La dignidad humana, fuente y culmen de la Bioética

Redacción Animal Político · 8 de marzo de 2023

La dignidad humana, fuente y culmen de la Bioética

La dignidad humana (DH) es un concepto que utilizan quienes se dedican a las
disciplinas y ciencias relacionadas con la vida en general. En Bioética, se trata de un
término casi omnipresente; sin embargo, sus usos son tan diversos que llegan, incluso, a
la incoherencia. Por tanto, es importante la aclaración crítica de los profundos
significados y alcances filosóficos de los recursos de una noción tan confusa.
Frecuentemente, quienes la utilizan se basan en presupuestos de tipo idealista y
espiritualista, religioso y metafísico, implícitamente asociados con el concepto de
dignidad.

Hay quienes han pretendido establecer la DH, noción en apariencia muy antigua y que
se suponía tenía alcances universales, como el fundamento o el principio fundamental,
único, unívoco e indiscutible de todos los derechos humanos, que son más modernos y
se encuentran inmersos en constantes debates.

Es sabido que las referencias a la dignidad son especialmente frecuentes, aunque
problemáticas, en los campos bioéticos relativos a la experimentación con seres
humanos, la reproducción asistida médicamente, la eutanasia, la eugenesia, la donación
de órganos y el estatus del cuerpo humano, sin olvidar la relación con los vivientes no
humanos ni las especulaciones transhumanistas y posthumanistas.

El Homo sapiens, por distintos y convergentes caminos, ha descubierto que el modo
más seguro y eficaz de compaginar la felicidad y la justicia es afirmando el valor
intrínseco de cada ser humano. Ahora bien, ese valor supremo ha encontrado su mejor
definición operativa en el concepto de derechos prelegales (subjetivos, innatos,
morales), que a su vez se han concretado en los llamados derechos humanos, una de las
creaciones más inteligentes de la humanidad. Tanto los derechos como la DH dependen
de una inteligencia práctica que justifica la necesidad de afirmar el valor absoluto del

ser humano; es decir, estos conceptos no son una propiedad humana, sino el resultado
de un acto constituyente. Por eso, idealmente, se podría expresar que:

Nosotros, los miembros de la especie humana […] reconocemos a todos y cada uno de
los seres humanos un valor intrínseco, protegible, sin discriminación por edad, raza,
sexo, nacionalidad, idioma, color, religión, opinión política, o por cualquier otro rasgo,
condición o circunstancia individual o social. Y afirmamos que la dignidad humana
entraña y se realiza mediante la posesión y el reconocimiento recíproco de derechos.

1 En consecuencia, la Bioética y la DH son directamente proporcionales. Por eso es
indispensable insistir en la inclusión, implementación y fortalecimiento de condiciones
de posibilidad que refuercen las probabilidades de una vida felicitante para los humanos
—sin involucrar sufrimiento innecesario para los demás seres vivos— y de una
supervivencia en la casa común de todos los vivientes: el planeta Tierra.

En este contexto interactúan la DH, la Bioética, la inteligencia social y la perspectiva de género.
Por eso, comencemos por expresar que la DH, que puede entenderse como las
condiciones mínimas de posibilidad para que un sujeto elija libremente una vida y una
manera de actuar correctas, deseables o adecuadas es punto de partida y de llegada de la
Bioética, que puede ser definida como el uso creativo del diálogo inter, multi y
transdisciplinario entre las ciencias de la vida y los valores morales, con la finalidad de
formular, articular y, en la medida de lo posible, ofrecer respuestas y soluciones a los
problemas planteados por la investigación y la intervención sobre la vida, el medio
ambiente y el planeta Tierra. Bioética y DH se requieren mutuamente y mantienen una
interacción directamente proporcional.

Ahora bien, esas condiciones mínimas requieren, entre otras, dos premisas
indispensables: el diálogo creativo, que frecuentemente desemboca en la inteligencia
social, y la perspectiva de género.

