La revolución feminista que puede cambiar al país

blogeditor · 26 de febrero de 2020

La revolución feminista que puede cambiar al país

El 8 de marzo de 1875, cientos de mujeres trabajadoras de una fábrica de telas en la ciudad de Nueva York marcharon en protesta porque recibían un salario muy bajo con respecto al que recibían los hombres por hacer lo mismo. Dichas protestas resultaron en la muerte de al menos 120 mujeres debido a un enfrentamiento con la policía. Este hecho motivó que las trabajadoras fundaran el primer sindicato femenino.

Treinta años después, misma ciudad, mismo día, miles de mujeres salieron a marchar exigiendo derechos laborales, reducción de jornada, mejor salario y derecho al voto. Parece mentira que en muchos países incluido el nuestro, algunas de esas demandas siguen sin ser una realidad.

Hay un día Internacional de la Mujer (8 de marzo), un Día Naranja cada mes para prevenir la violencia contra mujeres y niñas (25 del mes), y también existe un Día Internacional de Erradicación de la Violencia Contra la Mujer (25 de noviembre). ¿Por qué existen tantas fechas en relación a las mujeres y sus derechos? Porque desafortunadamente son necesarias para visibilizar los profundos problemas que nos aquejan y que están aún sin resolver… no basta una.

Hace un par de semanas el colectivo veracruzano @lasbrujasdelmar lanzó la convocatoria para el paro de mujeres en México. Para dar contexto, cada año el #8M se convoca internacionalmente a hacer paro y a marchar, pero justo este año el 8 de marzo es domingo. La importancia de que no se deje de parar y se traslade al día siguiente es mucha, es la oportunidad para que la sociedad que normaliza las violencias contra nosotras haga conciencia de todo lo que las mujeres aportan, de nuestra relevancia, de nuestro valor.

Ahora, a diferencia de otros años, en este la convocatoria se viralizó, voló tan rápido a través de las redes sociales que en pocos días era un tema en muchas bocas y muchas mujeres que quizá antes ni siquiera se sentían cercanas al tema, al feminismo, al paro, o las protestas, unieron su voz con la de muchas otras para decir: ¡estamos hartas! Y decirlo fuerte, contundente.

 

Si paramos nosotras, para el mundo.

NI UNA MUJER EN LAS CALLES
NI UNA MUJER EN LOS TRABAJOS
NI UNA NIÑA EN LAS ESCUELAS
NI UNA JOVEN EN LAS UNIVERSIDADES
NI UNA MUJER COMPRANDO#UnDíaSinNosotras #ParoNacional pic.twitter.com/zcOquRAqvH

— Brujas del Mar (@brujasdelmar) February 18, 2020

¿Qué hay detrás de esa respuesta tan positiva a parar? ¿Qué es diferente este año a los anteriores? Una emoción: furia. El enojo mueve y lo que compone esa furia tiene muchas maneras de nombrarse: abuso, abandono, injusticia, impunidad, misoginia, decepción, frustración, muerte.

La furia de cientos de mujeres se ha ido nutriendo de cada feminicidio, de cada nueva desaparecida que no regresa a su hogar, y se recrudece con los feminicidios de niñas. Diez muertas diario, diez mujeres y niñas que además fueron asesinadas de una forma atroz, con total violencia, que fueron abusadas, torturadas y ya muertas no encontraron descanso pues sus cuerpos siguieron siendo abusados sexualmente, destazados, desmembrados, desgarrados, desollados.

Después a manera de segundo tiempo en muchos de los casos las autoridades y los medios compartieron sus imágenes y así siguieron siendo abusadas, revictimizadas, una y otra y otra vez, en un festival del horror porque nuevamente no importan ellas, no importa el feminicidio sino su potencial mediático.

Esta sensación de abuso de nuestro género se traslada a todos los ámbitos de nuestra vida, es algo que nos persigue y va desde la visión de los medios, las normas de belleza y los estándares estéticos que debemos alcanzar dictados por la industria de la moda, publicaciones, gurús, marcas, estrellas y ahora también por quienes a través de las redes sociales quieren establecer cómo debemos ser y lucir, hasta las expectativas que debemos alcanzar en el ámbito profesional para poder lograr lo que hombres lograrían con menos esfuerzo. Hay mucho que llenar, mucha exigencia sin recibir lo mismo a cambio. Y el abuso se traslada hasta el ámbito digital donde se nos ataca, discrimina, minimiza e insulta diariamente, donde nos mandan “de regreso a la cocina”, donde nos tratan peor que cosas u objetos, donde se comparten fotografías íntimas de nosotras, donde hay cuentas que cobran por mandar packs (fotos de mujeres desnudas que proporcionaron sus parejas o exparejas), donde pedófilos hacen su “fiesta” en las profundidades no normadas de la web, donde la violencia machista nos viola en un tuit o un comentario. Burlas, insultos, amenazas a diario. Luego viene el ámbito doméstico, ese lugar donde deberíamos poder sentirnos seguras, donde deberíamos poder estar a salvo, es el lugar donde más violencia se ejerce a niñas y mujeres, donde más riesgo hay y donde los feminicidas comparten cama y techo con sus futuras víctimas.

