Redacción Animal Político · 22 de febrero de 2023
Hace ocho meses, nuestros hermanos Javier y Joaquín, junto con Pedro Palma, fueron asesinados en Cerocahui, Chihuahua. Nos dicen que decenas han sido detenidos por esos crímenes y que siguen desarticulando redes criminales, pero mientras el presunto perpetrador no sea detenido y continúe el clima de violencia en la Sierra Tarahumara, el mensaje que nos transmiten es de impunidad. La demora de la justicia socava la esperanza de la añorada paz.
Durante todos estos meses hemos insistido en la necesidad de alcanzar la justicia y de mantener en la memoria el legado de nuestros hermanos, no sólo porque la tragedia aún nos siga lastimando, sino porque la violencia y el miedo se han convertido en hechos cotidianos, desde hace décadas, en las comunidades en la Sierra Tarahumara.
Lo que se vive ahí es un reflejo de lo que sucede en muchas otras regiones del país. Crece todos los días la maraña de complicidades político-criminales, y las víctimas de violaciones a derechos humanos son quienes siguen sufriendo las consecuencias.
Tras el asesinato de Javier, Joaquín y Pedro, los jesuitas prometimos quedarnos en la sierra, y lo hemos cumplido. Ahí permanecen firmemente nuestros hermanos que durante décadas han trabajado en la zona y otros más que se han sumado con profundo compromiso a las comunidades de Cerocahui, Samachique y Creel, desde donde acompañamos a los pueblos rarámuri a través de lo pastoral, así como con los servicios de salud integral en la “Clínica Santa Teresita”.
Desafiando la inseguridad, también seguimos reforzando los Centros Culturales Rarámuri, contribuimos a la defensa de los derechos humanos desde Cosydhac e impulsamos la reconstrucción del tejido social y la paz, fortaleciendo su identidad, a través de sus tradiciones, ritos y mitos. Sin embargo, no podemos soslayar que es tan grande el miedo en la región, que ha trascendido las fronteras.
Desde la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús y el Centro Prodh, recibimos con esperanza las recientes medidas cautelares que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió recientemente para solicitar formalmente al Estado mexicano que atienda la inseguridad que sigue azotando en la sierra.
Aunque las medidas están encaminadas a siete jesuitas, un laico y tres religiosas, no dudamos en que permeará para todas las comunidades, ya que la CIDH consideró que el Estado no ha implementado un esquema de seguridad idóneo y efectivo para proteger el peligro que se enfrentan en la zona.
Por nuestra parte no dejaremos de insistir, a los diferentes niveles de gobierno, que los responsables de estos asesinatos, que siguen teniendo un fuerte impacto comunitario, estatal, nacional e internacional, sean llevados ante la justicia, con el objetivo de que hechos similares no se vuelvan a repetir.
Mientras tanto, nos cobijan las palabras del Papa Francisco, quien hace ocho meses expresó públicamente su dolor y tristeza por los asesinatos, y también nos hizo llegar un mensaje privado donde nos invita a continuar: “No tengan miedo, echen para adelante. El miedo nos hace echar para atrás y nos paraliza. No tengan miedo […]”.
Los jesuitas de México seguiremos apostando por la memoria, denunciando la falta de justicia, pero también anunciando con anhelo, a través de nuestras obras pastorales, educativas y sociales, las alternativas que existen ante la violencia deshumanizante que cobró la vida de mis hermanos.