blogeditor · 29 de octubre de 2020
Una crisis como la provocada por la pandemia de COVID-19 obliga a las corporaciones policiales a adecuarse y redefinir sus prioridades para hacer frente a nuevos retos: algunos de naturaleza inmediata, provocados por la contingencia y otros derivados de los cambios en la dinámica ciudadana. Las policías del país enfrentan dos tipos de retos. Primero, al enfocar o aumentar sus esfuerzos para atender tareas específicas deben, por lo tanto, reducir la atención en otras. Segundo, ante el aumento en las tareas y responsabilidades, las y los policías tienen que mantenerse activos en sus labores, lo cual significa que corren más riesgos que otras personas y trabajan bajo mayor incertidumbre —muchas veces en condiciones desfavorables. Ellos no tienen la opción de quedarse en casa. Por el contrario, tienen que redoblar esfuerzos y seguir siendo un apoyo para la comunidad.
Reacción ante primeros retos por COVID-19
Las policías tuvieron que replantear sus estrategias operativas para hacer frente a estos nuevos retos tomando en cuenta los recursos tanto materiales como humanos con los que contaban. Al mismo tiempo, ante este contexto era importante una pronta reacción, sobre todo porque el papel que cumple la policía le permite ser un primer apoyo ante cualquier necesidad o problema de la ciudadanía. Según sus capacidades, cada corporación se involucró de diferentes maneras y llevó a cabo diversas actividades como respuesta inicial ante la pandemia.
Con la contingencia, las corporaciones policiales en México recibieron nuevas solicitudes y exigencias tanto de sus gobiernos estatales o municipales como de la ciudadanía. Esto aunado a los cambios observados en los ritmos y patrones ciudadanos y criminales y a la incertidumbre de nuevas dinámicas que la crisis podría traer. En respuesta, el 46% de las policías entrevistadas respondió haber contemplado distintos escenarios —como saqueos, alza en ciertos delitos y aumento en violencia intrafamiliar (ver la figura 1)— mientras que el resto respondió no tener algún escenario previsto ni un plan ante alguna situación que pudiera surgir en su municipio o estado. Del 46% de las policías que se plantearon posibles escenarios como consecuencia de la contingencia, una quinta parte mencionó contar con planes operativos para hacerles frente. La razón que podría explicar que estas corporaciones lograran desarrollar y ejecutar un plan operativo específico es su nivel de especialización. Es decir, que estas policías —de municipios grandes o estatales— tienen la oportunidad de contar dentro de su estructura con el personal necesario y capacitado para enfocarse en tareas de planeación y desarrollar tareas específicas, según las necesidades de su estado o municipio. De ellas, dos cuentan con un equipo antidisturbios, así como con monitoreo de redes sociales específico para estos casos y sólo una llevó a cabo un simulacro de saqueo para tener claro cómo actuarían.

Dentro de la planeación inicial para reaccionar ante la contingencia, un importante obstáculo que tuvieron las policías entrevistadas fue una disminución de personal operativo debido a que parte de las y los policías son considerados población vulnerable ante el virus que provoca COVID-19, por lo que el 65% de las corporaciones optó por enviarlos a sus casas como medida preventiva. De esta manera, uno de los primeros retos operativos fue cómo llevar a cabo sus funciones cotidianas y, además, sumar aquellas necesarias para atender problemas derivados de la pandemia con menos personal. Como nos respondió un entrevistado: “son menos elementos, pero más funciones”. Esto preocupó a las corporaciones porque implicaba someter a los policías a mayor estrés y más trabajo.
