blogeditor · 4 de abril de 2016
Se llama Thulisile Nomkhosi (‘Thuli’) Madonsela, es sudafricana y tiene cincuenta y tres años de edad; madre soltera, abogada oriunda de Johannesburgo. Creció en Soweto, cuna de movilizaciones sociales en 1976 y fechas posteriores, que contribuyó decididamente a transformar, casi dos décadas más tarde, el régimen racista y excluyente de Sudáfrica.
Estudió Leyes titulándose en las universidades de Swazilandia, Witwatersrand y Stellenbosch. Cumplió 32 justo con el arribo de la democracia electoral plena y la llegada de Nelson Mandela a la Primera Magistratura de su país. Integrante desde muy joven del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) y el UDF (Frente Unido por la Democracia), Madonsela participó en los grupos de trabajo que redactaron una nueva Carta Magna en la era post Apartheid.
El emproblemado y conflictivo presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, la nombró, en octubre de 2009, Fiscal pública federal con plena independencia y autonomía de mandato. Recibió el apoyo unánime del Poder Legislativo, representado entonces en la Asamblea Nacional. Su gestión finalizará este año y no es renovable. Las indagatorias que ha emprendido, y que acreditan la corrupción endémica del gobierno encabezado por el cuarto presidente de la República de Sudáfrica, lo colocan a él -hoy día- en un aprieto mayúsculo.
La cuenta oficial en Twitter, @ThuliMadonsela3, recalca su condición de abogada ante la Corte Suprema sudafricana y de directora del Centro de Estudios Africanos de Investigación para Ombudsman. Pertenece también al Consejo de Agendas Globales del Foro Económico Internacional.
Todo un impresionante CV, pero el verdadero origen de su fama es el reporte que en marzo de 2014 presentó en sobre el uso indebido de recursos públicos para los trabajos de ampliación de la casa presidencial en Nkandla, ubicada en el enclave y feudo de Zuma, que es la provincia de KwaZulu-Natal. La opinión pública conoció del caso por la cobertura que le dio el diario Mail and Guardian (a diferencia de lo que sucedió con Carmen Aristegui y su equipo después del reportaje de la casa blanca de Peña Nieto, nadie en el gobierno de Zuma –que se sepa- ejerció presiones para echar a los reporteros a la calle). Durante más de dos años y apoyado en su mayoría legislativa y el control de los resortes gubernamentales, el ANC ignoró las conclusiones –contundentes; fundadas- durante más de dos años. Cuestionó la imparcialidad de Madensola, y emprendió ataques en su contra de toda índole, llegando a cuestionar incluso, bajo atribución directa y anónimamente, su equilibrio mental.

