La ideología católica no descalifica a la UP

blogeditor · 1 de septiembre de 2016

La ideología católica no descalifica a la UP

Respuesta al texto de Alberto Lujambio, Las universidades patito y el plagio de Quique, publicado en El Blog del Chairo.

 

Por: Juan Pablo Pastor Familiar (@jppfamiliar)

Soy orgulloso exalumno de la preparatoria de la Universidad Panamericana, de la que conservo invaluables recuerdos y que me dio oportunidad de ser presidente de la Sociedad de Alumnos. Al terminar mis estudios en ella, cursé dos semestres de la carrera de economía en la Universidad Panamericana, en la que contaba con beca de excelencia por mi desempeño académico en la preparatoria.

Nunca fui el alumno con el mejor promedio, pero sí destacaba en algunas materias, motivo por el que muchos compañeros me pedían (bastante seguido) ayuda, la cual nunca dudé en darles, así como nadie me negó apoyo en los momentos en que yo lo necesité. Jamás olvidaré esas interminables tardes de estudio con mis amigos, que siempre terminaban con dos controles de Play Station en la mano, recompensa bien merecida.

¿Alguna vez les cobré? No, ni pensarlo, porque la satisfacción no venía de un incentivo económico sino moral, y mejorar el nivel académico de nuestra generación, que por cierto alcanzó el primer lugar del Distrito Federal en habilidad matemática en el examen ENLACE, realizado por la SEP. Sobresalir como generación era el motivo por el que todos nos echábamos la mano, en el entendido que compartíamos no solo a los profesores, sino el objetivo común de llegar a la universidad siendo la mejor versión de nosotros mismos.

Si algo se me adoctrinó esos 3 años fue el valor del trabajo; aprendí a dar el mejor esfuerzo, poniendo empeño, dedicación y amor en las tareas realizadas, dando ese alto valor al trabajo porque se entiende que se realiza por un bien superior. En la tradición de la institución ese bien superior es Dios, aunque los alumnos podíamos concebir ese bien superior según nuestras propias creencias.

Para la institución yo siempre fui Juan Pablo, y con ese énfasis en lo humano que caracteriza a la UP, tanto los profesores como los directivos se interesaban en mi desarrollo, sabían quién era yo y dónde estaba parado, e igual eran con todos y cada uno de los más de 600 alumnos que caminábamos diariamente por esos pasillos. Ni clientes, ni feligreses, ni sólo alumnos: éramos proyectos de vida y la institución nos dotaba de las herramientas que consideraba necesarias para llevar a cabo esos proyectos.

Como toda institución, la Universidad Panamericana tiene una ideología, en este caso marcada por el catolicismo, pero ello no descalifica a su cuerpo docente para educar ni para discutir sobre temas políticos, lo que no significa que los profesores y directivos tengan el poder de imponer sus ideas a nadie. Prueba de ello somos los egresados, que vivimos distintos estilos de vida con el propósito de cumplir, cada quien a su manera, sus proyectos de vida personales.

Si bien la institución tiene una postura clara en su concepción de la familia tradicional, eso no significa que nos adoctrinen, y tanto derecho le corresponde a la Universidad Panamericana para argumentar y expresar sus ideas, como yo estoy en mi derecho de expresar mi aprobación al matrimonio igualitario y de promover la concepción de una nueva estructura familiar. La institución está obligada a tolerarme y yo estoy obligado a tolerarla, porque sin tolerancia no hay sociedad. Quien tenga la razón de su lado, ganará la argumentación y ese diálogo habrá sido un ejercicio democrático al que siempre debemos aspirar.

Hoy soy un estudiante de 5to semestre de economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Al salir de la preparatoria me desempeñé laboralmente por dos años y medio, primero en San Lázaro y posteriormente en la ALDF. Soy abiertamente homosexual, tengo una relación estable y estoy bastante satisfecho con mi vida. Diariamente practico los valores que se me inculcaron en la preparatoria, doy lo mejor de mí en todos los aspectos de mi vida, y lucho por desarrollar un proyecto de vida que me satisfaga.

No dudo que lo que narra Alberto Lujambio sea verdad, en lo absoluto, y me resulta terrible pensar que personas le hayan privado de la oportunidad de vivir plenamente esa etapa de su vida, pero es altamente probable que la institución en la que estuvo él o en la que estuvo Enrique Peña Nieto haya evolucionado, pues ninguna institución es estática. Ahí reside mi indignación: referirse a la Universidad Panamericana como una “escuela patito” es burdo y raya en lo amarillista y descalifica la capacidad académica de impartir conocimientos científicos por el hecho de participar en una creencia religiosa (válida y respetable). Se trata de argumentos que no tienen una relación lógica clara.

Por ello, pido atentamente a todos los lectores que no juzguen al alumnado ni al cuerpo institucional de la Universidad Panamericana sin primero intervenir en un diálogo, y pido también que no se estereotipe al “niño UP” (termino que han usado en diversas ocasiones para referírseme en mi nueva casa de estudios) como homofóbico, misógino y “mirrey”, pues si algo descubrí al salir del clóset, es que la comunidad de la que fui y sigo siendo parte solo dio lo mejor de sí, como es costumbre, recibiéndome a mí y a mi novio con gran amor y tolerancia.

 

* Juan Pablo Pastor Familiar es expresidente de la Preparatoria de la Universidad Panamericana y economista en formación en el ITAM. Su réplica es a título personal.