La fiesta del chivo

blogeditor · 16 de septiembre de 2016

La fiesta del chivo

La fiesta del chivo
Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara
México, 2000
pp. 518

la-fiesta-del-chivo
La novela se inscribe en la larga tradición de la literatura
latinoamericana que aborda la vida de los dictadores. Ejemplos notables
son El Señor Presidente (1946) de Miguel à ngel Asturias; Yo, el Supremo
(1974) de Augusto Roa Bastos; El Recurso del Método(1974) de Alejo
Carpentier y El Otoño del Patriarca(1975) de Gabriel García Márquez. Ahora
se añade la obra de Vargas Llosa sobre la figura de Rafael Leónidas
Trujillo (1891-1961), el dictador de la República Dominicana quien tuvo el
control absoluto de su paí­s de 1930 hasta su asesinato.

El texto se articula a partir de tres planos narrativos simultáneos. El
primero es el relato de la vida de Urania Cabral, que después de 35 años
de vivir en Estados Unidos, regresa a su paí­s para encontrarse con su
padre, el senador Agustí­n Cabral, apodado Cerebrito, un antiguo
colaborador del dictador. Ahora, tiene 84 años y está parapléjico. Ella,
que tiene 49 años, ha perdido toda relación con su padre. Ahora camina por
las calles de Santo Domingo en busca de la casa de su infancia. Los
recuerdos la invaden; sus años en la escuela de monjas, los tiempos
difíciles de su adolescencia. Después de salir de su país, en Estados
Unidos ha logrado hacer una nueva vida.

Con la historia de Urania comienza y termina la novela. Vargas Llosa
utiliza a ese personaje central, para ofrecer una visión de la historia
pasada, pero también de la contemporánea. Urania es sí­mbolo de lo que fue
la mujer durante la dictadura, pero también de quien se resiste al
machismo latinoamericano, llevado al extremo por Trujillo. Para él, el
sexo constituye una expresión de su poder. La mujer es un objeto siempre a
su disposición. Los padres “entregan”  a sus hijas al Benefactor de la
Patria. En cualquier momento se acuesta con las mujeres de sus
colaboradores, que aguantan, sin más, la humillación. Urania, de joven, es
ví­ctima de este abuso de poder.

El segundo plano narrativo es la reconstrucción de la conspiración para
matar al dictador. Siete son los responsables del atentado: Antonio de la
Maza, Amado Garcí­a Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá, Tony Imbert,
Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño y Fifí­ Pastoriza. Antes todos fueron
trujillistas. La historia de cada uno da cuenta precisa de los abusos e
injusticias que ha vivido la sociedad dominicana en los años de la
dictadura. El encuentro fortuito y la relación que se establecen entre
ellos. Deliberan y llegan a la conclusión que no hay otro camino que matar
al dictador, para rescatar al país de la tiraní­a. Saben el riesgo que
corren.

Al fin, el dictador es ajusticiado mientras viaja en su carro por una
avenida de Ciudad Trujillo, como renombra a Santo Domingo.

En el tercer plano narrativo se instala la voz y conciencia del dictador y
el tipo de relación que entabla con sus colaboradores más cercanos. La
narración nos adentra a la vida pública y a las más íntimas decisiones.
Podemos apreciar los rasgos que caracterizan al hombre de carne y hueso,
más allá de la imagen del personaje todo poder. El monstruo se humaniza y
somos testigos de sus manías y pequeñas miserias. Su afán por la limpieza.
Y también de la relación con su familia. La devoción por su madre.

Se da cuenta de su relación con diversos personajes en particular con
Johnny Abbes, el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM); el
senador Henry Chirinos, el presidente fantoche Joaquí­n Balaguer, experto
en artimañas jurídicas; el ministro de las Fuerzas Armadas, general José
René Román, y el presidente del Senado, Agustí­n Cabral, Cerebrito, el
padre de Urania, caído en desgracia pese a entregar 30 años de su vida al
servicio del dictador. Conocemos de sus conflictos, de sus relaciones
tensas y de la competencia entre ellos. Todos quieren ser el primero ante
el dictador.

La novela se apoya en una investigación histórica de tres años de lo que
se conoce como la Era de Trujillo. En el texto hay personajes reales y
ficticios. Es literatura y no historia. La realidad y la ficción están
siempre en tención. La literatura en muchas ocasiones se acerca más al
hecho de la historia que la historia escrita por los historiadores. Honoré
Balzac, el literato francés, decí­a que “la novela es la historia í­ntima
de las naciones” . Vargas Llosa lo cita en su ensayo “Historicismo y
Ficción”.

El aborde que el autor hace a la vida de Trujillo nos permite dimensionar
el horror de esa dictadura. Dar cuenta de las atrocidades que se
cometieron, del ejercicio arbitrario y absoluto del poder, de los
crí­menes, de la pérdida del sentido de la realidad, de la enfermedad que
el poder produce en algunos. De lo que supone para un pueblo perder su
dignidad a manos del tirano visto como un Dios. Y también del valor de
quienes arriesgan su vida, para cambiar el estado de las cosas y recuperar
su dignidad.

Esta historia novelada o novela histórica está escrita con una gran fuerza
e intensidad. El texto fluye con rapidez. El lenguaje es preciso y claro.
Y como todas las obras de Vargas Llosa también directo y elegante. Revela
un gran dominio del lenguaje y del oficio de escritor. El autor, como el
mismo dice, narra hechos “tan increíbles que superan cualquier ficción”.
La novela es una reflexión sobre el poder y los vicios que le son propios.
Me dijo mucho. Me pareció una gran novela.

@RubenAguilar