La estupidez humana

Rubén Aguilar · 29 de noviembre de 2011

La estupidez humana

El historiador italiano Carlo M. Cipolla (1922-2000) publicó “oficialmente” su famoso ensayo Las leyes fundamentales de la estupidez humana en 1988. Desde 1976 había  circulado una edición en inglés limitada y antes se habían hecho un sinnúmero de fotocopias del mismo, que circulaban en muchos países.

 

En el texto, con mucho humor y supuesto rigor científico, propone esquemas y gráficas de carácter estadístico para fundar sus afirmaciones y establece las cinco leyes fundamentales de la estupidez. Desarrolla cada una en dos o tres páginas del libro donde publica su ensayo, Allegro ma non troppo (Biblioteca de Bolsillo, Barcelona, 2001). Aquí transcribo de manera textual sus leyes.

 

Primera Ley Fundamental: Siempre es inevitable que cada uno de nosotros subestime el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

 

Segunda Ley Fundamental: La posibilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

 

Tercera Ley Fundamental: Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

 

Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento o lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

 

Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.

 

Del ensayo plantea también con humor que “no guarda ninguna relación con mi vida personal” y añade que “pecaría gravemente de ingratitud contra las circunstancias que hasta ahora han presidido el curso de mi vida si no confesara que he sido, en cuanto se refiere a mis relaciones humanas, un ser extraordinariamente afortunado, en el sentido de que la inmensa mayoría de personas con las que he establecido relación han sido por regla general personas generosas, buenas e inteligentes. Espero que al leer estas páginas no acaben convencidas de que el estúpido soy yo”.