blogeditor · 22 de septiembre de 2016
Berenice Zepeda Muñiz nació en Ciudad de México, es médico pediatra egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especializada en el Hospital Infantil Federico Gómez. Hoy nos comparte su primera misión en Berberati, República Centroafricana, y su segunda misión en Baturi, Camerún, con población centroafricana refugiada.
“La experiencia más intensa y enriquecedora de toda mi vida”
“Yo estudié medicina porque desde muy joven, en la preparatoria, decidí que quería ir a África a ayudar a través de la medicina a los niños más vulnerables del mundo. Así que un día, como si todo hubiera estado planeado perfectamente, llegó mi cita para la entrevista en MSF y semanas después me dijeron que mi primera misión sería Berberati, República Centroafricana, y la segunda en Batouri, Camerún. ‘Súper’- pensé-. ‘Dos en uno’.
Cuando llegué a Berberati –en un país en guerra- me encontré con una realidad que no había visto ni en las zonas más pobres de mi país. Fue como entrar en un sueño de enfermedades desconocidas, del siglo pasado.
Trabajé en un hospital en el que recibíamos entre 90 y 100 niños para revisar y atender. Ahí aprendí que las situaciones más adversas tienen el potencial de sacar lo mejor de las personas cuando están motivadas por un mismo objetivo. El nuestro era reducir al máximo la mortalidad infantil. Después de 3 meses, las personas que conformábamos el equipo de MSF nos habíamos convertido en una familia en la que todos aprendíamos del otro.
Y de esta experiencia difícil y de mucho trabajo, salí hacia Camerún. En Baturi MSF llevaba atendiendo por casi dos años a los refugiados centroafricanos que huían de la guerra. De una misión a otra pasé del caos a la organización. De muchos niños a menos niños. De gente a la que enseñaba cosas, a gente que sabía más que yo porque ellos sí se sabían el protocolo nacional. De tener mil responsabilidades al mismo tiempo a tener una sola función. De centroafricanos en Centroáfrica, a centroafricanos refugiados en otro país.
Pude entonces conocer más facetas de las consecuencias de la guerra. Lo que significa dejar tu vida detrás para buscar una mejor, o por lo menos algo de paz.
Sin duda ha sido la experiencia más intensa y enriquecedora de toda mi vida. Llena de lecciones médicas y humanas, familia en la que las nacionalidades no existen y formas nuevas de ver la vida. Es muy gratificante saber que tu trabajo es hacer algo útil, a veces fundamental, para la vida de alguien más, y descubrir que sin importar las condiciones o el contexto, siempre hay espacios para el amor”.