Jorge Hill · 26 de septiembre de 2014
“Illuminati se refiere a las diversas organizaciones que reclaman o presuntamente tienen vínculos con los Illuminati bávaros originales o sociedades secretas similares, y con frecuencia son acusados de conspirar para controlar los asuntos mundiales, planear eventos y ser agentes de siembra en diversos gobiernos y empresas, con el fin de establecer un Nuevo Orden Mundial y/o buscar el aumento de su poder político. “
De chavillo me encantaba todo lo que tuviera que ver con fenómenos paranomales y supuestamente no explicados por la ciencia – o eso decían y siguen diciendo los libros que promueven esos temas- : Fantasmas, demonios, posesiones, extraterrestres, espíritus elementales, ritos mágicos, ovnis, telekinesis, pirokinesis, telepatía, Nessie, Big Foot, sirenas, saltos en el tiempo, encuentros cercanos de los cinco tipos, combustión humana espontánea y demás quesque “misterios” de programucho dominguero, de esos que sólo te cuentan la mitad de la historia y que tan populares son en el mundo entero y sobre todo aquí, en Banana Republic y otros lugares del tercer tipo… mundo, eso.
Nos encanta pendejear nomás
El encanto siguió en la adolescencia y juventud temprana, cuando afortunadamente, mi mente llena de preguntas no se quiso quedar en lo fácil, en los saltos de fe y en lo que decían un par de libros con una clara línea editorial y un target muy específico de ventas. El pensamiento crítico y el amor a las ciencias fue llegando poco a poco, uno a uno fueron cayendo todos los mitos en esos libros y en las palabras de la gente. Una cosa llevó a la otra y el “No, neta, le pasó a un amigo… de un amigo” o el “Esta es la rigurosa investigación científica de un reconocido Ufólogo” empezaron a causarme estrepitosas carcajadas.
Satanic Space Compayito
(Sería un gran nombre para una banda doom-stoner)
La mayoría de la gente aún necesita del pensamiento mágico para poder vivir la vida, sigue buscando significados y motivaciones ocultas detrás de la cara más simple de la moneda y hará todo lo posible para darle más vueltas a esos pensamientos circulares y así quedarse con la idea de que existen polvitos y energías y cositas mágicas que le están dando coherencia, intención y meta a este complejo cúmulo de partículas que es el universo, que somos el universo. Algunos describen esto como la “adolescencia de la humanidad”: si la humanidad avanza y evoluciona gracias al legado que han dejado los humanos anteriores, podemos entender a toda la humanidad como un organismo-mente que avanza de una manera errática, ensayo y error, algunas ideas tiran para un lado y las otras para el contrario, yendo y regresando, echando a perder y aprendiendo, tal como lo hace un humano con sus aprendizajes diarios durante toda la vida, pero especialmente en la edad temprana. Concuerdo completamente. Somos un adolescente pendejón que no sabe ni para qué ni para dónde, que todavía cree tonterías pero coquetea con los métodos y la razón, que rompe en caprichos beligerantes cada que se le hace el más mínimo comentario sobre sus creencias y conductas; vivimos una adolescencia, y como todas, es inmamable.
Hoy intento divertirme (no por gusto, sino porque no queda de otra ante el patetismo) con que existan adultos del primer y tercer mundo, de todas los orígenes y educaciones posibles, que apoyan ideas como las de los reptilianos o los mentados Illuminati que tan de moda están. Pero, desgraciadamente, no todo es risas y diversión.
Hay miles de perfiles por los que se le puede llegar al fenómeno Illuminati, pero las siguientes preguntas son las que se me aparecen personalmente como más reveladoras y más interesantes: ¿por qué justo ahora se habla de illuminatis y no de otra cosa? ¿por qué antes no se hablaba de ellos? ¿por qué están “de moda”?
No deben estar haciendo bien su chamba, porque no conozco a la mitad
Si bien los Illuminati no llegaron a desplazar otros mitos como los de los reptilianos o los extraterrestres Grey, abductores que han jugado con la fertilidad y violado a 1 de 10 gringos metiéndoles sondas por el ano desde los 60s, sí han logrado un lugar predominante en la “cultura” (¿anticultura?) de la conspiranoia mundial.
DAT ASS!
Los Illuminati son un mito que revela cosas más interesantes de la humanidad que sólo una idiotez para ganar clicks en páginas de “misterios misteriosos del mundo mundial” o practicar diagnóstico diferencial de delirios paranoides, esquizofrenia paranoide y algunos trastornos de la personalidad que se podrían prestar: es un hecho que muchas de las personas que creen haber sido abducidas o que creen en Illuminati no están “locas”. Esto es, claro, cuando entiendes “loco” como alguien que alucina, que tiene una conducta completamente errática, probablemente agresiva y que debe ser excluído, aventado al cubículo acolchado de la “sinrazón” para dejarnos a los “sanos” aquí afuera, los “con razón” libres y librados. Otra cosa más que ojalá fuera así de simple: la mente humana, la ignorancia general sobre ella y los prejuicios que genera en la cultura masiva.
