La indiferencia y las ventanas rotas

Simón Levy · 14 de mayo de 2012

La indiferencia y las ventanas rotas

 

A Carla Faesler.

 

“Aquí los tenéis, tomadlos.

El terreno era difícil

Y el mal tiempo se ensañaba con nosotros”.

Ismaíl Kadaré

Mucho de lo que nos lleva a tomar una decisión no está en los beneficios relativos de lo que pretendemos conseguir, sino en minimizar los costos absolutos de lo que estamos dispuestos a renunciar. Lo entendí cuando el humo de la taza de café medía los segundos de una mañana con tonos apagados de ilusión mientras alguien -a quien mucho admiro- trajo a la conversación las ideas de Philip Zimbardo y a Frédéric Bastiat.

En 1969 Zimbardo, profesor emérito de la Universidad Stanford, realizó el famoso experimento donde dejó en dos diferentes lugares, dos automóviles idénticos: la misma marca, modelo y hasta color, abandonados en la calle. Uno lo dejó en el Bronx -en aquel entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York- mientras que el otro lo abandonó en Palo Alto, una zona próspera de California. Con dos coches idénticos abandonados en dos barrios con poblaciones muy diferentes, un equipo de especialistas en psicología social se dedicó a analizar las reacciones de lo que sucedería.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser desmantelado en pocas horas. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no, lo destruyeron. Mientras ello ocurría, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto hasta una semana después cuando los investigadores le rompieron un vidrio. Ello desató el mismo proceso que en el Bronx: el robo seguido de violencia y el vandalismo reduciendo el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

Por otro lado, Bastiat, un economista liberal, afirmó en 1850 que “La desdicha y los desastres individuales sirven para el beneficio colectivo porque los accidentes hacen funcionar la industria”, conclusión a la que llega con la parábola de un niño que rompe el cristal de un comercio. Al principio todo el mundo simpatiza con el dueño del establecimiento que es víctima del acto infantil, pero pronto empiezan a meditar que en realidad, el cristal roto beneficiará a un cristalero, que a su vez con el ingreso que recibirá comprará pan, favoreciendo así al panadero, quien al tiempo comprará zapatos, apoyando al zapatero, por lo que al final la desgracia de un individuo creará beneficios colectivos.

La falacia de este razonamiento según Bastiat consiste en que, en efecto, se considera el beneficio colectivo del cristal roto, pero se ignora el costo relativo que se paga para llegar a él.

Estas parábolas me hacen pensar en la forma en que se están moviendo los escenarios en el México actual: La dignidad social se está quebrantando y los beneficios colectivos de la apatía por lo social están potenciando cada vez más, los costos relativos de la  descomposición colectiva.

Ante ello, me pregunto ¿a cuánto asciende el valor de los beneficios relativos de la indiferencia frente a los costos absolutos que se pagan por renunciar a la responsabilidad que tenemos como ciudadanos? ¿Será que mientras los grupos más vulnerables -en aras de subsistir económicamente- y las clases pudientes buscan integrarse al nicho exclusivo de la sociedad, grupos y pequeños sectores con poder de dominación estén destruyendo silenciosamente y desvalijando los esquemas de organización que tenemos como sociedad?

Parece que como sociedad civil le apostamos a los desplegados sociales que son objetos de hazmerreir privados. Nada que nos quite demasiado tiempo. Shows, editoriales, esfuerzos banales que tienen menos fuerza que el poder de los intereses de obscuras minorías que se mofan de los atrevimientos tibios y moribundos de las que suponen ser las iluminadas mayorías cualitativas y cuantitativas.

La línea de lo permisible de reclamo y actuación como sociedad está en el espacio que no trastoca nuestros intereses y privilegios individuales. ¿Será que la pertenencia colectiva nos está obligando a renunciar a nuestra individualidad, permitiendo que nuestros corazones sean ultrajados del patrimonio de una esperanza y un optimismo real burlado por la ironía de unos cuantos?

¿Cómo pedir gobiernos que trasciendan, que sean más honestos y evolucionados, si al ser indiferentes, vamos de a poco, renunciando como individuos a esos valores y atributos por el privilegio cada vez más coartado de la subsistencia?

Debe molestarnos profundamente la mediocridad, rechazándola y no tolerándola. Eso nos permitirá crear efectos multiplicadores constructivos. Para dejar de tener gobiernos mediocres, debemos primero dejar de tolerar ser una sociedad del ingenio de las improvisaciones y edificar una que ejerce sus derechos individuales, cuando contribuye con las responsabilidades colectivas.

Para que no se regateen los derechos, éstos deben ejercerse. Cada centímetro de un derecho no ejercido, concede el paso a una arbitrariedad que se expande.

Los jóvenes y estudiantes, debemos pasar de la verbena del desacato, del desaire y de la crítica a la responsabilidad de la organización, de la toma de decisiones para una realidad co-creada y no impuesta por el poder público.

Las sociedades maduran cuando se trasladan de una dinámica vertical y de imposiciones a la toma de decisiones horizontal por tener responsabilidades compartidas. Efectivamente, los vidrios de nuestra sociedad parecen estar rotos porque vemos cada vez más como una ilusión el poder y la fuerza colectiva que tenemos. Y lo que nos jugamos el primero de julio, no es sólo un gobierno en turno, sino el destino y rumbo que como ciudadanos estamos construyendo.

Es momento de entender a conciencia, que podremos alcanzar un grado de elevación y de superación no sólo a través del crecimiento económico, sino por medio de la estructuración y defensa del poder ciudadano. Mientras el poder civil se organiza y se institucionaliza más, el poder público se transforma y las sociedades evolucionan en todos los ámbitos.

