blogeditor · 27 de enero de 2015
Si bien en México hay una importante proporción de ciudadanos afiliados a los partidos políticos, en la realidad tienen un papel limitado en el ejercicio de sus derechos y su capacidad para influir en las decisiones relevantes de la vida política del país. Ello se debe, en buena medida, al control de las dirigencias partidistas, su visión patrimonialista del ejercicio del poder y su escasa vocación democrática. Como consecuencia, tenemos un sistema poco representativo y alejado de la ciudadanía.
A enero de 2015 hay en México 11 millones 212 mil 677 militantes en los partidos. Ello representa el 13 por ciento del padrón electoral.
Esta militancia varía según los estados. Por ejemplo, en Colima está afiliado a algún partido político casi el 27.4 por ciento de las personas inscritas en el padrón electoral. Chihuahua, Tabasco, Michoacán, Sinaloa y Puebla superan el 20 por ciento. En contraparte, en Oaxaca, Jalisco, Coahuila, Yucatán y Sonora tienen a menos del 10 por ciento del padrón afiliado en algún partido. Guanajuato es el último lugar nacional con el 4.7 por ciento.
Militantes de los partidos políticos en México (Porcentaje del padrón electoral)
* Datos a enero de 2015
El número de militantes en los partidos puede agruparse en cuatro grandes bloques.
El primero está conformado por el PRI y el PRD que juntos suman casi el 70 por ciento de todos los afiliados a algún instituto. Son, en términos clásicos, partidos de masas.
El segundo bloque lo conforma el PAN que es el partido con menos militantes de todos a pesar de ser el más longevo. En general han asumido que son un partido de cuadros controlados por un pequeño grupo de líderes con poca o nula participación de sus votantes. A cambio goza, se supone, de una mayor eficacia electoral, cohesión y consistencia programática.
[contextly_sidebar id=”is9gkQT0i8KE1tlHqKK9aNVBGOLcHXAi”]En un tercer bloque están los partidos que llevan más de diez años en la vida pública y que a pesar de ello no han aumentado significativamente su base de militantes ya que no dependen de ellos para financiarse ni para tomar decisiones (mucho menos para administrar los millonarios fondos públicos que reciben). Tal es el caso del Verde, del PT, Movimiento Ciudadano y de Nueva Alianza.
Finalmente están los partidos de reciente creación que, dados los requisitos para constituirse, tienen una plataforma importante de militantes.
El peso territorial varía, evidentemente, por partido. Al considerar la proporción de militantes en el estado respecto del total del padrón electoral (en ese orden):
* El PAN tiene su mayor presencia en Colima, Aguascalientes, Nuevo León y Querétaro.
* El PRI en Chihuahua, Colima, Puebla y Sinaloa.
* El PRD en Guerrero, Morelos, Tabasco y Distrito Federal.
* El PT en Zacatecas, Colima, Tlaxcala y Baja California Sur.
* El PVEM en Chiapas, Quintana Roo, Aguascalientes y San Luis Potosí.
* Movimiento Ciudadano en Guerrero, Veracruz, Querétaro y Campeche.
* Nueva Alianza en Chihuahua, Aguascalientes, Veracruz y Tlaxcala.
* Morena en Tabasco, Colima, Morelos y Campeche.
* Partido Humanista en Durango, Sinaloa, Puebla y Coahuila.
* Y Encuentro Social en Baja California, Distrito Federal, Veracruz y México.
Los partidos políticos son asociaciones de personas que se identifican para colocar a sus candidatos en puestos públicos a través de las elecciones. Para que ello ocurra, los partidos realizan campañas, preparan programas (en el mejor de los casos) o simples spots atractivos para el electorado y suman militantes a su causa.
Algunos militantes participarán en la vida partidista porque representa un medio para ganarse la vida, para generar contactos y acrecentar su chequera, mientras que otros se sumarán porque creen en el ideario y programa del partido y están convencidos en que, de llevarse a cabo, mejorará la vida de las personas. Otros están en un punto intermedio.