Fueron meses complicados, de calumnias e infundios cobardes; pero el primero de abril pasado llegó la reivindicación. La Corte Constitucional sudafricana acusó al Parlamento de desacato; asimismo, determinó que debe calcularse el monto que Zuma debe regresar, de su propio peculio, a las arcas por el gasto realizado. El liderazgo del caudillo se tambalea, aunque su partido –o una mayoría de sus cuadros principales, que aún le son fieles- se obstina en apuntalar al político de 73 años, sin medir las consecuencias.
A esta crisis se suman otros escándalos pendientes, como el de los sospechosos vínculos de Zuma con la familia indosudafricana de magnates, Gupta, acusada de incurrir en tráfico descarado de influencias y de utilizar los servicios de miembros de la familia del presidente, o de subastar abiertamente puestos en el gobierno federal a cambio de favores específicos. Ecos de la trayectoria personal de Zuma, y de su habilidad manifiesta para sobrevivir a instancias previos de conducta criminal, o acusaciones previas por violación equiparada, y que incluye la defenestración de Thabo Mbeki, su antecesor en el cargo y enemigo político declarado.
[contextly_sidebar id=”OqVPXHG7g1URr2NGbEurmdEc7iBHHTDE”]Hasta hace poco, nada preocupaba a Zuma y la camarilla mafiosa que lo acompaña. Sus alardes retóricos traicionaban la soberbia de los que creen controlar, por los siglos de los siglos, las palancas del poder desde el monopolio político y económico: con filtraciones declarativas como éstas: ‘Los intereses del Congreso Nacional Africano están por encima de los del país’. ‘Gobernaremos hasta el retorno de Jesús [sic]’. Desatendiendo la orden de trasladar a Omar al-Bashir (dictador de Sudán acusado de planear y ejecutar un genocidio contra la población cristiana y animista en Sudán del Sur) a la Corte Penal Internacional, y permitiendo su escapatoria de Sudáfrica tras la visita oficial y participación del sudanés en la cumbre de líderes africanos que tuvo lugar el 15 de junio de 2015. O realizando cambios repentinos, innecesarios e inexplicables en la cartera de Finanzas, en diciembre de ese mismo año, que provocaron corridas inmediatas contra el Rand y sacudidas financieras en circunstancias de suyo desfavorables.
Y sin embargo, a diferencia de historias pretéritas, el presente conforma atisbos de oposición que podrían complicar la permanencia del ANC como partido hegemónico con pies de barro, así sea a mediano plazo. La Alianza Democrática (DA) eligió como su líder a Mmusi Maimane, cuadro joven y carismático nacido en Soweto: serio prospecto electoral. El EFF (Economic Freedom Fighters), que dirige Julius Malema, antigua cabeza juvenil del Congreso Nacional Africano (por cierto, sujeto también de una investigación de Madonsela por fraude, que lo descalifica como alternativa viable) es un incesante dolor de cabeza para el presidente sudafricano. Habrá además elecciones locales que probarán el grado de hastío concitado por los sectores anquilosados del Congreso Nacional Africano.
Milita en contra del partido de Zuma, y no es dato menor, que su actual vicepresidente y opción de recambio sea Cyril Ramaphosa, antiguo líder sindical y operador de la transición que, fuera del gobierno, apalancó sus influencias de formas poco claras hasta volverse uno de los hombres más acaudalados de Sudáfrica. Muchos no le perdonan la participación indirecta en 2012 que jugó en la masacre de 34 mineros que se habían declarado en huelga, en Marikana, a las afueras del poblado de Rustenburg en la provincia Noroeste; sus repetidos exhortos previos, como accionista de la mina de platino entonces afectada, para que -en sus palabras- se ‘tom[as]en acciones apropiadas, para arrestar a los criminales’.


Curiosamente (o no, la corrupción los hermana), la reacción inmediata de Zuma una vez concluido el ramalazo judicial y la exhibición de sus delitos, no es demasiado distinto a la de Peña y su casa blanca tras la absolución (junto con la Videgaray) por parte de Virgilio Andrade, fiel empleado de ambos. El sudafricano acusa el golpe de la Corte Constitucional porque allá sí hay división de poderes. Empero, ambos se muestran igual de defensivos y autojustificatorios.
‘Fueron conductas plenamente apegadas a la ley; ofrezco una sincera disculpa …’ Video de EPN y su casa blanca.
‘Frustración y confusión, por la que me disculpo yo, y mi gobierno…’ Zuma, un día después del pronunciamiento constitucional: que devuelva los fondos gastados en las obras, que podrían ascender al equivalente de quince o dieciséis millones de dólares.

Una vez publicado el reporte final sobre Nkandla, que señalaba con pruebas la falta de control e irresponsabilidad de Zuma y sus allegados al asignarse cantidades millonarias e injustificadas en los trabajos de remodelación de Nkandla –y aún antes- Madonsela enfrentó campañas continuas de desacreditación que no han cesado.
La fiscal no baja la guardia. En febrero, publicó un reporte detallando anomalías en el servicio postal sudafricano.
El legendario Ahmed Khatrada, compañero de Mandela en prisión, escribió recientemente una carta dirigida a Jacob Zuma; solicita que, por el bien del país y el partido que lo llevó a la presidencia, él renuncie.

Thuli Madensola deja su puesto en octubre.
Es extremadamente difícil (por no decir imposible) imaginar que una apparatchik priísta con las características de Arely Gómez (o quien la sustituya como fiscal transexenal; trascendidos o buscapiés ubican a Raúl Cervantes [¡!] precandidato fallido a la Suprema Corte, en una operación inversa a aquella que llevó al torpe e incompetente ex titular de la PGR y embajador Eduardo Medina Mora a la SCJN, en el lugar de la ex senadora) actúe como lo hizo, con inmensa dignidad y valentía, la grandiosa fiscal sudafricana.
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Algo publicado previamente, aquí, sobre Jacob Zuma y sus críticos. Sobre el palacete de Nkandla, la casa blanca que acaso signifique el final ignominioso de su carrera.