la sexualidad se convirtieron en conceptos que se estudiaban en otras especies, en comparación con la nuestra. Para analizar la “conducta monógama natural” del ser humano se han definido las formas de relacionarse sexualmente de más de 5 mil especies de mamíferos, describiendo conductas animales supuestamente deslindadas de las condiciones humanas, pero consideradas desde la perspectiva sesgada del sistema capitalista y patriarcal. Los recuentos reiteraban que los machos son fuentes de poder y decisión, mientras que las hembras se victimizan y romantizan para aceptar a los machos en una cópula con fines reproductivos; conclusiones sacadas con una visión binaria, donde las disidencias ni se nombran ni se describen. El cuerpo de la mujer se piensa como un elemento de maternidad; al mismo tiempo, bajo circunstancias de desconocimiento del momento de fertilidad, al hombre sólo le queda acoplarse a las necesidades de la mujer y mantener una relación con ella para siempre, para asegurar su beneficio reproductivo. Esta lectura es la más común y también la más peligrosa que puede hacer la ciencia.

Bajo esta premisa es posible ver el sistema de poder innato que surge de la sexualidad preestablecida por las sociedades del siglo XVIII, al que Michel Foucault criticaba. La lucha de los sexos acompaña la estabilidad monógama y parece dar coherencia a la búsqueda de poder que las sociedades capitalistas constituyen.

La ciencia describe dos mecanismos posibles que desencadenaron la formación de la monogamia: la estabilidad emocional de estar con una sola pareja, y la estabilidad de un sistema entero buscando la formación de familias que permitan un núcleo social, a su vez estabilizador. La monogamia, en ese sentido, es un sistema político-social construido para controlar y apoderarse del cuerpo ajeno; constructo que se va desarrollando a la par del capitalismo y, por supuesto, de la revolución científica con la que se sigue tratando de autosustentar y autojustificar.

La ideología de que el sexo se debe de realizar con una sola persona contiene los principios capitalistas y patriarcales de apropiación de los objetos, y emancipa al organismo de la sociedad como sujeto. La creación de un sistema matrimonial monógamo, que elimina la capacidad de enfocarnos en la comunidad, es la misma ideología capitalista de supervivencia del más fuerte. Es una supuesta comunidad que parece ser de todos, pero que sólo le pertenece a los más exitosos, a los que logren poseer más alguna cosa, a los que consigan más de un cuerpo objetivizado.

* Daniel Ochoa Gutiérrez es Biólogo por la Facultad de Ciencias (FC) y Maestro en Ciencias por la Facultad de Química. Actualmente es doctorante con especialidad en Biología Molecular por la FC y estudiante de la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, además es profesor en la FC de las asignaturas de Biotecnología, Biología Molecular de la Célula I y Biología de Procariontes para la carrera de Biología, todo en la UNAM.

 

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1 Hankinson, L. Biology and Feminism. A philosophical introduction, Cambridge, Cambridge University Press, 2017, pp. 265.

2 Harari, Y. N. De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Joandomènec Ros (trad.). Barcelona, Editorial Debate, 2016.