La lucha y búsqueda de justicia de una madre

blogeditor · 9 de mayo de 2022

La lucha y búsqueda de justicia de una madre

El día de hoy, con motivo del día de las madres, le cedemos este espacio a Rosa Mora, madre de Jorge Hernández Mora, quien fue falsamente acusado públicamente ante medios de comunicación de pertenecer a una supuesta banda de secuestradores en Tlaxcala y que como consecuencia de ello actualmente permanece injustamente privado de su libertad desde hace casi 20 años. A continuación, Rosita narra lo difícil que ha sido para ella como madre tener a un hijo víctima de fabricación de culpables, fenómeno que se ha replicado de manera alarmante en México.

El nacimiento de Jorge se dio en la clínica del hospital Magdalena de las Salinas en la Ciudad de México. Era un niño hermosísimo de piel muy blanca, muy blanca, de coeficiente normal, muy juguetón, inquieto, cariñoso y muy deseado porque ya teníamos una niña.

Al cursar su kínder y primaria tuvo muy buenas calificaciones; era un niño estudioso que recibió cuidados y atenciones de sus papás y abuelos. La convivencia con sus hermanos fue normal. Al cursar la secundaria lo hizo de manera normal sin contratiempos, su adolescencia fue tranquila. Posteriormente inició su bachillerato con algunos contratiempos, por el ambiente propio de ese medio y edad. Sin embargo, tuvo que abandonar sus estudios en el tercer semestre ya que su papá enfermó gravemente y le pedí que me apoyara a cuidarlo.

Jorge no ha tenido muchos amigos, de hecho son contados. Entre ellos se encuentra Oswaldo Rodríguez (otra de las víctimas involucradas en el presente caso) y otros dos amigos que tenía como vecinos.

Jorge fue un joven muy tranquilo y obediente. Le gustaba mucho el basquetbol -deporte que practicó y practica hasta la fecha (inclusive ahora que está en el reclusorio sigue practicando este deporte y ha obtenido algunos diplomas por ello)- y también el dibujo -cualidad que desarrolló desde la secundaria, cuando obtuvo un reconocimiento por un dibujo llamado “SI NO LEO, ME ABURRO”, con la imagen de un burrito que él mismo dibujó.

Mi relación con Jorge como mamá siempre fue muy estrecha y cariñosa, siempre me platicaba todos los detalles que vivía en la escuela. Hoy recuerdo con mucho cariño que cuando era niño le gustaba mucho que le llenara una tina grande donde él se metía y se divertía mucho.

Yo me imaginaba que Jorge en el futuro sería un profesionista y un hombre feliz con sus logros. Sin embargo, todo cambió el 13 de agosto de 2002, fecha en la que lo detuvieron.

Yo me enteré de la detención de Jorge por mi otro hijo Alejandro (que en ese entonces tenía 10 años), quien me habló por teléfono diciéndome “mami, unos señores se llevaron a mi hermano de aquí afuera de la casa”. Como yo llegaba del trabajo alrededor de las 8:00 pm, pensé que mi hijo ya se encontraría ahí a esa hora, sin embargo él ya nunca regresó a casa. Ese día en la noche, la novia de Oswaldo me contó lo que había pasado y que “se los habían llevado” a Tlaxcala.

El día de los hechos, Jorge (quien entonces tenía 21 años) venía de la tienda de hacer algunas compras para el desayuno. Los policías le tiraron sus cosas, le doblaron las manos hacia atrás y lo subieron a un carro blanco después de un forcejeo violento. Los vecinos, al ver su detención, tocaron a la puerta y le avisaron a mi hija Marisol que se estaban llevando a su hermano. Es por eso que ella, junto a su novio Ricardo (quien también permanece injustamente privado de su libertad hasta el día de hoy por los mismos hechos) preguntaron a los agentes dónde se lo llevaban; quienes respondieron que si querían saber, tenían que ir con ellos. Marisol y Ricardo aceptaron.