 

No llamen monstruo al varón que desolló a Ingrid.
No es un monstruo, es un hombre promedio.
Llamarle monstruo es mitificar la violencia machista que padecemos las mujeres en México.
La misoginia es nuestra realidad más palpable.
No es un monstruo, es un hombre promedio.

— cuija besucona (@chivatoscopio_) February 11, 2020

La furia a pesar de ser enorme no es ni por asomo de la misma proporción que la violencia a la que todas estamos expuestas, sin embargo, parece que ya alcanza para rugir con más fuerza, para unirse más, alcanza para dejar de señalar el maltrato a monumentos y empezar a decir “si falto ve e incendia todo”, alcanza para que esta vez más mujeres de todos los sectores marchen y paren, alcanza para que nos organicemos más y mejor y propongamos leyes como la Olimpia y se aprueben, alcanza para empezar a mover la agenda de este país de donde no se ha movido y que no se hable de otra cosa al menos por unos días. Y alcanza señoras y señores porque somos el 51% de la población, somos también voto.

Obviamente y en un país con una clase política como la que tenemos no falta quienes quieran apropiarse de esta furia y usarla a su favor, no falta quien se quiera colgar de la ola atribuyéndose la convocatoria, pero confirmando así de qué materia están hechos. Esta misma clase política que durante décadas ha permitido que los niveles de violencia contra la mujer crezcan hasta donde están hoy, esta clase política misógina que hace fiestas y orgías donde abusan de mujeres y que solapa gobernadores y exgobernadores pederastas y traficantes de niñas, es la misma que quiere aprovecharse del poder que está adquiriendo el movimiento feminista.

Vivimos un momento clave en este país con respecto a lo que como mujeres podemos construir porque tenemos más poder para hacer algo con nuestra furia, podemos hacer cimbrar las instituciones y ni la derecha, ni la izquierda ni ninguna postura ideológica podrá arrebatarnos lo que nos ha tomado siglos construir desde la sociedad civil.

 

Hemos respondido a varias compañeras que la imagen del paro la hicimos nosotras, una colectiva de jarochitas con una propuesta que jaló a niveles inesperados. Está bien gacho que digan que está orquestado por la derecha, ofende más que cuando nos dicen feminazi la neta jajaja.

— Brujas del Mar (@brujasdelmar) February 20, 2020

El movimiento feminista cada vez más se asemeja a una parvada que fluye, que se mueve a una señal, que es impredecible, mientras el sistema patriarcal sigue en la lógica de manada.

Vienen días clave para el movimiento, la marcha del #8M donde refrendaremos con consignas y carteles los postulados feministas como el derecho al aborto y el paro del siguiente día bajo la consigna “el 9 ninguna se mueve”. Pero los días más importantes son los que siguen después, donde debemos de tener más voz y más participación en la vida pública de esta nación que queremos recuperar, la nación que se supone debe ser el hogar que nos abrigue, la tierra que nos de oportunidades, el país que nuestras hijas puedan recorrer en paz. El reto está en lograr que más leyes se generen y aprueben, en lograr que los programas que garantizan nuestro desarrollo económico no sean eliminados, en conseguir que las que menos tienen y las más oprimidas salgan de esa condición, que sean vistas, en lograr que cada mujer privilegiada y con acceso a poder contratar una trabajadora del hogar firme un contrato con ella y se comprometa con sus derechos, en exigir que las empresas además de subirse a un tren por un día garanticen políticas de equidad y la posibilidad de que mujeres tengan acceso a las mismas oportunidades laborales y de crecimiento que los hombres además de dejar de hacer publicidad sexista el resto del año.

 

El feminismo tomará la forma que le exija el contexto: violento o pacífico. Quien piense que las sufragistas fueron pacíficas tendrán que revisar la historia. Soy pacifista pero entiendo el hartazgo y la rabia de las jóvenes.

— Patricia Vega (@Patricia__Vega) August 17, 2019

Hay quienes dicen que las feministas están fuera de control y pienso que, en cada época, con cada ola del feminismo y sus demandas, seguro siempre hubo alguien que opinó lo mismo (“calladita te ves más bonita”). Y sí, esa es la idea, salirse de control, de un sistema que permite que nos roben, violen, maten o quemen en ácido, de una sociedad que es insensible a la forma en que somos tratadas, que es ciega cuando se trata de ver a mujeres y niñas que viven en la miseria, salirse del control que nosotras mismas imponemos sobre otras mujeres hablando de ellas, burlándonos de sus cuerpos y sus ideas, salirse del control de la clase política que nos ignora y a través de su inacción nos oprime, salirse de control con furia, una furia que se mantenga como fuerza motora para seguir exigiendo a todo pulmón acciones que garanticen nuestro derecho a una vida libre de violencias y en condiciones de equidad con los hombres.

@LexiaGlobal