La World Association of Non-Governmental Organizations (WANGO), reporta que mientras hay 22,859 Organizaciones No Gubernamentales en Norteamérica, México y Centroamérica  tienen sólo 311. Sólo el Norte de Europa (4,611 organizaciones no gubernamentales)  tiene 10 veces mayor organización social que todo México y Centro América.

Por ello, se transita del subdesarrollo a la emergencia económica cuando se abandona la relación clientelar con el Estado y se posiciona una relación creativa de coparticipación en las responsabilidades públicas. Para que ello suceda, debemos implementar un sistema eficaz de responsabilidades y consecuencias para quien rompa o pretenda quebrar los vidrios de nuestra integridad como sociedad.

La democracia debe dejar de ser un simulacro temporal de la voluntad colectiva para transformarse en un ejercicio permanente de creación compartida. La única forma de poner límites a la seducción de un pasado autoritario está en la organización ciudadana dispuesta a asumir su rol. Jamás habrá gobierno responsable y sin excesos, sin una sociedad organizada que le oriente asumir dicho papel.

No es que tengamos un gobierno corrupto, sucede que tenemos una sociedad que tolera lo corruptible. Sí, sectores y entes privados que cuando la corrupción les beneficia, callan, pero cuando les perjudica, la exaltan y critican. Pareciera que no se rechaza a la corrupción, sino lo que no se tolera es no ser parte de sus beneficios. (México ocupa el décimo lugar 12 países de América Latina en corrupción percibida según el World Justice Project Rule of Law).

México no tiene un problema de generación de riqueza, sucede que ha habido un secuestro y un apoderamiento de los recursos públicos con poca inteligencia. (Según el Instituto Mexicano de la Competitividad  @IMCOMX- en 2010, el ingreso del 20% más rico de la población fue equivalente a 16 veces el ingreso del 20% de la población más pobre).

Como sociedad debemos despejar las variables de lo deseable para encontrar las constantes de lo posible.

No hemos parado en denostar a las figuras públicas y a los políticos. Sería muy interesante hacer un ejercicio de reflexión para entender qué estamos haciendo y dejando de hacer como sociedad para tener la oferta de liderazgos que hoy se nos está presentando.

No basta ya con ejercer la libertad de expresión para evidenciar que es una conquista adquirida; la única forma de refrendarla, es transitar a la capacidad de organizarla en la inteligencia de la asociación y en hacer exigible una sociedad de más educados y menos proletarios ineficaces de la educación. (Según el @IMCOMX el 97% del gasto público en educación se destina a salario de Maestros y administrativos).

El Informe Global de Competitividad 2010-2011, señala que México ocupa el lugar 29 de 139 países en matriculación de educación primaria, 120 en la calidad de educación primaria y 128 en calidad de matemáticas y ciencias y el lugar 66 en educación en general.

No tener una preparación de calidad nos ha llevado a abstraernos en nuestra realidad individual, y nos ha impedido trascender en la realidad colectiva, haciendo que poco a poco, las ventanas de la sociedad se sigan resquebrajando y la tragedia de la pobreza sea vista como una oportunidad de lucro, como motor del mercado que no tiene espíritu humano.

Por ello, creo que para alcanzar la dignidad individual, debemos asumir como inversión y no como costo, el ejercicio de lo colectivo.

La organización social parece estar pulverizada en partes cada vez más pequeñas que reflejan las versiones de luchas mezquinas y de intereses privados impuestos sobre el bienestar individual, porque nuestros corazones y conciencias parecen estar desquiciados y perdidos.

Ya no creemos en el amor al prójimo, en el respeto al individuo como persona; el número y la estadística están asfixiando la dignidad. La ironía ha suplantado a la esperanza. Mientras nuestros corazones estén quebrados jamás podrá haber la posibilidad de tener un espejo nítido que nos refleje la visión como sociedad de un horizonte de largo plazo.

El mal uso del poder ha imperado porque hemos renunciado a la responsabilidad de controlarlo, al ser víctimas –psicológicamente hablando- nos abandonamos en la comodidad de ser maniquíes pasivos-detractores en lugar de seres activos-transformadores.

Para los intereses privados el pragmatismo es lo de hoy. No la ideología ni el bien común. Los poderes de facto, usan como recurso al travestismo político porque saben que su régimen de consecuencias es más fuerte y eficaz que el inexistente poder de los ciudadanos de aplicar consecuencias a sus gobernantes.

Como mexicanos no terminamos de entender ni de ponernos de acuerdo en aplicar nuestro poder de las consecuencias; en hacerlo real frente a los poderes ocultos de la sociedad.

Entonces, la democracia debe servir como un sistema que aplique no sólo las consecuencias en cada elección política, sino debemos acortar los procesos de verificación ciudadana y si el Estado aplica consecuencias a sus ciudadanos, éstos deben aplicar consecuencias también a sus líderes.

Pero ello, nos exige legitimarnos, no sólo gritando ni haciendo verbenas de exaltaciones e insultos. Nos exige dejar de ser meros usuarios de la libertad de expresión, para ser eficaces generadores de soluciones. El vacío de nuestra indiferencia se está apoderando del espacio ciudadano: el coche ya está desvalijado. Como sociedad tenemos cada vez menos tiempo. Nos está alcanzando el caos  y el destino de los automóviles del Bronx y de Palo Alto.

Evitemos ese destino. Es urgente percibir el enorme costo que estamos pagando por ser indiferentes antes de que el espacio del caos se expanda más allá de dos barrios, de dos automóviles o de un comerciante víctima de un vidrio roto.