El que la hace la gana

blogeditor · 12 de julio de 2016

El que la hace la gana

Ataca a la razón eso de que la corrupción está mal y a la vez está por todos lados. La contradicción está a la vista todo el tiempo aquí y allá. Habría que revisar mucho más a fondo quién dijo, cuándo y por qué eso de que la corrupción está mal y qué tiene que ver eso en la realidad, no en el discurso, con la historia de México. Pero aquí prefiero no entrar en discusiones sobre lo que es la corrupción. Mejor voy a hablar de la trampa. Creo que por ahí será más fácil explicar mi punto.

Definición general: hacer trampa es burlar una regla, la que sea y sin importar quién la emita. Creo que en México hay un sólido aprendizaje histórico que coloca a la trampa en línea de acceso a beneficios; el que la hace la gana. Creo que traemos una manera de entender esto que no tiene nada que ver con la etiqueta según la cual las leyes están bien y violar las leyes está mal. El sistema de valores mayormente aceptado va por otro lado y la apropiación del valor de la ley es marginal. Por mucho entre nosotros la mejor trampa es la mayor hazaña. El que pudo engañar a más, el que pudo ganar más, el que mejor se pasó de listo parece ser quien al final del día duerme más tranquilo.

¿Exagero? Tal vez, pero revise esto: ¿cuántas veces ha visto a un grupo censurar abiertamente a un tramposo? No creo que sean muchas, pero el asunto es más claro cuando hay vínculos afectivos: ¿cuántas veces usted ha censurado al amigo o al pariente tramposo? ¿Cuántas veces ha dicho no cuando el otro dice sí a la trampa? En otro ángulo, ¿cuántas veces ha visto o ha sido parte del silencio ante la trampa? En este sistema de valores el mejor amigo es el mejor cómplice. El que censura traiciona la relación. No hay amigo que denuncie al amigo. ¿O sí? ¿Me equivoco? De hecho, hay evidencia empírica que enseña cómo los vínculos familiares funcionan para justificar desobedecer la ley.

La representación de la trampa como un recurso útil y generalmente aceptado va de lo micro hasta lo macro. El que sabe burlar una fila de espera es el que mejor sabe. No se diga el que hace los mejores y más redituables fraudes públicos o privados. El que la hace la gana. Acaso la desconfianza creciente entre las personas tiene este trasfondo. Más de setenta por ciento de las personas encuestadas afirma que no se puede confiar en la mayoría de las personas. Cómo va a ser de otra manera si en cada transacción, desde la más pequeña hasta la más grande, la expectativa es ir a la guerra. Me jodes o te jodo. Si ganas pierdo. Si pierdo ganas.

Nuestra simulación es tan burda y grotesca que creamos leyes justo para crear otras que violan a las primeras. Vaya potencia simbólica el ejemplo del tope salarial a efecto de que el Presidente de la República sea quien más percibe ingresos, justo para luego mirar cómo fluyen los cheques para quienes en el poder público ganan mucho más que él. Las leyes son el espejo de lo que decimos ser y jamás seremos. Si esto es así, entonces la narrativa del ganador está en la trampa, no en la ley. Y la ley termina siendo algo así como un cuento de hadas; nomás le funciona a los que le creen.

Creo que la prueba de ácido de mi argumento es muy sencilla. La próxima vez que alguien entre amigos confiese una trampa que le hizo ganar más, vea de qué tamaño es la censura. Tal vez sea tan fuerte como la que aplicamos al que lleva un láser al estadio de fútbol y lo dirige a los ojos del portero del equipo contrario. Trampa en horario triple A. Masiva oportunidad para la censura que nunca llega. Nadie quiere ser el aguafiestas que critique la trampa.

Todo esto viene a cuento ante la celebración que algunos hacen en torno a las reformas anticorrupción. Reconozco sin reservas el trabajo de quienes las vienen impulsando desde una convicción honesta. El problema es que, si tengo razón, esas reformas tienen, al menos por ahora, un límite acaso infranqueable: la masiva apología de la trampa. Si esto fuera cierto entonces la pregunta no es cuántas leyes nos faltan sino cómo hacemos para reemplazar la apropiación de la trampa por la de la ley.

 

@ErnestoLPV