blogeditor · 2 de junio de 2017
Por: Tonatiuh Suárez-Meaney, Jesús Andrés Barranco Pérez, Luis Chías Becerril
La primera encuesta política en el mundo fue hecha hace 80 años, con una muestra de 2.3 millones de votantes estadounidenses. En ella se “predecía” la victoria del Partido Republicano, que en realidad perdió tal como había predicho correctamente y con gran precisión George Gallup, mediante unas cuantas entrevistas y, por primera vez en la historia, con una sólida base matemática. Las bases científicas de la estadística habían nacido apenas 20 años atrás con el trabajo de Fisher, Pearson y otros estadísticos y era complejo hacer un buen trabajo. La gran idea de Gallup fue una especie de seudo experimento (como se le conoce en la ciencia): la ley de grandes números permite que entre menos encuestas se hagan sea mejor el resultado, pues se incrementa la calidad de levantamiento en una muestra adecuada.
Se impuso primero la moda de aplicar encuestas políticas y luego la de fallar en ellas sin siquiera sonrojarse. Entre más reñida sea una elección, más impredecible es el resultado porque la muestra se vuelve pequeña. Veamos por ejemplo el caso emblemático de la reñida elección del 2006, mucho más difícil de predecir que una más “estable” como la de 2012. En la gráfica 1 vemos los resultados de los principales encuestadores de su última encuesta comparada con el resultado electoral. En cualquier dato estadístico se espera una variación del resultado muestral con el del universo, debida al mismo concepto de muestra. Pero vemos que hay “antiencuestas” como las de TV Azteca, la empresa que más falló no por mala suerte, pues las 5 encuestas anteriores mostraban la misma tendencia, lo que refleja una metodología defectuosa por incompetencia en el mejor de los casos.
Gráfica 1. Resultados de la última encuesta presidencial 2006 de intención por empresa encuestadora contra dato real final
Pero vemos a los encuestadores al final de la contienda, como vemos a los futbolistas perdedores entrevistados al final del partido: ofreciendo el mismo discurso que no desquita millones de dólares: “así es el futbol y qué le vamos a hacer, solo prepararnos porque así es el futbol, a veces se gana y a veces no pues así es el futbol”. Nos dicen a veces que así son las encuestas, pero en realidad lo maravilloso y misterioso de la estadística es que debemos saber con el llamado “nivel de confianza” cuántas veces fallarán. El problema es que, en casi todo el mundo, este tipo de instrumentos (las encuestas, no la estadística), ya están fallando más de lo previsto. Hoy es mejor predecir con la bigdata, (tweets, aforo web, aforo en mítines medido con presencia de móviles, etc), o con el razonamiento deductivo, y a veces hasta la ouija parecería una mejor opción. Hay muchos factores contra las encuestas: intereses mezclados, mentira por factor pena (si voto por la izquierda me dirán chairo) o factor miedo a represalias o hasta a secuestros, miedo inútil aunque las encuestas sí pueden llegar a secuestrarnos.
El gran estadístico mexicano Ignacio Méndez dice que lo único seguro de una estadística es que fallará, aunque podemos saber hasta cuánto. De hecho, una encuesta con error cero sería muy sospechosa. También dice que la garantía estadística es el método aleatorio simple. Pero una muestra electoral al azar hoy es muy costosa. La elección de los encuestados es la que debe ser azarosa, ¿pero qué pasa si la opinión de los encuestados es la azarosa?
Estadistas
Aunque la palabra estadística, acuñada por Gottfried Achenwall en el siglo XVIII proviene de “estado”, porque se supone que los concejos estatales son los que la usan para tomar decisiones, hoy los estadistas son los principales enemigos de las estadísticas. Al estilo “cuántico” new age, esperan la encuesta para actuar, de modo que ellos van transformando la realidad. Si al político de moda le advierten que los encuestados lo consideran corrupto, quizá no aumentará su transparencia, pero si le dicen que sus corbatas son cursis, las cambiará de inmediato. Los políticos creen que nos importan. Bauman considera que vivimos la época de la sociedad líquida, porque los sucesos no parecen ser sólidos, ni conservar su forma algún tiempo y se van desgastando.
También la política es líquida: un día aparece la llamada “recaudadora” recibiendo dinero de alguien que repite mientras lo entrega el mantra “es para López Obrador López Obrador López Obrador López Obrador”, como si fuera un burdo juego de mesa que se supone que la receptora no logra decifrar, aun cuando el espectador más tonto lo entiende. Pensamos que ha sido embaucada y nos apena su torpeza. Pero el martes aparece tomando más dinero mientas la misma persona sigue repitiendo el mantra obradoreño; al otro día otra dosis y así entendemos que la beneficiaria no se da cuenta porque es adicta a ese juego. Pero a la semana siguiente sabemos que la oferente que recita el mantra es la hermana del fiscal de Veracruz, que a su vez es allegado del principal “enemigo” político del muso mántrico. No da tiempo ni siquiera de que un hecho se solidifique o que llegue a causar significado. De hecho, “la recaudadora” famosa unos días, en un año nadie sabrá quién es. Se supone que es estadista, y dejará de serlo. Hechos de aquí para allá azarosamente. No en vano Presowsky, mucho antes, definió la democracia como la institucionalización de la incertidumbre. Cuando no sabemos quién va a ganar es porque hay democracia. Pensaríamos que entonces en el Estado de México hay una gran democracia porque no sabemos quién va a ganar; desgraciadamente falta el otro elemento de la definición: “la institucionalización”.