Para las dirigencias partidistas, los militantes son necesarios para ampliar el número de votantes en el ámbito territorial. También para ser portavoces de las propuestas del partido, de las bondades de su programa o para acrecentar las clientelas que a cambio de una dádiva, ofrecen votos razonablemente cautivos.
A diferencia de los políticos profesionales, muchos militantes suelen acercarse en época electoral y alejarse cuando no hay mucho en juego. Sin embargo, esperan que su participación influya en las decisiones sobre cuál será la orientación de los documentos básicos del partido, cómo se organizará su gobierno interno y quiénes serán sus candidatos. Después de todo, un partido existe para que sus candidatos ocupen puestos públicos.
Según la ley (Art. 40), los militantes tienen derecho a participar activamente en la vida interna de los partidos y a recibir formación y capacitación política que les habilite para postularse como candidatos. A cambio, los militantes deben cumplir con las normas del partido, velar por su democracia interna, contribuir a sus finanzas, participar en asambleas y reuniones que les corresponda.
La militancia, se supone, está en el corazón de la vida democrática del país.
No obstante, la militancia en México es ninguneada por sus dirigentes. No forma parte de las decisiones fundamentales, difícilmente logra incidir en los órganos de gobierno de los partidos y suelen ser vistos como materia clientelar lejos de ser sujetos activos de la construcción política de los mismos partidos y del control político de sus líderes.
Un dato: tanto en 2009 como en 2012, 9 de cada 10 candidaturas en todos los partidos políticos fueron elegidas mediante mecanismos diferentes a una elección primaria y al voto de sus militantes. En general, las candidaturas se asignaron mediante acuerdo cupular entre las dirigencias o franco dedazo del poderoso en turno y su grupo. Al tiempo que las cúpulas se permitieron sustituir candidatos ya elegidos cuando requerían pagar de algún favor político o hacer maniobras para aparentar el cumplimiento de la ley en materia de cuotas de género para posteriormente colocar a quienes originalmente estaban cercanos al clan directivo.
Por otra parte, los partidos simplemente decidieron no abrir sus puertas a más militantes, limitando los derechos políticos para contender en las elecciones llegando a extremos de que ciudadanos tuvieron que presentar demandas ante los tribunales para conseguir su afiliación. Así los partidos han cerrado la posibilidad ser herramientas de la ciudadanía para la transformación de las instituciones y las políticas del Estado.
Adicionalmente, para evitarse exigencias de rendición de cuentas, las autoridades partidarias no han impulsado la participación de los militantes en el financiamiento de sus actividades. Por ejemplo, a pesar de que en el año de las elecciones presidenciales de 2012 cada partido podía recibir hasta 33 millones de pesos por parte de sus militantes, no se aprovecharon estos topes y los partidos dejaron de percibir 130 millones de pesos por cuotas que prefirieron no cobrar. Raro que no quisieran más dinero teniendo la oportunidad. Fue mejor administrar los recursos públicos a través de un férreo control que paulatinamente excluyó a grupos disidentes. Tal es la historia del PRD de los Chuchos y el PAN de los Maderos.
En suma, los partidos aprestan en 2015 sus mejores oficios para movilizar a su militancia. Misma que ignoran al decidir las candidaturas, al distribuir las prerrogativas, al definir los órganos de gobierno, al decidir la orientación de sus propuestas de política pública y de sus votos en las legislaturas. Es una militancia de ornamento, inútil para la construcción democrática de las instituciones. Y luego las dirigencias se preguntan del porqué hay críticas a su escasa representación, a los llamados a no votar, al anulismo o al éxodo que abandonan las burocracias que controlan.
Urge reactivar los mecanismos que fomenten el involucramiento ciudadano en asuntos de interés público y que modifiquen las reglas en la distribución del poder en México, que facilite la formación de partidos, que amplíe las capacidades de control político externo. Una vez más, urge una reforma política que dé más poder a los ciudadanos y, en particular, a aquellos que activamente buscan consolidar la democracia: los militantes.