¿La lucha contra los plaguicidas se va con Toledo?

blogeditor · 7 de septiembre de 2020

¿La lucha contra los plaguicidas se va con Toledo?

La renuncia del biólogo Víctor Manuel Toledo Manzur como titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) ha generado muchas especulaciones. Más allá de las versiones e hipótesis sobre su partida, es un hecho que con él se pierde una pieza clave para atender un grave problema para el derecho humano al medio ambiente: el uso de plaguicidas en México y su aplicación aérea.

Actualmente, en nuestro país no solo se permite el uso de ciertos plaguicidas catalogados como peligrosos, sino que se permite que sean aplicados a través de fumigación o aspersión aérea. Por ejemplo, se han reportado fumigaciones aéreas de neonicotinoides, utilizados para combatir distintas plagas en los cultivos –principalmente en cultivos a gran escala- a pesar de que se ha advertido ampliamente los efectos letales y subletales que tienen en polinizadores como las abejas.

De acuerdo con la FAO (2016), el 75% de los cultivos en el mundo dependen de la polinización, siendo la abeja la especie polinizadora más importante. Según estimaciones de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), el 80% de la polinización de los cultivos a nivel mundial puede atribuirse a las actividades de solo un 2% de especies de abejas silvestres. La importancia ambiental de las abejas ha sido ampliamente documentada, así como el papel que juegan en la economía e identidad de distintos pueblos mayas que se sostienen de la producción de la miel en la Península de Yucatán.

El estudio Effects of neonicotinoids and fipronil on non-target invertebrates del Worldwide Integrated Assessment of The Impact of Systemic Pesticides on Biodiversity and Ecosystems ha señalado que los neonicotinoides y el fipronil son altamente tóxicos para las abejas. Por su parte, Dave Goulson y Thomas Wood de la Universidad de Sussex (Reino Unido) señalan en su publicación Risques environnementaux des pesticides néonicotinoïdes: synthèse des études scientifiques publiées depuis 2013 que “la evidencia de que los insecticidas neonicotinoides están contribuyendo a la disminución de las abejas silvestres y al agravamiento de los problemas de salud de las abejas melíferas es más fuerte que cuando se aprobó la prohibición parcial en la UE”, advirtiendo que “aparte de las abejas, los neonicotinoides pueden vincularse de manera plausible a la disminución de las poblaciones de mariposas, aves e insectos acuáticos”.

En agosto de 2018, Francia anunció la prohibición del uso de plaguicidas neonicotinoides por la muerte de abejas que estos generan. Ya en abril de ese mismo año 23 países de la Unión Europea habían prohibido el uso de tres plaguicidas neonicotinoides para impedir la muerte de abejas.

A pesar estos datos científicos, en México poco o nada se ha hecho para al menos poner límites al uso de este tipo de plaguicidas, mucho menos para prohibir su aspersión aérea. El investigador Rémy Vandame señala en su estudio “Abejas e insecticidas” los impactos que los neonicotinoides han tenido en los territorios de pueblos mayas peninsulares.

Para el municipio de Hopelchén, Campeche, entre 2012 y 2013, dos mil colonias de abejas murieron en los ejidos de Suc-Tuc, Oxa y San Luis entre otros. Los apicultores aseguran que las abejas murieron por la aplicación aérea de un insecticida del rancho vecino, en el que se cultiva maíz a gran escala. Este evento no atrajo la atención de las autoridades correspondientes, por lo que nunca pudo demostrarse que por esta actividad habían muerto las abejas, así que los apicultores tuvieron que negociar directamente con los responsables, para ser indemnizados”.

Tal como señala Vandame, además de que está permitido el uso de neonicotinoides en nuestro país, existe una manifiesta laxitud tanto en la legislación que permite su aplicación aérea, como en la voluntad de las autoridades para supervisar y fiscalizar esta actividad. Por ejemplo, la única legislación que hace referencia expresa a las fumigaciones aéreas es la Ley de Aviación Civil, en la cual se les contempla como uno de los diversos tipos de servicio de transporte aéreo privado comercial. No obstante, no establece ningún control en materia ambiental para esta actividad, limitándose únicamente a señalar que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes podrá revocar el permiso por daños al medio ambiente “cuando previamente hubiese sancionado al respectivo concesionario o permisionario, por lo menos en tres ocasiones” (artículo 15).

En México, el riesgo a la salud y al medio ambiente que generan los plaguicidas como el glifosato y los neonicotinoides se agudiza por su aplicación a través de fumigaciones aéreas (incluso en zonas colindantes a centros de población). La Unión Europea, a través de su Directiva 2009/128/CE del 21 de octubre de 2009 señaló que debido a que la fumigación aérea “puede causar efectos negativos significativos en la salud humana y el medio ambiente” debía buscarse la prohibición de su uso para plaguicidas. En países como Alemania, esta forma para su aplicación está ya prohibida.

La salida de Toledo Manzur deja en suspenso el futuro que tendrá el inédito proceso para prohibir plaguicidas como el glifosato y los neonicotinoides, pero también el que tendrán las fumigaciones áreas que en distintas poblaciones de la Península de Yucatán estarían generando muertes masivas de abejas y afectaciones a la salud de las personas. Más allá de las indudables críticas que pueden hacérsele a su paso por la SEMARNAT, es un hecho que su presencia en el gobierno federal permitió abrirle la puerta a exigencias como ésta, que en otros sexenios fue ignorada e incluso minimizada por distintas autoridades.

Quedará ahora ver si la lucha por la defensa del medio ambiente sano, a través de la prohibición de plaguicidas considerados riesgosos y de su aplicación aérea, es verdaderamente parte de la agenda de esta administración o si abandona Palacio Nacional dentro del maletín de Toledo Mazur.

@kalycho