Al principio a Marisol le dijeron que llevarían a su hermano a la delegación más cercana, sin embargo no fue así porque cuando ella les reclamó que ya iban en la carretera, los agentes le gritaron y le dijeron que no hiciera más preguntas. Cuando llegaron a la Procuraduría de Tlaxcala, bajaron a Marisol antes de entrar al estacionamiento, la llevaron por otro lado y ya no volvió a ver a su hermano Jorge.

Cuando a Jorge lo metieron por el estacionamiento, lo llevaron a un cuarto donde había colchones tirados y lo empezaron a torturar; lo envolvieron como momia, lo metieron a una cisterna aplastándole la cabeza con la tapa de ésta para que no pudiera respirar, le dieron toques, le dieron tehuacanazos por la nariz, lo golpearon, le dijeron que si no cooperaba ya sabían dónde estaba su familia y que “se lo iba a llevar la chingada”. También le pusieron un lápiz en la boca para que leyera un texto fingiendo ser secuestrador, sin embargo como no le salió como ellos querían, lo golpearon. Le dijeron que “si no hablaba como hombre se lo iba a llevar la chingada”, momento en el cual Jorge se desmayó y solo así paró la tortura.

Ese mismo día, más tarde por la noche, recibí la llamada de mi hija Marisol pidiéndome que fuera por ella a Tlaxcala porque estaba muy espantada porque no la dejaban salir de la Procuraduría- es entonces cuando me entero a mayor detalle de todo lo que está pasando y cuando se me viene literal el mundo encima; desde ese día estoy viviendo este sufrimiento de injusticias por ver a mi hijo encarcelado injustamente.

Esa misma noche nos fuimos a Tlaxcala por mis hijos; cuando entré a la Procuraduría mi hija Marisol corrió hacia mí y ahí me dijeron que mi hijo estaba detenido por un secuestro cometido en Tlaxcala, cuando mi hijo ni siquiera conocía dicha entidad federativa.

Esta situación cambió mi vida a no tener vida, porque ha sido así desde entonces: levantarse para luchar por mi hijo Jorge haciendo a un lado todo. Mi mayor ilusión respecto a Jorge es verlo libre ya que es inocente.

Hasta ahora, por todo lo que he vivido y visto, considero que las autoridades mexicanas no se enfocan de lleno a su trabajo ya que existen muchas pruebas a favor de mi hijo que podrían liberarlo.

Estos casi 20 años han sido de dolor, lucha, sufrimiento e injusticias por tener a un hijo preso inocente, sin embargo me he mantenido hasta hoy en pie gracias a Dios y al apoyo de mi familia.  Todos estos años he luchado día tras día como madre, tocando puertas y pidiendo ayuda para lograr la libertad de Jorge porque sé desde el fondo de mi corazón, grito y seguiré gritando, que él es inocente. Mi hijo Jorge me dice: “mamá, me han robado mi juventud y mi vida”, y no se imaginan cómo duelen esas palabras.

Actualmente mi hijo se encuentra preso en el Cereso en Gómez Palacio en Durango, por lo cual solo he podido visitarlo en sólo 2 ocasiones. En una de esas visitas platicando con él le dije que si solicitábamos un amparo para trasladarlo a la Ciudad de México al Reclusorio Sur y él me contestó “por favor sácame de aquí, porque si me trasladan yo ya no aguantaría ser torturado nuevamente” y estas palabras me dolieron y me duelen en cada instante de mi vida y de mi ser.

Cada día inicio con una oración a Dios para que me siga dando fuerzas y me permita seguir con la lucha para mi propia vida y darle a mi hijo ánimo para seguir adelante. Y ¿por qué digo lucha por mi propia vida? Porque en todos estos años mi salud también se ha ido deteriorando por esta pena.

Estas líneas las escribo con lágrimas porque es remover estos casi 20 años de injusticias.

@CMDPDH