blogeditor · 15 de diciembre de 2015
Los directivos de las empresas en el mundo, México no es la excepción, no gozan de buena fama social. Se generaliza la crítica y no se hacen excepciones. La percepción puede ser injusta, pero es esa. Los directivos están obligados a tenerla en cuenta. Es tema de discusión si las escuelas de negocios deben enseñar o no los valores. Las opiniones se dividen.
Las escuelas de negocios, por la vía de los hechos, transmiten valores, que son principios de actuación que pueden ser explícitos o implícitos. La experiencia, hay estudios sobre el tema, muestran que estas escuelas, aunque no se lo propongan de manera consciente, impactan de manera decisiva los valores y las actitudes de sus estudiantes.
Ángel Cabrera (Madrid, 1967), actual presidente de la Universidad George Mason, Virginia, dice que durante años las escuelas de negocios “han estado dominadas por una visión economicista y simplista de la empresa que ha contribuido a afianzar un sistema de valores inadecuado e incluso perverso” (El País, 02.03.2009).
“El directivo -añade- se describe como un agente económico oportunista y egoísta que debe ser controlado mediante incentivos ingeniosos (la zanahoria atada a un palo) que alineen sus intereses personales con los de los accionistas (…) el interés de los accionistas ha de primar por encima de todo, ya que, se supone, es quien asume la mayor parte del riesgo”.
[contextly_sidebar id=”UZ4j8xYJt7ueWR7M5UomcaASq5Pem1qL”]Es común que los consejos de administración establezcan -dice Cabrera, que fue encargado por la ONU de coordinar la redacción de los Principios de Educación Empresarial Responsable- “incentivos desproporcionados a sus directivos” y que éstos, los ejemplos abundan, hacen lo que esté “a sus manos para embolsarse el premio, incluso si ello conlleva tomar decisiones que sabían que eran dañinas para sus clientes y creaban un riesgo público de consecuencias incalculables”.
Las escuelas de negocio deben de adoptar su propio “código deontológico (“un juramento hipocrático empresarial”) que defina los derechos y responsabilidades del directivo de cara a la sociedad”. En este “como cualquier otro código profesional, el directivo debe comprometerse a no anteponer el interés personal al interés de la empresa y mucho menos al de la sociedad a la que sirve en última instancia”. El directivo, por lo mismo, debe “conocer y respetar no sólo las leyes que le competen, sino también las normas y valores universales en torno a los derechos humanos, los derechos laborales y el respeto al medio ambiente…”
De manera especifica, plantea Cabrera, el código de conducta establece “obligaciones del directivo de crear un clima de integridad, transparencia y ética en su organización y de actuar como ejemplo de esos valores. Esto debe incluir la generación de informes contables y de resultados que reflejan fielmente la capacidad de la empresa de crear valor así como riesgos asumidos por sus inversiones, empleados, proveedores y clientes”. La sociedad requiere, exige, directivos empresariales con ética.