La FIL que olía a orégano

blogeditor · 4 de diciembre de 2021

Todo cambió para finalmente mostrarnos a quienes tuvimos la fortuna de regresar, una FIL que es esencialmente igual a todas las Files anteriores: un hervidero social, político y cultural que en 2021 volvió cautelosamente al formato presencial luego de la pandemia que tomó por asalto la realidad. Al mismo tiempo, esta fue, naturalmente, la FIL más inusual de todas las que se recuerden: pasillos anchos —más anchos que nunca— que recibían pausadamente a un número sensiblemente menor de lectores que en cualquier otra edición, un uso generalizado y absolutamente normalizado del cubrebocas en todo momento, gran vocación por la ventilación (zonas que tradicionalmente se encontraban cerradas dentro de la Expo Guadalajara esta vez se encontraban completamente abiertas para permitir el paso del aire a todo lo largo de las enormes instalaciones) y sobre todo, la presencia constante, en el ambiente cercano a los puntos de entrada a la FIL, de un aroma particularísimo que se quedará grabado en el subconsciente de quienes asistimos y que no era otra cosa más que el poderosísimo olor a orégano que desprendía el “vapor sanitizante” con que la Expo Guadalajara nos recibía antes de la entrada, luego de sortear todos los filtros sanitarios que se implementaron para esta edición. Después de colocarse el cubrebocas, frotar las manos con gel y guardar la debida y sanísima distancia en la fila de entrada, los visitantes debíamos enfrentarnos, diariamente y tantas veces como fuera necesario al reingresar a la Feria, a un proceso de “pozolización” (como bien lo bautizó mi compañera en el Fondo de Cultura Económica, Sandra Montoya), símbolo de los tiempos y de lo que probablemente nos espere de nuevo durante la edición del año entrante, si es que el virus se toma aún más en serio eso de que la especie humana y sus actividades le importan un cacahuate.

Consideraciones pandémicas aparte, lo que se ratificó como un hecho fue que la baja afluencia de visitantes en los pasillos se equilibró con mucho durante las presentaciones de libros y es que si se trataba de tomar precauciones, por lo visto el público en general prefirió hacerlo en presencia de autores que manipulando libros. Una FIL un tanto deshabitada en la que los eventos en vivo generaron la mayor expectativa por parte de los ciudadanos que añoraban volver a las presentaciones tradicionales de libros luego de prácticamente dos años de no mirar ninguna.

“¿Cuál será el ingrediente secreto que hace que este vapor huela a orégano?”, se preguntaba Juan Villoro mientras corríamos hacia la sala en la que quien esto escribe tendría el honorazo de presentarlo ante sus lectores. Quizá sea fácil investigarlo, pero quizá también sea mejor dejar la conclusión en incógnita pues así el misterio pasará a ser legendario y, a la distancia, uno más de los componentes que en esta ocasión, por razones absolutamente inesperadas, convirtió la FIL, esta FIL, en inolvidable.

@elimonpartido