La creencia y la fama de los Illuminati más bien parece revelar algunas de las confusiones y angustias actuales del mundo en el que vivimos, un mundo globalizado y en contacto con otras culturas de maneras que hasta hace unos quince años eran imposibles. Parece que algo le ha quedado claro a casi todos en los últimos años, uno de estos hechos que incluso nuestros anti-chairos mexicanos no podrían negar: hay algo muy jodido y roto en el mundo sobre la manera en la que se acomoda, amasa y centraliza el poder, las políticas y el dinero.
D:
De la misma manera que el izquierdero radical impulsivo se lanza cómoda e inocentemente (como El Borras) a culpar a EPN, Slim y a Televisa de todos y cada uno de los males de México, también el conspiranóico del mundo globalizado ha creado un grupo fantástico para ponerle cara a las desgracias, abusos, impedimentos e indignaciones del globo terráqueo. Ponerle cara a algo significa, en teoría, poder darle un puñetazo, tener un enemigo claro contra el cual pelear, al cual odiar, al cual señalar: un culpable de la gran maraña.
Ah, qué bonito sería este mundo, qué fácil sería la vida de todos si existieran los Illuminati, si hubiera un grupo al que se puede desenmascarar, desmantelar, al que se puede encarcelar, la silla eléctrica, la inyección letal, la pinche cicuta y a la chingada, todos felices.
A ella ni me la embarren…
Llegamos rápido a las funciones Illuminati, que tiene como toda creación de este tipo un fondo paranoide que la psicología llamaría “normal” (un “rasgo”) en el que nunca se puede generar una evidencia de lo que se afirma y que el llamado a hacerlo sólo va a generar más paranoia, deliros y pensamiento circular: esdeque todos los que están abajo de los Illuminati o alrededor de ellos son illuminatis o están controlados por ellos, obvi wey. Esdeque las personas que se ríen de la idea de los Illuminati o dicen que es mentira, son Illuminatis o están directa o indirectamente lavados del coco por sus complejas estrategias omnipresentes ¡pues son nada más y nada menos que los dueños del mundo, idiotita! ¡obvi! En fin, rápidamente aprendemos (o no) que como en todo delirio socialmente aceptado, uno pierde el tiempo completamente tratando de razonar con este tipo de personas: lo mismo da intentar mostrar los millones de evidencias de la evolución a un cristiano creacionista, intentar mostrarle una izquierda moderna al PRD o hacerle entender al machín mirrey de la reunión, aletargado por el fuego primitivo que despierta a su muy cercano simio, que sólo va a chingar los cortes si los sigue moviendo, apretando y volteando en la parrilla.
Pero existe una función que me interesa aún más, que es la de pensar menos. Cuando somos presentados con problemas tan grandes, complejos y desgarradores como la realidad de la pobreza en el mundo y la perturbadora concentración de la riqueza mundial en unos pocos, se vuelve fácil pensar que debe haber algún tipo de control, algún esquema, un gran plan y un gran diseño, de la misma manera que el religioso intenta explicarse el universo y el mexicano intenta explicarse su infortunio encontrando la gran verdad en un copete en el canal 2. La conspiranoia puede ser síntoma de patología mental grave en algunos casos, pero en muchos otros, cuando hablamos de mitos inmensos como este, lo que demuestran es una tremenda hueva de pensar, porque pensar normalmente lleva a actuar, porque pensar normalmente lleva a pensar otras cosas más profundas, más enterradas, cada vez más dolorosas y, sobre todo, cada vez más cercanas a nosotros mismos.
Pensar en Illuminatis es no pensar en lo que hacemos nosotros en nuestra vida cotidiana para alimentar a la gran maquinaria de relaciones de poder que somos como humanidad, país y comunidad, en nuestro lugar tanto como productores como consumidores, en las consecuencias de nuestros lujos, glamoures, obsesiones y caprichos. Pensar en Illuminatis es no pensar en los juegos mucho más complicados de poder que no siempre tienen cara ni nombre, que son, en sí, relaciones, no cosas, no personas ni grupos. Es alejarse de la posibilidad de que en esas relaciones de poder se encuentre uno mismo, sabiendo de todas maneras que se va a encontrar tarde o temprano.
Pensar en Illuminatis y en cualquier otra conspiranoia que nos exima por un fantástico momento de nuestras realidades, responsabilidades, culpas, ausencias y atajos mentales no sólo es ignorante e inocente, es cobarde y aleja a las personas de un pensamiento más realista, informado, educado y complejo sobre la realidad de nuestros problemas económicos, políticos y de poder global. Esto es, finalmente, que la conspiranoia, como otras tantas redes de pensamiento masivas, tiene una función. No es “cosita de nada”, no se puede aventar por ahí como sólo un mito idiota de gente medio loca, no, ese mito y tantos otros son estorbos auténticos de la cultura y son, desgraciadamente, el símbolo de tantas cosas que hacemos día a día: quejarse más sobre lo inexistente mientras cómodamente pensamos menos -o ya no pensamos- en lo que nos confronta, ahí donde tal vez se pueda encontrar no una solución, pero tal vez una semilla de la misma.
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