La herencia de la cárcel

blogeditor · 10 de junio de 2019

La herencia de la cárcel

El 64% (1) de las personas que viven en cárcel tienen hijas e hijos que en su mayoría son menores de edad. Ello implica que ejerzan la paternidad y maternidad desde la prisión.

Las niñas y los niños que tienen a su padre, madre o ambos en la cárcel se enfrentan a un panorama muy adverso y en muchas ocasiones cruel.

Algunos, los más pequeños, pueden pasar su primera infancia con su madre compartiendo celda. Después, quedan al cuidado del algún familiar o del DIF.

En cualquier caso, estas niñas y niños tienen solo dos opciones de futuro: la cárcel o la orfandad; y siempre el estigma y la marginación social.

Foto: Reinserta, El Anuario de los Niños Invisibles, 2015.

Las huellas emocionales, sociales y económicas que les hereda la cárcel son peores que las que enfrentan sus padres. De algún modo siguen existiendo- en ellas y ellos – las penas trascendentales.

Por eso, la reinserción social debe entenderse como un derecho no sólo de la persona que cometió un delito, sino también de los hijos e hijas que sufren las consecuencias directas del encarcelamiento.

Dada la extrema condición de vulnerabilidad de estos niños y niñas, el Estado debe protegerles de manera diferenciada y urgente como una política de prevención de la violencia y del delito pero sobre todo, de justicia.

Cambiar la perspectiva de futuro de estas niñas y niños es una apuesta a mediano plazo que requeriría de un modelo sostenido de intervención en el que se comprometan muchas instancias de gobierno. Se necesita partir de diagnósticos que permita identificar las necesidades de cada niño o niña y atender de manera prioritaria su salud física y emocional.

La articulación de las instancias de gobierno además deberá de comprender la prevención y atención de adicciones, becas para asegurar su educación, acciones de fomento a la cultura y el deporte, fortalecimiento de redes de apoyo y vinculación familiar, aportes económicos a tutores y seguimiento individualizados por parte de trabajadores sociales, entre otras acciones.

Un modelo así necesitaría contar con presupuesto suficiente y estar asegurado en la ley para que su implementación trascienda voluntades políticas. Interrumpir los círculos de violencia es una tarea que puede tardar años, generaciones incluso, pero la pacificación y reconciliación que tanto anhelamos implica que las víctimas no se conviertan en victimarios y trabajar para que los hijos de estas niñas y niños no tengan la cárcel como herencia.

@PaolaSaeb 

 

(1) Encuesta Nacional de Población Privada de su Libertad.