La Doctrina Donroe* ataca de nuevo

Redacción Animal Político · 24 de octubre de 2025

Durante doscientos años los Estados Unidos han buscado manejar el destino de los países del continente americano a través de la tristemente celebre Doctrina Monroe. En diciembre de 1923, James Monroe, el quinto presidente de ese país, celebró un discurso en el que aclaró a las potencias europeas que, desde ese instante, ya ningún país de América estaba abierto a ser colonizado. Ofrecieron, a cambio, que ellos dejarían en paz a Europa.

“América para los americanos” fue el lema de aquella enmienda, que con el paso de las décadas se transformó en “América para los estadounidenses”.

Dicho axioma guió inicialmente la política exterior de Washington en relación con Europa y el continente americano durante más de un siglo. Aunque a partir de entonces ningún país europeo intentó establecer alguna colonia, fuera de las que ya operaban, Estados Unidos faltó a su palabra de no entrometerse en conflictos europeos al participar en la 1ª y 2ª Guerra Mundial.

Tras el inicio de la Guerra Fría (1947), los gobiernos estadounidenses se han escudado en la Monroe para extender la prohibición de influir en Latinoamérica a países ya no europeos sino asiáticos como Rusia y China, que se regían bajo gobiernos socialistas, un sistema que, desde entonces y hasta la fecha, es visto en Washington como contrario a “sus intereses”.

Han sido al menos 8 décadas en las que el “fantasma del comunismo” fue  utilizado como excusa para que Estados Unidos aplique bloqueos económicos y financie dictaduras militares en prácticamente todos los países del continente, salvándose solo un puñado, entre ellos, México.

En su segundo periodo como presidente de los Estados Unidos que inició en enero de este año, Donald Trump ha retomado aquella vieja creencia, que se rige ahora bajo nuevos preceptos, envilecida bajo el seudónimo de Doctrina Donroe, DD o Dede para los cuates.

La primera medida en esta etapa es la reducción del multilateralismo con las naciones del continente a las que ahora, incluso la otrora fiel Canadá, se les mira con recelo. Eso implica que la mayoría recibirán un trato de vasallos del cual estarán exentas las naciones cuyos presidentes muestren la suficiente capacidad de humillarse, de alinearse ideológicamente y de aceptar tratos abusivos como ya lo hizo Javier Milei, quien maneja en Argentina un laboratorio de la nueva derecha. En contraste, todo el peso de la ley a gobiernos progresistas que critiquen o pretenden navegar contra la agenda conservadora.

Como el aspirante a dictador que habita la Casa Blanca necesita legitimarse, mediante la Doctrina Donroe cualquier país, sus dirigentes incluidos, pueden ser acusados de narcoterrorista y atacados sus barcos de pescadores con misiles sin que haya necesidad de mostrar la evidencias de que en esas lanchas viajaba droga suficiente para matar a los pobrecitos consumidores en la patria de Lincoln.

A todos los países de América se les aplicarán tarifas (“son un acto de guerra”, dijo en los ochenta Ronald Reagan) por, juran los economistas trumpianos, “el abuso que han hecho en décadas de acuerdos comerciales desfavorables para los Estados Unidos” sin importar que ellos mismos hallan escrito y firmado aquellos tratos.

Todos los ciudadanos latinoamericanos con una situación migratoria irregular en Estados Unidos serán detenidos, tratados como criminales y enviados de vuelta a sus respectivos “agujeros infernales”. La frontera sur con México quedará clausurada para que ningún inmigrante ilegal intente ingresar de nuevo a tratar de abusar de los beneficios del que sus autoridades catalogan como el país más maravilloso del mundo. Bajo la nueva DD se acabó el estatus de protección temporal para migrantes de países como Venezuela, Nicaragua, El Salvador u Honduras, y también se eliminará el parole humanitario de ciudadanos en países con gobiernos fallidos, que por regla se hallan en esa situación como consecuencia de las políticas de Washington.

Y si en la Doctrina Monroe original se planteaba una separación con Europa y sus sistemas de gobierno, la Didi de hoy sólo reconoce la herencia centroeuropea, tanto para su forma de gobierno como en la mayor parte de las manifestaciones culturales. Trump y su asesor en temas migratorios, Stephen Miller, han detallado que Estados Unidos es un país de raíces blancas, cristianas y conservadoras. Supremacismo donde juzgan como inferior cualquier otra raza o expresión religiosa llegada del sur o del oriente. Ya lo dijo el hoy presidente en sus discursos de campaña: “Los migrantes vienen a envenenar la sangre de nuestro pueblo y no se los vamos a permitir”.

Así es que en Latinoamérica lo deben de tener muy claro: la Doctrina Donroe los va a calumniar, amenazar, bulear. Va a soslayar su historia y sus aportes al desarrollo de la humanidad. Va a fortalecer la guerra contra el narcotráfico para seguirla usando como pretexto para enviar armas para que se maten entre ellos. Y además los va a culpar por las muertes de los consumidores al norte del continente, así como no se culpa a don Jack Daniels por las muertes por cirrosis.

Insisto: la Doctrina Donroe no reconoce a ninguno de los países cercanos como vecino, socios ni aliados, ya no digamos hermanos.

Retomando el discurso de campaña del hoy presidente, a los latinoamericanos se les mira como inferiores, en sitios llenos de gente ignorante, narcotraficantes y violadores. “Only bad people”, no se ha cansado de acusar Trump, el creador intelectual de la Doctrina Donroe.

Un personaje que, sin pruebas, pero con la fortaleza de su mitomanía compulsiva, demostrará cada punto de lo que acusa.

 

* El término “Doctrinas Donroe” se publicó por vez primera en un ensayo publicado esta semana en The Wall Street Journal, firmado por Vera Bergengruen. El cual no pude leer por no tener suscripción a ese medio.