La edad de la madurez social y política. Respuesta a @LizGamboaSong

blogeditor · 25 de febrero de 2013

La edad de la madurez social y política. Respuesta a @LizGamboaSong

 

Por: Francisco José Huber Olea Contró

 

La sabiduría de los ancianos es un gran error. No se hacen más sabios sino más prudentes.

Ernest Hemingway

 

Respetuosamente, divulgo a usted querido lector y votante, una respuesta a la columna “Los más jóvenes también deben tener derecho a ser votados”, razonamientos de la diputada Lizbeth Gamboa Song en defensa a su propuesta de reforma constitucional.

El día siete de febrero del año en curso, la diputada priista a nivel federal Lizbeth Loy Gamboa Song subió a tribuna de la H. Cámara de diputados una iniciativa de reforma constitucional al artículo 55 que enlista los requisitos para ser diputada o diputado; la modificación planeada es con precisión a la segunda fracción, en donde se encuentra la edad mínima para ser diputado.

Actualmente, las y los ciudadanos tienen la facultad de votar y ser votados reconocida por el artículo 35 de la ley suprema, y según el artículo a reformar, necesitan tener 21 años al día de la elección para poder ser legisladores. La diputada propone que a partir de los 18 años, las y los mexicanos puedan ser electos como representantes del pueblo.

Lo que implicaría que iniciaran carrera política desde los 15 años, tal vez antes; tendrían también que construir trascendencia partidista desde esa edad y, en su caso, la posibilidad de tener afiliación a partidos políticos, pues como ya es conocido, la edad mínima para incorporarse oficialmente a los partidos políticos es a los 18 años según los estatutos internos, y en partidos como el PAN, PRI o PRD, para ser candidato es importante la afiliación. Asimismo, podríamos tener certeza de que los adolescentes al cargo no tendrían conocimientos universitarios, el tiempo no da para ello.

No es requisito que los diputados y diputadas tengan conocimientos universitarios, sin embargo, es menester recordar que las exigencias del país, del entorno laboral y de la propia naturaleza del cargo, exigen tener más que representación. No basta con tener el “querer hacer”, se trata de tener el “cómo se hará”.

 

Madurez o representación

Aunque la madurez no sea precisamente una cuestión de edad, es menester recordar que la experiencia que da los años viene, casi siempre, combinada de sensatez y prudencia, características básicas de quien pretende legislar, por lo que es un error pensar que la reforma al citado artículo lograría una representación más directa de los jóvenes: ¿Cómo sabrá un joven de 18 años lo que necesita el país si tal vez no sepa lo que él mismo necesita?

Claro ejemplo está en las últimas elecciones mexicanas, mismas que fueron intempestivamente sorprendidas por un movimiento estudiantil que aparentaba ser genuino: “Yo soy 132”, jóvenes que invadieron calles con el fin de ser escuchados, en más de una ocasión cayeron en contradicción al decirse imparciales y llevar la manta de apoyo a Andrés Manuel López Obrador, y que finalmente, cerraron el episodio dando a uno de los líderes –siendo que profesaban no tener cabecillas- un espacio televisivo en la empresa “archienemiga”, Televisa. Imaginemos legisladores con el ímpetu de los 132, apartando vías institucionales y tomando por cada suceso la tribuna, aunque ya tenemos algunos como ellos, más desorden no sería sano para nuestra democracia en consolidación.

No se podría decir que dicha modificación lograría un efectivo acceso de la juventud a la política nacional, pues en la realidad, sólo los jóvenes de familia tradicionalmente dedicada a la política tendrían acceso a una candidatura de este tipo por cuestiones de tiempo y experiencia.

La vía para incluir la representación juvenil es mediante la implementación de mecanismos de participación directa además del voto; referéndum, por ejemplo. Incluyendo la promoción constante para su inclusión con el fin de combatir la pereza política.

Por supuesto, la señorita Gamboa Song, fungiendo como representante genuina de la juventud, acierta en presentar una iniciativa que busque la inclusión, sin embargo, invito a los lectores y lectoras a tomas postura al respecto y tener comunicación con su diputado o diputada correspondiente para, una vez más, hacer realidad la voluntad popular siempre en miras del bien común.

Como Aristóteles sabiamente definiría, la política es el arte de gobernar, esto conlleva en cada decisión un acto de prudencia y ésta última se consolida en la persona con la experiencia y el propio tiempo. La reglamentación actual al derecho político del voto pasivo no violenta la representación ni asegura la llegada de personas prudentes a la legislatura, sin embargo, conforme a las máximas del propio tiempo y la vida, disminuye la posibilidad de que lleguen al cargo quienes aún no tienen la facultad de asumir las responsabilidades que da la representación.

 

* Francisco José Huber Olea Contró es abogado y maestro universitario. Se ha desempeñado como Abogado General de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y Director de la División de Estudios de Posgrado de la Academia Mexicana de Derecho Canónico. Actualmente es magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.