La función de enojarse bonito

Jorge Hill · 26 de febrero de 2017

La función de enojarse bonito

Qué feo y qué maleducado es enojarse. ¿Por qué te enojas si vives en el cuerno de la abundancia? ¿Por qué se quejan, pinches maleducados, si tienen playuquis preciosotsas dónde pasear con tu lobuki o tu mirrey? ¿Que la hiperrealidad gringa haya llegado al grado de tener a una estrella de reality como presidente, qué? ¿El gasolinazo con el que suben los precios de todo, qué? ¿Tener en funciones a un priista que goza del porcentaje de aprobación más bajo en la historia, qué? ¡No hay pedo, paps! ¡Abraza a tus cuates! ¡Abraza a la vida porque qué bueno que no eres de ese promedio al que no le alcanza para la canasta básica!

Ese es el mensaje que esta aberración de video promueve, con sus estrellitas blancas de alma, cuerpo y vestimenta, con sus privilegios llenando cada bit de su digital monstruosidad. El mensaje está de moda, también lo vemos en los programuchos mañaneros, llenos de falso optimismo, en la comedia insulsa de sketches televisivos o en los mensajes digitales de tantos otros aberrantes youtuberostwittstars, bien alineados al poder en turno y a la derecha, que le piden a la gente del país que no se enojen, y si se enojan, que lo hagan “bonito”.

Nos podríamos preguntar, encabronados, cómo es que a esta gente se le sigue dando trabajo en lugares tan notorios; esto sería preguntarse cómo un mensaje de fondo, tan francamente idiota, sigue logrando llegar a lugares tan visibles. Es obvio, en un país donde el privilegio y el clasismo son parte fundamental de sus engranes, da igual quién sea, lo importante es que haya voces que mantengan la comodidad del poder. Peleles con necesidad de notoriedad siempre hay y existe una maquina de dinero y visibilidad para que las manitas de fondo se revistan de nuevas marionetas-calcetín, una tras otra.

El mensaje es claro y tiene función. “No más quejas” es la manera más contundente para desgarrar a una población lo poco que le queda para mantener un mínimo de dignidad y seguir luchando: su indignación, su enojo, sus palabras.

Hoy, el “cállate y ponte a trabajar” y el “el cambio está en uno”, que bien sabemos falaces ante un sistema y también funcionales al poder, se han revestido de buena ondita, de limpio estrellato o de trendy digitalización para convertirse en un “No más quejas”, en “eres maleducado si tu indignación habla”, en un “enójate bonito”. Si te quejas no estás en onda, no eres limpio y blanco -ese arraigado y sintomático deseo mexicano- y no podrás ser glorificado tuitero-youtubero con la boca tan grande y voraz como los bolsillos. Más descarnado, más agresivo, más lapidario: no podrás ser un digno mexicano.

El mensaje tiene función, es obvia; es mantener el status quo, ese que a todos nos tiene jodidos menos a los que pagan a este tipo de marionetas, y por ratos, por caprichosos turnos que rápido acaban, a esas mismas marionetas a las que vemos sólo cuando se van quemando. Estrellas fugaces inconscientes (¿?) de su frágil y efímero destino mientras sirven a los poderes de arriba, a los de siempre.

¿No le pierden? ¿No les queda pizca de madre? Cínicos, cabrones, hijos de la chingada desfasados de la realidad. Así, con ese lenguaje, con el cotidiano, con la “vulgaridad” que estos actos bien merecen. Si no te espanta venderte para tales mamarrachadas, no me vengas a decir que te espantan un par de pinches palabritas. Parfavar.

 

@jorgehill