La indignación se cansa, pero ¿y los niños?

blogeditor · 30 de marzo de 2017

La indignación se cansa, pero ¿y los niños?

Por: Claudia Angel (@SoyClaudiaAngel)

El momento por el que atravesamos en México no deja espacio al aburrimiento para los que gustamos de observar los grandes fenómenos sociales y su impacto en la vida cotidiana. A una velocidad increíble pasamos de una indignación a otra con temas tan diversos como la casa blanca, el aumento al precio de la gasolina, el pase de lista 1 al 43, gobernadores prófugos, fosas de miles de cadáveres, tratamientos apócrifos contra el cáncer y la denuncia del piropo callejero.

Hoy nos indigna, y mucho, el amparo otorgado a uno de “Los Porkys” porque el juez Anuar González Hemadi considera que “no tenía intención lasciva ni de cópula” tocar los senos, meter las manos debajo de la falda o los dedos dentro de la vagina de Daphne Fernández, adolescente de 17 años que, después de ser forzada a subir a un coche por 4 jóvenes, fue violada.

La lista de motivos de indignación es interminable y todo sucede aderezado por jocosos comentarios como que “la crisis está en nuestra mente”. De la indignación pasamos al hartazgo, a la burla. Y la pregunta es ¿hasta cuándo? ¿Qué tiene que pasar en México para que las cosas cambien? ¿Cuándo tocamos fondo? Es claro que, ante tanto, la indignación se cansa, se distrae, se evade.

Entonces volteamos hacia adentro, al individualismo donde sólo yo y los míos importan. Hacia la falta de cohesión y organización social, la inexistencia del bien común y el desmoronamiento de la sociedad. Donde se acentúan las diferencias, en un nivel de tolerancia cero, en el que reaccionamos con agresividad y violencia a la menor provocación.

Basta con leer los comentarios lanzados en redes sociales al #juezporky, que no solo agreden a su persona, lastiman con los deseos más violentos e inhumanos a su esposa, madre, hermanas e hijas, mujeres y niñas que no tienen culpa ni merecen ser violentadas de esa manera por su simple condición de ser mujeres, esposa o hijas. El repudio al machismo y la violencia contra las mujeres, deseando que la misma se perpetre contra otras mujeres. Incongruencia y deshumanización absoluta.

No, la crisis no está sólo en nuestras mentes y va más allá de nuestros bolsillos. Pero ¿qué podemos hacer para frenar este deterioro?

“Ninguna violencia contra los niños está justificada y toda violencia puede ser prevenida. Todos los países pueden y deben poner fin a la violencia contra los niños. Eso no significa limitarse a castigar a los agresores, sino que es necesario transformar la mentalidad de la sociedad y las condiciones económicas y sociales subyacentes ligadas a la violencia”

Paulo Sérgio Pinheiro, Líder del estudio Violencia contra los Niños, ONU.

De acuerdo a cifras del INEGI, en 2015 en México habitaban 39.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años, es decir, uno de cada tres residentes en nuestro país. De ellos, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los niños víctimas inocentes de agresión, la UNICEF reveló que entre 55 y 62 % de los niños en México sufren de maltrato en algún momento en su vida, 7 de cada 10 jóvenes viven o han vivido violencia en el noviazgo, 10 % de los estudiantes de secundaria han padecido algún tipo de agresión física en la escuela, 5.5 % han sufrido violencia de índole sexual y casi 17 % violencia emocional. ¿Qué gobernantes, hombres de negocios, padres de familia, trabajadores, etc. esperamos que surjan de estas cifras? ¿Estamos haciendo algo por mejorar el futuro de nuestra sociedad? Sin duda podemos hacer más.

Lo sucedido esta semana con el caso de Daphne es atroz por muchas razones, pero, sobre todo, porque atenta contra lo más valioso de nuestra sociedad y confirma que la violencia contra la infancia, igual que sucede con la violencia sexual contra la mujer, coexiste con la cultura de la impunidad. Son violencias toleradas y normalizadas.

“Sí, he tomado; sí, he salido de fiesta; sí, he usado faldas cortas como la gran mayoría, por no decir que todas las niñas [muchas mujeres] de mi edad. ¿Por eso me van a juzgar? ¿Por eso me lo merecía? ¿Por eso pasó lo que pasó? Por andar de noche con mis amigas”.

Daphne Fernández (Boca del Río, Veracruz, 2015).

Como se vio en el caso de @Plaqueta, las formas de abuso sexual más comunes, como puede ser un piropo callejero, son perdonadas, reducidas a actos sin importancia o incluso vistas como bromas, y eso, hay que aceptarlo, contribuye a consolidar y perpetuar la violencia sexual hasta sus manifestaciones más severas, como es la violación.

Y todo sucede en un ambiente de impunidad rampante. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015, el 91 % de los delitos sexuales en México no se denuncian, 32 % de los ciudadanos cree que denunciar un delito es una pérdida de tiempo y 17 % desconfía de las autoridades. Y aunque la mujer decidiera buscar ayuda en instituciones públicas, la probabilidad de que las personas agresoras reciban efectivamente una sanción es muy reducida. Las estadísticas del INEGI señalan que en 2014 había sólo 7 mil 510 reclusos purgando una sentencia por algún delito sexual, de más de 87 mil averiguaciones previas levantadas ante el Ministerio Público. Como ya está claro, esta probabilidad es mucho más reducida todavía para aquellos agresores que gozan de ciertos privilegios sociales o económicos en comparación con las víctimas. En mala hora se suma un amparo que, de ratificarse, establece precedente contra miles de “roces o frotamientos incidentales” a futuro.

Sí, en esa indefensión se encuentran nuestros niños para denunciar algún abuso sea físico, sexual, emocional o de cualquier tipo. Sí, Daphne todavía era una niña, una niña que quedará marcada, que pronto será económicamente activa, que forma parte de nuestra sociedad, que quizá algún día sea madre y responsable de formar a un mexicano más.

Mucho se ha dicho sobre que el futuro de la humanidad está en manos de los niños, pero la realidad es que el futuro se construye hoy y con esta reflexión los invito a que nos ocupemos de lo que todavía tiene remedio: nuestros niños. Su cuidado y formación no dependen de una reforma o nuevo modelo educativo, dependen de la calidad moral y social de cada uno de nosotros, que siendo padres o no, impactamos en su formación.

La niñez, como el presente y el futuro de México, es responsabilidad de todos. Y no se vale cansarse.

 

@LexiaGlobal