“Prácticamente estamos enfocados en las medidas de mitigación (del número de contagios) más que en las tareas de seguridad pública que antes se hacían”, fue la respuesta de un directivo de una corporación estatal al preguntarle por las funciones de su policía en esta coyuntura. La mayoría (73%) inició perifoneos, filtros sanitarios o vigilancia de lugares públicos (supermercados y aglomeraciones), que les permitieran informar a la ciudadanía y posteriormente tratar de controlar brotes de contagios, mientras atendían las necesidades de la población de su localidad. Para llevar a cabo este tipo de actividades exitosamente con menos personal operativo, las policías entrevistadas mencionaron haber adaptado sus labores sobre todo con base en cuatro estrategias diferentes: 1. Modificar los horarios de trabajo (e.g. los extendieron); 2. Pasar a cadetes y personal administrativo a labores operativas (e.g. atención en filtros sanitarios, perifoneo y atención a víctimas); 3. Apoyarse en otras instancias de seguridad (e.g. otras policías municipales, policía estatal, Guardia Nacional y fuerzas armadas), y 4. Cubrir menos áreas del estado/municipio durante los patrullajes cotidianos para privilegiar la atención en filtros sanitarios o evitar aglomeraciones de personas.
Gran parte de las policías que adecuaron su trabajo con base en una de las estrategias mencionadas aprovecharon los patrullajes cotidianos o los intensificaron para realizar perifoneo exhortando a la gente a quedarse en sus casas y adoptar medidas de prevención; incluso encontramos casos en que adaptaron esta información a sus contextos. Como ejemplo, gracias a que los policías conocen a detalle a la población de sus municipios y estados, pudieron llevar el perifoneo a algunas regiones en lenguas indígenas.
Asimismo, las policías adecuaron sus funciones para incorporar la atención a la salud de la ciudadanía. Algunas comenzaron a canalizar a personas con síntomas de COVID-19 a servicios médicos sin esperar la llegada de ambulancias e incorporaron psicólogos y médicos a sus líneas de emergencia para brindar atención a la ciudadanía. Por otro lado, en municipios fronterizos, algunas corporaciones decidieron monitorear la salud de las personas que cruzaban la frontera mediante breves entrevistas para tener más información sobre la condición en la que llegaban. Por otra parte, en caso de contagios o fallecimientos en dos municipios del centro-sur del país, sus policías acudieron con las personas involucradas o cercanas y recogieron información mediante cuestionarios para conocer detalles, como posibles causas.

Además de reaccionar ante la pandemia llevando a cabo actividades puntuales, el 18% de las corporaciones entrevistadas mencionó que modificó su actuación ante potenciales detenciones. En estos casos, brindaron indicaciones a las y los policías—y en un menor número brindaron entrenamiento adicional— para que evitaran llevar personas detenidas por faltas menores y con ello reducir el riesgo de contagio dentro de los separos. Para lograrlo, se privilegió la mediación en el sitio del incidente.
Reacción ante nuevos retos por cambios en la dinámica ciudadana
Además de las actividades realizadas específicamente para atender asuntos relacionados con la pandemia, las policías no dejaron de atender las emergencias cotidianas. No obstante, éstas se modificaron (en frecuencia y tipo) como consecuencia del cambio de dinámica en la vida de la ciudadanía. Por un lado, del total de corporaciones entrevistadas, 43% reportó un aumento en las llamadas de emergencia recibidas durante los meses de abril y mayo con respecto a meses anteriores, mientras que un 22% reportó una disminución en este tipo de llamadas y en 24% de las policías se mantuvo una tendencia estable.1 Por otro lado, al preguntarles qué tipo de llamadas son las que más recibieron durante los primeros meses de la pandemia, las corporaciones mencionaron que destacaron las emergencias por robo, atención médica y violencia en el hogar (ver figura 3).2

Como se ve en la figura 3, tanto la violencia familiar como la violencia contra la mujer fueron de las llamadas de emergencia que más sobresalieron para las policías durante abril y mayo de 2020. Para contextualizar el incremento en llamadas por violencia contra la mujer o violencia familiar, basta revisar los datos que publica el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Si bien la violencia contra la mujer muestra una tendencia creciente a nivel nacional desde 2016, las llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer recabadas por el SESNSP a nivel nacional de enero a mayo de 2020 superan el total de llamadas de emergencia de este tipo que hubo en todo el 2016 o en todo el 2017. Particularmente, se observa un “pico” en el mes de marzo de este año.
