Redacción Animal Político · 23 de enero de 2023
La semana pasada Oxfam, una organización sin fines de lucro dedicada a investigar y combatir la pobreza, desigualdad e injusticia en el mundo, publicó un informe titulado “La ley del más rico”, en donde se revela evidencia que podría servir para la construcción de estrategias que permitan atender problemáticas presentes en todo el mundo.
Uno de los que más llama la atención es que durante 2022 más de 1,700 millones de trabajadores vieron reducido su salario a causa de que este no creció en el mismo nivel que la inflación, situación que evidentemente redujo su poder adquisitivo y por ende las posibilidades para comprar alimentos o pagar servicios básicos. En tanto, el 1 % más rico monopolizó cerca del 70 % de la nueva riqueza generada en el mundo desde el 2020 y su fortuna crece 2, 700 millones de dólares cada día. Dos realidades contrapuestas.
El informe detalla cómo el aumento de los ingresos de las élites más ricas coincide con la caída en los impuestos sobre la renta en aquellas personas que obtienen mayores ganancias dentro de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En los últimos 40 años, las tasas impositivas han disminuido, en promedio, 16 % y en algunos países incluso en más de 25 %.
Otro dato interesante y paradójico es que el año pasado las empresas de alimentos duplicaron sus ingresos con ganancias aproximadas a los 257 mil millones de dólares. En cambio, más de 800 millones de personas viven en pobreza alimentaria. Al mismo tiempo, los países más pobres del mundo destinan cuatro veces más ingresos al pago de la deuda que al gasto en salud pública o educación, lo que invariablemente aumenta la desigualdad.
Ante dicho escenario, en donde convergen la caída de salarios, las bajas tasas impositivas al ingreso de los que más ganan y el aumento de la pobreza, Oxfam propone aplicar a multimillonarios un impuesto de hasta 5 % sobre su riqueza. Con ello calculan puedan recaudarse 1.7 billones de dólares anualmente y es que, prácticamente, 7 de cada 10 países no aplican impuestos a la riqueza ni por concepto de sucesiones, ni por transferencia de activos entre la población más rica. En todo el mundo, por cada dólar que se recauda vía los ingresos fiscales, únicamente cuatro centavos proceden de impuestos a la riqueza. Esto es aún más pronunciado en los países de ingresos medios y bajos donde existen mayores niveles de desigualdad, como nuestro país. Sin duda que es una propuesta debatible tanto en la esencia, como en la forma en que podría implementarse según el contexto de cada país.
Solo para ejemplificar, si la propuesta de Oxfam se aplicará en México, el ingeniero Carlos Slim tendría que pagar en impuestos solo por su riqueza más de 4 mil millones de dólares, algo así como 80 mil millones de pesos que equivalen al presupuesto del Instituto de Salud para el Bienestar para este 2023. De ese tamaño el impacto de la propuesta planteada.
Si bien no comparto del todo dicha sugerencia, me animó a escribir sobre ello porque, precisamente, el trabajo realizado por Oxfam contribuye a debatir ideas y alternativas de solución que permitan redistribuir mejor la riqueza y sobre todo combatir problemas que, a estas alturas del desarrollo de la humanidad, siguen presentes en la población mundial.