La inteligencia social, también llamada inteligencia de grupo, puede describirse como la
capacidad de razonar, aprender, adaptarse, crear, buscar soluciones, resolver problemas,
realizar ajustes en tiempo real, tomar decisiones y organizar el conocimiento de una
manera colectiva, muchas veces con apoyo y sobre el soporte de las Tecnologías de la
Información y de la Comunicación (TIC), para hacer viable que otras personas también
hagan uso de esta capacidad. La inteligencia social se manifiesta en grupos que, con
buena voluntad y mente clara, disciernen mejor la realidad, establecen los hechos más
relevantes, y, hasta donde es posible, buscan e inventan respuestas y soluciones eficaces
a los problemas.

La razón fundamental estriba en que las creencias reguladoras de su
existencia, su manera de elucidar y resolver conflictos, sus sistemas de deliberación y
su moral potencian al máximo las inteligencias individuales y las virtudes de cada una
de las personas que conforman la comunidad.

Por su parte, la perspectiva de género consiste en la metodología y los mecanismos que
permiten identificar, cuestionar y valorar la discriminación, la desigualdad y la
exclusión de las mujeres. No debe olvidarse que la Bioética feminista y la Bioética de
género son conceptos emergentes en el contexto interdisciplinario de esta disciplina.

Por eso, si ésta es capaz de integrar el feminismo y la perspectiva de género, cuya base
es la DH, tendrá grandes probabilidades de acoger y asimilar la denuncia que estas
teorías, con fundamentos filosóficos, políticos, antropológicos, psicológicos, legales e
históricos, han hecho contra el sistema de opresión condicionante del desarrollo de la
vida humana sobre la base de la diferencia sexual ¾arbitrariamente definida¾ entre
mujeres y varones.

Además, la interacción entre Bioética, DH y perspectiva de género
permitirá transformar el mundo actual en uno donde los individuos oprimidos de hoy
puedan prosperar y lograr su florecimiento humano, es decir, una vida felicitante.

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Una de las vías que posibilitan la definición de escenarios para lograr lo anterior es la
integración de la inteligencia social, ya que si un colectivo regula su existencia sobre
creencias patriarcales o meramente idealistas, que no abordan la condición histórica y
política de las mujeres ni de los demás grupos que padecen vulnerabilidad
antropológica y social, no generará comportamientos inteligentes, sino del tipo de los
que provocan sufrimiento innecesario y, muchas veces, muerte. En Bioética, debido a
una nueva configuración de las relaciones de los humanos con los animales no
humanos, con demás seres vivos y los recursos del planeta Tierra, urge revisitar las
propuestas teóricas para buscar y crear soluciones concretas a los problemas que surgen
día a día.

Algunos enfoques feministas y con perspectiva de género, sobre la base de la DH, han
propuesto la defensa de las clases desposeídas y de las minorías, los derechos de los
animales no humanos, y el resguardo de los recursos naturales. Por eso, una comunidad
bioética que no integre a las mujeres entre sus miembros no generará una Bioética
inteligente, eficaz, que dé respuestas y sugiera soluciones. Cuando varones y mujeres,
trabajando en equipo, colectividad o comunidad, se enfocan en solucionar los
problemas de la violencia contra los más vulnerables, se crea inteligencia social, capaz
de ayudar a reducir el sufrimiento innecesario para los seres humanos, para los seres
vivos no humanos y para el planeta.

* Eduardo Farías Trujillo es licenciado en Filosofía por la Universidad Vasco de
Quiroga; maestro en Teología y Ciencias Patrísticas por la Universidad Lateranense de
Roma, en Ética y Bioética Aplicada por la Universidad Autónoma de Querétaro, y en
Bioética por la Universidad de Clarkson de Nueva York. Actualmente es candidato a
doctor en Bioética en la UNAM.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores.
No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición
institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

1 Arellano Rodríguez, J. S. y Farías Trujillo, E. (2020). Perspectivas sobre el concepto
moral de dignidad humana, en Martínez Gómez, J. A., Arellano Rodríguez, J. S. y Ruiz

Canizalez, R. (Coords.) Bioética y derechos humanos. Ensayos desde la pluralidad y la
reflexión ética, Gedisa, pp. 17-30.
2 Marina, J. A. y Válgoma, M. (2008). La lucha por la dignidad, Anagrama, Barcelona.