Asimismo, la violencia familiar muestra una tendencia nacional creciente en las llamadas de emergencia recibidas de febrero a marzo de este año. Sin embargo, si se observan los datos desde enero de 2016, el número de llamadas de emergencia relacionadas con este tema se mantienen dentro del rango promedio, lo que no deja de ser preocupante. Como nos mencionó a finales de mayo un directivo de una corporación:“en realidad siempre ha habido violencia, siempre ha habido reportes, pero ahorita (en mayo), como le comentaba, ya son 105 llamados. Pensamos que es por la situación del encierro”.
Ante el aumento de violencia en el hogar, preguntamos a las policías qué acciones han llevado a cabo para atender este problema. Del total de corporaciones entrevistadas, el 31% cuenta con una unidad específica de atención para violencia familiar o de género o con un plan de atención especializada. Entre ellas se encuentran un tercio de las policías estatales del país y ninguna de municipios pequeños o rurales. El resto de las corporaciones atiende estos temas como cualquier otra emergencia: llega la patrulla más cercana e intenta mediar la situación o, en caso de ameritarlo, detienen al agresor. Restando el 18% de corporaciones que privilegiaron la mediación ante las detenciones (reportado anteriormente), del 82% restante sólo una tercera parte cuenta con unidades de atención especializada para violencia familiar o de género.
Dado el aumento en las llamadas de emergencia de este tipo, el 11% de las policías entrevistadas hizo de este tema una prioridad en su atención. Tres corporaciones crearon una unidad especial para la atención de este tipo de violencia durante los últimos meses. En contraste, también obtuvimos respuestas de un par de policías estatales que mencionaron no encargarse de estos temas porque “hay instancias estatales que (los) atienden”.
Algunas de las principales acciones que llevaron a cabo para ocuparse de estas emergencias fueron brindar apoyo psicológico, acompañamiento para denunciar, identificar puntos en los municipios donde más ocurren este tipo de eventos e incrementar la presencia policial mediante patrullajes y canalizar a las víctimas de agresiones a instancias de gobierno que pueden dar atención más especializada, como INMUJERES o el DIF. Ante esto último, algunas policías mencionaron que las condiciones provocadas por la pandemia han jugado en su contra, ya que algunas dependencias de gobierno o áreas específicas redujeron la atención que dan, lo cual desincentiva a los ciudadanos a acudir. Otras no se encontraban laborando o lo hacían de manera remota, lo que dificulta la atención a las víctimas de violencia de este tipo. El jefe de una corporación expresó que “de momento (las unidades de atención) están atadas de manos porque psicólogos y oficinas de protección a niños y ancianos están cerradas”.
Oportunidades para innovar gracias a la contingencia
Si bien las policías mexicanas se han enfrentado en estos últimos meses a nuevos retos que surgieron abruptamente por la pandemia, ésta también les ha permitido innovar e idear nuevas respuestas para ser más eficaces en su labor. En primer lugar, dado el alto riesgo que este virus representa para ciertos grupos poblacionales, gran parte de las policías entrevistadas iniciaron o reforzaron labores de apoyo a la comunidad, en particular dirigidos a personas que quedaron vulnerables por perder su empleo, adultos mayores o personas con alguna condición que pudiera agravar su situación en caso de contraer COVID-19.
Dentro de las acciones de apoyo a sus comunidades, la más común fue la entrega de despensas a grupos vulnerables. La mayor parte de las corporaciones acompañaba la entrega de despensas promovida por dependencias locales o directamente por la presidencia municipal o gobierno estatal, mientras que una menor cantidad de corporaciones realizaron acciones similares pero promovidas por los propios policías.
Por ejemplo, en ciertas corporaciones se coordinó la compra de cubrebocas y gel antibacterial por parte de los policías para regalar a personas en la calle que no los tuvieran. Otras pusieron de su bolsa para comprar despensas y entregarlas a la gente que lo necesitara. En una policía de una ciudad pequeña surgió una iniciativa para donar dinero a los adultos mayores que laboraban en centros comerciales empacando mercancía y se quedaron sin empleo. En una policía estatal adoptaron el esquema “si puedes, dona; si ocupas, toma”, para intercambiar víveres entre los compañeros para quienes lo necesitaran. Ante el éxito de la iniciativa, posteriormente la abrieron a personas fuera de la policía.
