La estructura es la estrategia: el vacío que no llenó la Guardia Nacional

blogeditor · 5 de julio de 2022

El reciente asesinato de dos sacerdotes jesuitas desató un airado reclamo de muchos sectores influyentes de la sociedad exigiendo al presidente un cambio en su estrategia de seguridad que al parecer no ha funcionado. Pero cabría preguntarse, ¿de qué estrategia de seguridad están hablando?

Tengo la impresión de que la estrategia de seguridad del presidente durante los últimos cuatro años ha girado en torno a ocho ejes que han ido saliendo de manera muy improvisada: 1) La creación de la Guardia Nacional, 2) El nombramiento de Alejandro Gertz Manero en la FGR, 3) El incremento de los delitos que obligan a la prisión preventiva oficiosa, 4) Las reuniones mañaneras de las mesas de paz, 5) La Ley de Amnistía, 6) Los programas sociales, 7) El abandono federal de las policías municipales y estatales y 8) Los famosos abrazos y no balazos.

Al parecer estas ocho estrategias no han impactado de manera positiva en la percepción que tiene un amplio sector de la sociedad sobre la seguridad y el artero homicidio de los jesuitas no se ha visto como un hecho aislado (no lo es) sino como una clara expresión de una delincuencia sin control producto de una equivocada estrategia de seguridad.

Por su parte, el presidente y sus funcionarios no tienen ningún interés en cambiar la estrategia, en general piensan que van muy bien quizás con base en algunos datos que nos ofrece el INEGI.

Si observamos los datos de las encuestas de victimización a partir de 2010, podemos ver (en las barras azules) como fue creciendo la incidencia delictiva hasta su punto más alto en 2014, tener un repunte en 2017 para luego mantener una tendencia descendente hasta 2020 que es el último dato que tenemos de estas encuestas (el dato de 2021 se conocerá hasta septiembre).

Según las encuestas de victimización la incidencia sigue alta, pero está en su nivel más bajo desde 2012. ¿Es una consecuencia de la pandemia? Difícil de contestar porque la tendencia descendente se origina en 2018 (antes de la pandemia) y no ha repuntado, habrá que ver los datos de 2021 si confirman la tendencia o la revierten (ver grafica 1).

Fuente: Elaboración del autor con dato de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción Sobre Seguridad Pública 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021. Y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En realidad, es altamente probable que se cometan más delitos de los que capta la encuesta. La razón es que el INEGI solamente mide los delitos más representativos del fuero común (robo en la calle, en transporte público, robo total de vehículo, robo parcial de vehículo, fraude extorsión, amenazas, etc.) que precisamente declaran las víctimas, pero los delitos de delincuencia organizada, narcotráfico, portación de armas exclusivas del ejército, entre otros, no aparecen en las encuestas porque son delitos con víctimas más difíciles de identificar.

¿Cuándo alguien podría declararse víctima de narcomenudeo? ¿O de portación de armas de uso exclusivo del ejército?

Los delitos que han bajado no son los que el gobierno federal previene o persigue, sino aquellos que previenen y persiguen las policías y fiscalías locales. A pesar de la eliminación de los fondos federales para policías municipales y la reducción del fondo federal para la seguridad pública en los estados, las policías y fiscalías locales – con muchas restricciones de todo tipo – han seguido dando resultados según las encuestas.

El fortalecimiento de las policías municipales y estatales y de las fiscalías tanto en facultades legales como en financiamiento es fundamental para arreglar el problema de la seguridad; sin embargo, por mucho que hagan su trabajo hay un enorme vacío federal en la tarea de seguridad que no llenó la Guardia Nacional y que es indispensable para regresar a nuestro nivel autónomo de criminalidad.

Las organizaciones criminales se han multiplicado y fortalecido gracias a la impunidad de que gozan, al parecer nadie las investiga (salvo los periodistas y los think tanks) 1 y cada vez actúan de manera más prepotente, se observa en ciudades y pueblos donde organizaciones criminales de diferentes tamaños extorsionan gobiernos, empresarios (grandes y pequeños) y profesionistas, venden drogas y si es necesario recurren al homicidio en su guerra por las plazas.

El reclamo fundamental de la sociedad no son los patrullajes disuasivos de la Guardia Nacional y el ejército – en sus funciones de “policía municipalota”– 2 sino la ausencia de una agencia de investigación federal (cuyo germen podría ser la Agencia de Investigación Criminal de la FGR) 3 que investigue y detenga a los miembros de estas organizaciones criminales (no son muchos), 4 las desarticule y así regrese la seguridad a ciudades y pueblos de México. Hay varios ejemplos en el mundo.

No es una cuestión de miles de soldados en las calles, sino de planeación, investigación, inteligencia, detenciones y procesos. Ahí hay un vacío que la Guardia Nacional no llenó y por su estructura no podrá llenar. La estructura –que es la estrategia– está en otro lado.

@bernardomariale

 

 

1 Disponible aquí y aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 Disponible aquí.