La ética ante las víctimas

blogeditor · 8 de julio de 2020

La ética ante las víctimas

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el que vivimos es la regla” (Benjamin, Tesis. no. 8)1. Con esta frase Walter Benjamin reafirmaba, en su obra Tesis sobre el concepto de historia, lo que tiempo atrás Nietzsche había concebido respecto a la historia: la que conocemos es la de los vencedores. En efecto, los hechos que se dan a conocer siempre son narrados por quienes vencieron, y la otra historia, que ha quedado en ruinas, ha quedado igualmente sepultada no por sus adversarios, sino por el olvido de sí misma.

Asistimos hoy a un hecho memorable, pero no novedoso: las protestas por el asesinato de George Floyd han cobrado dimensiones globales. La indignación se ha instalado en las mentes y los corazones de miles que se han identificado con él por haber sido víctimas de abusos y actos discriminatorios. Pero ¿qué busca realmente la víctima, la justicia o la venganza?

Los filósofos de la escuela de Frankfurt advirtieron sobre el uso instrumental2 de la razón moderna, que clausuraba toda posibilidad de otredad convirtiendo el ideal del progreso en uno lineal, hegemónico, unívoco y totalitario, de tal suerte que en pos de éste la razón humana era capaz de las peores atrocidades, tales como Auschwitz3. Así, una razón que deja a su paso ruinas y víctimas es una razón que merece ser cuestionada y revirada.

Walter Benjamin, uno de los máximos representantes de esta escuela, que vivió en carne propia el miedo de la persecución nazi, fue capaz de detectar que “el viento huracanado del progreso que deja a su paso ruina sobre ruina” (Tesis no. 9)1 también es capaz de despertar la débil posibilidad de la memoria como justicia.

Las víctimas son tales en función de su posibilidad de interpelar nuestra memoria para que aparezca en ella, como una “ráfaga de luz” (Benjamin, Tesis no. 5)1, la débil “fuerza mesiánica” que es capaz de redimir la historia. Para él, la justicia no consiste entonces en que pague quien cometió la injusticia; es decir, no es equiparable con la venganza sino con la posibilidad de que, por instantes, aparezca el pasado frustrado en el presente y se recobre la memoria que clama la reparación del daño y, cuando ésta no sea ya posible, al menos que los actos perpetrados no vuelvan a ocurrir.

Pensar la justicia desde ella misma es infructuoso, pues se cierra sobre sí sin ser capaz de modificar la realidad; en cambio, pensar la justicia desde la injusticia, afirmando que la segunda fue primero, permite que la primera se busque con el único propósito de redimir a quienes ya no están y erigir una mirada atenta para evitar futuras injusticias. El carácter esencial de la justicia no es el cobro del daño sino la salvaguarda de la memoria o, en otras palabras, contar la historia desde la visión de los vencidos.

Si bien la posibilidad de hacer justicia es débil, como afirmaba el propio Benjamin, la fuerza de la memoria no lo es, de tal suerte que la justicia anamnética se erige como posible solución para actos barbáricos. George Floyd resultó ser la puerta por la que aparece el mesías (el sujeto capaz de dejarse interpelar por la historia) para dejarnos ver el instante por el que el pasado se hace presente para despertar el deseo de justicia, y mientras su nombre se conserve junto a los de tantos otros y se luche para preservarlo del olvido, el instante de la redención de las víctimas se mantiene como posible; pero si lo que se busca es la venganza, lejos estamos de una justicia reparadora capaz de transformar la historia y la realidad que la contiene.

La ética ante las víctimas tiene que responder más al olvido que a la venganza. Estamos parados sobre ruinas y perder de vista el objetivo de la justicia como herramienta para evitar una nueva perpetración del daño puede ser tan peligroso como nunca haberla concebido.

* María Elizabeth de los Rios Uriarte es profesora e investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, México. Es doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana, maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac y licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana; así como Research scholar de la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos.

 

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1 Benjamin, W. (2008). Tesis sobre el concepto de historia. En. Obras. Libro I, Vol. 2. Trad. Alfredo Brotons Muñoz. Madrid, Abada Editores.

2 Horkheimer, Max. (2007). Crítica de la razón instrumental. Trad. Murena, H.A. La Plata, Terramar.

3 Horkheimmer, M. y Adorno, T. (1987). Dialéctica del Ilumi Trad. Murena, H.A. Buenos Aires, Sudamericana.