Ernesto Ramos · 29 de febrero de 2012
Para Roger Bartra
Somos Axolotes de tetas bien puestas y enquistado pito tubular. Las várices que enredan nuestro pecho caen por los muslos y las nalgas, y su pegamento permeable nos clava estáticos al piso. Es imposible explicarnos el por qué de nuestro designio (si acaso lo tenemos), algunos técnicos especializados cerraron paredes con tornillos industriales, y nada parece inmutar nuestra luz, la temperatura, o el aire. Durante los días de nuestras (vidas) contemplamos un futuro solitario y grisáceo -sin tristeza ni indefinición, mucho menos miedo, y las carnes que el tiempo cuelga no muestran nuestros sueños (creo).
Incluso, esa, su roja agalla exterior, ha sido coronada de silencios, y su panocha, despeinada y húmeda, sugiere un algo cerrado, de gelatinosas larvas que preñan a las hembras.
Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que la reconocía aun sin vernos. Que compartíamos la intimidad de pensarnos juntos. Que conservábamos el hilo de conocernos sin suturar nada. Yo hasta le cambiaba los focos malabareando en la alacena la escalera chueca.
Más con el paso del tiempo los días se tornaron quietos, el sol se puso a atardecer, y no hablemos de oleaje porque no había en el paisaje. Recuerdo que a veces le hablaba y ella tardaba minutos en contestarme. Otra día, en el cuarto, me le quedé viendo a los ojos, y él nunca los cruzó con los míos. Y así, de pronto, amenazada por la idea de morir, un febrero ella logró transmigrar en compañera de rojas agallas (que algunos asemejan al coral), y semanas después yo hice lo propio, y ahora no la veo ni estando solos, criaturas rosadas de un mundo infinitamente lento y remoto, no compartimos palabras, pero a veces nos miramos tras un golpe de hombro, y ambos sabemos lo que el otro sabe, y sin comunicación posible, pero claramente, sentimos el mayor consuelo.
Pero tal vez no será así siempre. O tal vez no pensamos lo mismo, y solo fingimos, o solo me engaña. Ni estando inmóvil me resigno a saberlo. Se habla de la tercera dentición de los centenarios o de calvos a quienes les ha vuelto a salir el pelo a edad tardía. La cópula que a veces logramos explota en orgasmos, y en el fondo la veo cuando aparece sonriente. La cópula que a veces logramos explota en orgasmos mudos de no decir nada, y de pronto lo veo que aparece observando. Pero antes de poder hablarlo, siento que la imagen se oscurece, dejándonos ciegos; en esta melancólica jaula donde parece no haber nada.