En algunos casos, sobre todo en ciudades grandes, encontramos policías que decidieron aprovechar canales digitales de comunicación y vinculación con la ciudadanía para obtener información más directa sobre posibles brotes de contagio y emergencias que debían atender, al tiempo que les servía como “monitor ciudadano” para saber cuál era el sentir de la ciudadanía ante la pandemia en sus respectivos municipios. Por otro lado, también hubo corporaciones que decidieron fortalecer sus tareas de inteligencia para detectar zonas prioritarias —con mayor índice de contagio o con mayor concentración de población vulnerable— para así focalizar sus atenciones en donde más se necesitaba.
Además de la evidente distinción entre quienes tienen más recursos y personal para diversificar sus atenciones, algo que distingue a las corporaciones que respondieron con mayor eficiencia fue la capacidad de contar con un equipo de personas encargadas de la planeación interna para focalizar sus esfuerzos. Ésta permitió a las corporaciones apropiarse del problema—la contingencia sanitaria y sus consecuencias—, entenderlo con mayor rapidez y definir, con base en sus propios recursos y capacidades, cómo responder. Además, les permitió ser proactivas y desarrollar a nivel interno protocolos y capacitaciones para que el personal se preparara mejor y, a nivel externo, entablar relaciones de coordinación nuevas o más fuertes con otros actores de gobierno o de seguridad. En contraste, otras policías que no se apropiaron del problema entendían la pandemia como responsabilidad de otros actores, como la dirección o secretaría de salud, por ejemplo. Éstas generalmente basaron su respuesta únicamente en la ejecución de actividades propuestas por el gobierno municipal u otras dependencias y por lo tanto se encontraron menos preparadas para hacer frente a las consecuencias en la dinámica social que provocó la contingencia.
No obstante, las policías no han parado. Esta pandemia implica retos a los que tienen que hacer frente y encontrar soluciones rápidas: con menos personal han tenido que atender emergencias, pero también sumar actividades con el fin de mitigar los contagios en sus municipios y estados. Con incertidumbre, desconocimiento e incluso incredulidad —y con mucho mayor estrés y preocupación— las y los policías en el país tienen que ejercer en ocasiones una labor incluso pedagógica con la población respecto del virus y las medidas de protección necesarias.
Esta contingencia trajo más trabajo para las policías, cambió las actividades a las que estaban acostumbrados e incluso la forma de llevarlas a cabo, pero también en algunos casos ha sido el medio para apoyar a los sectores más vulnerables e identificar lugares o población en mayor riesgo.
La experiencia que han tenido las policías en los últimos meses evidencia en algunos casos deficiencias y en otros fortalezas, como que no cuenten con protocolos claros, con la capacitación necesaria para atender emergencias específicas ante un incremento en las denuncias o, por el contrario, que sean capaces de focalizar atenciones mientras atienden situaciones imprevistas mediante una constante planeación y reformulación de estrategias. En suma, éste es un ejemplo de que si las policías, como organizaciones, tienen la capacidad de adaptarse ante situaciones imprevistas, se llevarán aprendizajes que les permitan ser más eficaces y resilientes.
* Alonso Guitérrez Olivares (@IPA_LAC) estudió Sociología en la UNAM y es asociado de investigación en Innovations for Poverty Action México. Rodrigo Canales (@canalesro) es profesor asociado en la School of Management de Yale. Se especializa en teoría organizacional y teoría institucional. Actualmente, realiza investigaciones sobre organizaciones policiales en México y políticas de desarrollo. También ha trabajado temas de finanzas y microfinanzas, así como la guerra contra las drogas.
Este artículo forma parte de una serie derivada del estudio “La función policial ante el COVID-19”, para el cual se entrevistó a 112 corporaciones policiales mexicanas entre el 20 de abril y el 5 de junio de 2020.
COVID 19 y las policías en México
1 El 10% de los entrevistados mencionó no conocer el dato o que ellos no se encargaban de las llamadas de emergencia. En casos de policías municipales, las recibe el estado y después se las hacen llegar. Asimismo, por lo menos en una policía estatal mencionaron que esa información la lleva el C5 y ellos no la tenían a la mano.
2 El aumento en llamadas sobre violencia intrafamiliar reportado por las policías es similar a la tendencia presentada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).