blogeditor · 23 de abril de 2013
Hay que limpiar la fachada, para que los turistas no se espanten.
Sobre todo en sitios como el aséptico Nuevo Garibaldi, donde no caben los integrantes de la casta de los Dalit, en su versión mexicana.
El usuario de web.stagram @carlosrodrigo comparte, como epígrafes de la vida urbana en el DF, lo que su lente consignó al retratar los cambios sufridos en ese lugar paradigmático: epicentro de la mexicanidad en el siglo XX. Hoy día, proyectado para ser la cara hospitalaria de una ciudad que aspira a ser el gigantesco Mall decretado por autoridades, empresas y desarrolladores.



Estas tres fotos son, por supuesto, suyas. Encomiable labor.
Varios medios se ocuparon del tema, lo que se agradece cumplidamente.
Este reporte de Milenio confirma el cese del elemento, aunque uno sólo infiera sanciones que lo mantendrían en el cargo. Muzak declarativo de los responsables del desbarajuste, que carecen de sustento.
De acuerdo a las autoridades, se actuará siempre con estricto apego a la Ley, “sin distingo alguno” u otras fórmulas que sólo sirven para salir del paso, hasta que el tema se diluya. Y persistirá la sospecha de incidentes invisibles: que ocurren todos los días, sin que cámara alguna o video los acredite.
La(s) policía(s) de la capital son como una Hidra monumental. Mal capacitada, prepotente y con mandos que perpetúan modelos de conducta inoperantes en urbes que de verdad privilegian al ciudadano. O cuando menos, lo intentan mediante contrapesos hasta ahora inexistentes en México.
Todo recuento de los excesos y estupideces cometidos por los “guardianes del orden” es, por necesidad, incompleto. Empero, podemos refrescar la memoria recordando algunos ejemplos que confirman la irrefrenable pudrición que aqueja a las Secretaría de Seguridad Pública de todos los niveles. No podría ser de otra manera.
La evidencia. Noviembre, 2011. Tortura inquisitorial de la policía en Tepito (aquí y aquí).
El video. El uso más burdo que las “técnicas” del Waterboarding de la CIA; igual de “eficaz”.
#1DMx. Aquí destaca el valiente granadero bigotón que empuja por la espalda a un ciudadano hacia su ‘cápsula’ de escudos.

Supervía. Trescientos granaderos cercan a defensores pacífiicos de la Glorieta de las Quinceañeras, que la constructora OHL iba a conservar, hasta que el proyecto se modificó sobre la marcha y al antojo de la empresa. Cito al académico y activista Luis Zambrano:
“En un momento, mi esposa gritó que la estaban desnudando, y me abalancé para rescatarla. Ahí nos quedamos tirados en el suelo, siendo pateados por los granaderos“.
New’s Divine. Casi cinco años de embustes e impunidad. Aquí un video de las discrepancias entre versiones filmadas de SSP-DF (editada), y la delegación GAM.
Sillas musicales. Joel Ortega fraguó el burdo montaje, que presentó como válido ante la Comisión de Derechos Humanos del DF. Prefechó un “Manuel Operativo”, para cubrirse el trasero, y el de sus sobordinados (incluyendo a Luis Rosales Gamboa, de quien hablaré más abajo). ¿Qué sentencia real le deparó el destino? ¿La cárcel, su casa, el ostracismo? Hoy dirige el Sistema de Transporte Colectivo Metro.
Su sucesor Manuel Mondragón y Kalb tiró la toalla, a unos días de que terminara la administración de Ebrard. Labora en el gobierno de Peña Nieto, como jefe de la reciclada SSP federal. Rosales Gamboa, jefe interino de la policía durante los operativos del 1o. de diciembre en el Centro Histórico y -no podemos olvidarlo- uno de los principales responsables de la muerte de 9 jóvenes y 3 elementos de seguridad aquel 20 de junio de 2008 (hace casi cinco años), funge nuevamente como subsecretario de Seguridad Pública en esta ciudad. El ex procurador local Jesús Rodríguez Almeida, que armó junto con Rosales la represión de granaderos a cuatro días de que Miguel Mancera fuese investido como jefe de gobierno para el periodo 2012-18 (con su secuela de arrestos arbitrarios, liberaciones escalonadas y opacidad en la impartición de justicia), es el actual jefe de la SSP-DF. Inopinadamente emitió un “protocolo” de actuación policial y control de muchedumbres: a todas luces ilegal, contra el cual ya existe un amparo promovido por Manuel Fuentes Muñiz, consejero del CDHDF.
A la policía del DF le tocó implementar el programa Compstat, (pero tropicalizado, faltaba más) que ofreció Rudolph Giuliani a los tatamandones empresariales de la Ciudad de México; primero, cuando Marcelo Ebrard era Jefe de Policía (antes de Joel Ortega, falsificador de documentos y artífice de operativos que derivaron en la tragedia del New’s Divine), y luego con Mondragón. La Historia como cíclica pesadilla.
Los años de Ebrard al frente de la policía capitalina no escaparon a la controversia. Recordamos sus desafortunadas declaraciones a raíz del violento desalojo en Amalacachico el 4 de octubre de 2002 (“Les vamos a pagar sus refrescos y papitas“, ante los reclamos de que la fuerza policiaca se había llevado algunas pertenencias de los afectados), o su tardía y titubeante actuación en el linchamiento de policías federales en San Juan Ixtayopan (Tláhuac), el 24 de noviembre de 2004.
¿Sorprende entonces, que después de años de intentos, correcciones, retrocesos, saltos al vacío y una intensificación del ataque a la protesta pacífica, estemos como estemos?
La indigente de Garibaldi (memorándum a Mancera: se llama Guadalupe), no tiene otro remedio que desalojar, a cubetadas e insultos, el sitio. La policía como Escobeta -usada también en el avenidas como Madero, donde queda estrictamente prohibido “por el oficial encargado del cuadrante” repartir volantes o decir groserías o ser homosexual o invitar a la ciudadanía a participar con su firma en iniciativas como Libre Internet para Todos- es el último y cobarde recurso que le queda a un gobierno que no cuenta con esquemas modernos de seguridad. Tampoco de control democrático. Podría desmarcarse de sus contrincantes políticos haciendo lo correcto, pero nunca lo hará.
¿Cuántos abusos como éstos: producto de una arraigada cultura de impunidad y profundo desprecio por los Derechos Humanos de grupos vulnerables, habrían sido tolerados por alcaldes de otras ciudades?
Aquí se impone la Anomalía como perfecta Normalidad. El delito oficial irresuelto, que es un resorte de nuevas oportunidades laborales.
Pero eso sí: Garibaldi quedará “rechinando de limpio”. ¿Cierto, @ManceraConecta y Jesús Rodríguez @JesusRo66690592?