blogeditor · 5 de noviembre de 2021
No es un secreto que en los últimos años la industria del vino en México ha cobrado especial relevancia, tanto para los sectores productores y empresariales como para los consumidores.
Datos no faltan. Por mencionar algunos:
El suelo mexicano ha demostrado tener muchas bondades para la plantación de la vid, lo que, combinado con la tecnología, el talento, creatividad y la pasión de muchos enólogos y enólogas ha derivado en que crezca la oferta y la calidad del vino que se produce en nuestro país. El consumidor cuenta con un amplio abanico de posibilidades pudiendo elegir por precio, tipo de vino, variedad de uva, región, etc.
Por su parte, el enoturismo ha resultado un gran recurso para acercar al consumidor a la categoría ofreciéndole visitas al corazón de las bodegas y los viñedos. Es cada vez más común encontrar hoteles dentro de los viñedos para hacer eventos sociales o bien pasar un fin de semana disfrutando y conociendo más sobre la elaboración del vino y las propuestas enológicas de las bodegas. Estas experiencias han sido muy bien recibidas y son cada vez más buscadas.
Puras alegrías nos está trayendo el vino, pensaríamos… pero rápido se pueden convertir en tristezas si dejamos que “el éxito se nos vaya de las manos”, algo que podría ocurrir pronto en el Valle de Guadalupe.
Desde hace muchos años esta zona privilegiada ha atraído a turistas nacionales y extranjeros para realizar pequeñas rutas enogastronómicas bajo un concepto muy cuidado de respetar la vocación agroindustrial y enoturística del Valle. Pero algunos sectores empresariales ajenos al gremio, seducidos por el potencial del negocio, están en el proceso de abrir grandes cadenas de hoteles y foros para conciertos masivos en la zona, sumado a los antros y bares que ya están operando. Esto tiene sumamente preocupados a los productores, restauranteros locales y al gremio en general, por la importante afectación ecológica que esto puede conllevar (considerando los serios problemas de abastecimiento de agua que desde hace años sufre el Valle), por no hablar de los efectos colaterales de inseguridad y por supuesto que se pierda la esencia del Valle y se distorsione la propia cultura del vino.
Hace apenas unas semanas se anunció el primer concierto masivo en la zona, que se llevó por delante 25 hectáreas de vegetación removidas para beneficio del evento (sin estudios de impacto ambiental ni permisos gubernamentales…). Calificado por muchos como ecocidio, este hecho motivó la acción conjunta de viticultores, bodegas, chefs, enólogos, sommeliers y pobladores locales para detener estas acciones. Bajo el lema #PorUnValleDeVerdad y con una intensa actividad en diferentes medios de comunicación y redes sociales lograron evitar que el concierto tuviera lugar y con él males mayores… pero sobre todo lograron que se empiece a hablar del tema y que se enciendan las alertas.
El poder de las redes se hizo presente una vez más, en simbiosis con una cada vez mayor relevancia del consumo consciente (la tendencia de la que tanto se habla) para frenar, al menos por el momento, lo que podría ser una gran amenaza para una industria joven y próspera, con un gran camino por delante.
A veces demonizamos el poder de las redes, su efecto perverso de cámara de eco… a veces minimizamos las tendencias, tachándolas de meras modas discursivas… Brindemos hoy por ambas, y por esta industria que, si la dejamos ser, aún tiene muchas alegrías que darnos. ¡Salud!
* Adalid Peralta ha sido estratega en LEXIA Insights & Solution durante 10 años. Cuenta con una certificación como Sommelier por parte de la Asociación de Sommeliers Mexicanos.