La insólita y fugaz legalización de las drogas en 1940

blogeditor · 2 de junio de 2021

La insólita y fugaz legalización de las drogas en 1940

La prohibición de las drogas no es precisamente una política importada del país vecino como erróneamente se ha conceptualizado a lo largo del tiempo. Si bien es cierto que la narrativa estadounidense ha permeado de manera significativa el enfoque punitivo que caracteriza nuestras políticas en materia de drogas, la criminalización de las personas usuarias sembró sus raíces durante la conformación del Estado-nación mismo, haciendo eco del triunfo de la revolución mexicana. Puedes encontrar más información al respecto aquí.

Actualmente, nuestra legislación en ese sentido no es muy diferente a la establecida a principios del siglo XX ya que, a excepción del tabaco y el alcohol, las sustancias psicoactivas continúan en ausencia de un marco regulatorio más allá de una prohibición general. No obstante, hubo un pequeño tramo en la historia de México donde se materializó una alternativa al discurso estigmatizante que imperaba en la época.

El 17 de febrero de 1940, Lázaro Cárdenas, entonces Presidente de la República, se posicionó públicamente en contra de la prohibición de las drogas y ordenó la expedición de un nuevo Reglamento Federal de Toxicomanías, marcando así un nuevo paradigma en la historia política y psicoactiva de nuestro país. Sonoro se dio a la tarea de poner a nuestro alcance un podcast que desempolva este importante acontecimiento, basándose en las memorias de la cabeza del poco conocido experimento: el Dr. Leopoldo Salazar Viniegra.

El Dr. Leopoldo Salazar Viniegra fue un psiquiatra, periodista, investigador y director en el hospital La Castañeda que jugó un papel fundamental en desmentir el largo catálogo de mitos en torno a la mariguana y otras drogas, mismo que aseguraba que éstas “fomentan el vicio y degeneran la raza”. El doctor dejó atrás la dicotomía que posiciona a la persona usuaria como criminal que necesita castigo y propuso en su lugar trasladarla a la categoría de persona enferma que necesita tratamiento. Claro que, al comprender hoy en día que la mayoría de las personas que usan drogas no generan dependencia o usos problemáticos, dicha afirmación llega a caer en lo anticuado. Sin embargo, fue sumamente revolucionaria en su momento y abrió la puerta para seguir impulsando el debate dejando atrás los prejuicios.

Esta versión del reglamento fue propuesta como una vacuna contra el tráfico ilegal, como una apuesta por procurar la salud pública en lugar de seguir reforzando la seguridad pública. Durante su vigencia, que lamentablemente fue menor a los cuatro meses, se establecieron dispensarios para brindar el suministro de drogas con el objetivo de reducir la dosis de forma paulatina y alejar a las personas usuarias de la violencia dentro del mercado ilegal. Según la información proporcionada por el podcast Toxicomanía: El Experimento Mexicano, el precio de una inyección de morfina en manos del Estado rondaba en los 80 centavos, mientras que en La Merced podía ser hasta de 50 pesos sin seguir ningún protocolo de calidad. En los días con mayor circulación de “pacientes” se llegaban a suministrar hasta 480 inyecciones de distintos opiáceos. El hecho de facilitar un precio accesible a las personas usuarias fue crucial para plantear un mercado regulado sin competencia que pudiera diluir las redes del crimen organizado.

El experimento no solo fue controversial a nivel nacional y repudiado por figuras imponentes del mercado ilegal como Lola “La Chata”, también la presión estadounidense, específicamente de Harry J. Anslinger (el “zar antidrogas”), fungió como pieza clave para frenar un proyecto emergente que prometía cambiar el rumbo de las políticas de drogas represivas en México de forma definitiva.

En un escenario nacional donde la estrategia de militarización en respuesta a la guerra contra las drogas ha cobrado miles de vidas, es difícil imaginar que, en algún punto, las cosas fueron muy distintas. Sin embargo, esto solo comprueba que las actuales políticas de drogas no son intocables ni inmutables, sino todo lo contrario.

No dejes de sintonizar este enriquecedor recorrido de ocho capítulos de la mano de las voces e increíbles actuaciones de Luis Gerardo Méndez, Aída López, Rainn Wilson, Alexis de Anda, Alex Fernández, Humberto Vélez y nuestra cofundadora Zara Snapp. ¡La insólita y fugaz legalización de las drogas en 1940 es una conversación que nos urge tener!

* Romina Vázquez estudió Derechos Humanos y Gestión de Paz en el Claustro de Sor Juana. Es coordinadora en el Instituto RIA e investiga sobre centros de reclusión, paz y política de drogas.