A veces hay que teorizar un poco para comprender las cosas. Harold Hotelling, un matemático de principios de siglo XX, planteó en un artículo clásico (gráfica 2), que si había una sola tienda de algo en medio de una avenida, tendría todo el mercado para ella sola, pero ¿qué pasa cuando se instala una nueva tienda? La mejor posición para ambas sería que cada una abarcara la mitad del espacio (suponiendo una distribución homogénea del mercado), así no se pelearían y compartirían el mercado en partes iguales. Sin embargo, lo que en realidad ocurre es que quien llegó primero no cede ese sitio y al entrar el segundo y tercer competidor no buscan estar a la mitad sino acercarse al codiciado punto medio, hasta que saturaran el mercado. El economista Keneth Arrow planteó que lo mismo ocurría en la política electoral, y al final todas las ofertas políticas buscarían estar en la media, ni de izquierda, ni de derecha.
Esto se explica en parte porque en realidad no existen partidos de izquierda proponiendo la abolición de la propiedad privada. Los partidos de derecha se dan más licencias proponiendo las cosas absurdas de su lado, pero aún así no los vemos en un extremo proponiendo la esclavitud o la religión de Estado. El colmo ocurre por ejemplo en México, con un partido verde que propone la pena de muerte. Se trata de ir a la media. Al contrario que en los negocios, en la política el político no tiene ninguna obligación real y exigible de cumplir, por lo que puede ofrecer cosas de la media y dar lo que se le antoje gracias a lo que se llama dolo bueno.
Estado de México
Cuantos más competidores haya en el juego de azar electoral, más azaroso será el resultado. Ni siquiera vemos donde está el preciado centro de la calle de Arrow. Vemos que del Mazo ofrece salario rosa (alguien le dijo que los niños azul y las niñas rosa). Delfina se agacha cada vez que recibe un golpe que no sabe ni por dónde le llega y ni siquiera iba para ella. Creemos que Josefina se ríe de los otros cuando les dice cosas muy serias, pero quizá sean el botox. Zepeda nos recuerda al compañero de secundaria que lanzaba papelitos con saliva y luego se reía. Y también participa una independiente-dependiente. Pero más allá de lo anecdótico, no vemos ninguna oferta ideológica. Es porque todos están tratando de llegar al punto medio donde se optimiza la “venta”.
Puede ser productivo analizar la situación también de forma deductiva. Veamos la geografía del voto, a partir de los resultados de cuatro periodos recientes para diputados federales (que en geografía del voto se ha considerado el indicador más estable).
Si quisiéramos entender quién ganará una guerra, podríamos comenzar por pensar en quién es el más poderoso. Luego qué armas tiene el enemigo y dónde las tiene. Las elecciones en México las vivimos como una guerra. Si vemos las figuras del mapa 1, no nos quedará duda del poder del PRI que incluso ha ganado territorio. En el mapa 2, podemos ver dónde están esas armas de las elecciones llamadas bastiones, es decir, los lugares leales que nunca cambian de partido. Pero si en seguida vemos el mapa 3, de proporción de población adulta, veremos que donde están sus armas casi no hay población. Son muchas zonas rurales, llenas de localidades de unos cientos de personas. Operar un arma débil y fragmentada puede resultar muy caro, pero cuando no hay una institucionalización suficiente se vuelve una invitación a la trampa, pues son zonas poco comunicadas y poco conectadas. El PAN tiene de esos bastiones y muy poblados en la zona poniente de la ciudad. El PRD tiene algunos importantes del lado oriente con mucha población, pero ya no sabemos si siguen perteneciéndole o han pasado a Morena. También se identifican muchas zonas “sin dueño” que coinciden con las zonas muy urbanizadas. Podemos suponer entonces que la elección de gobernador del Estado de México sea más parecida al 2006 que al 2012.
Mapa 1. Ganador por sección en elecciones para diputados federales
Mapa 2. Bastiones. (Secciones que no han cambiado de partido en las últimas cuatro elecciones)
Mapa 3. Proporción de población municipal sobre la estatal
En el juego de mapas 4, vemos cómo se da la intensidad de la competencia. Entre más oscuro sea el sombreado, más intensidad (definida técnicamente mediante desviaciones estándar). Podemos ver que en el Estado de México cuando hay elecciones compartidas con presidenciales (2006 y 2012) la intensidad en las zonas urbanas (muy pobladas) es más acentuada, pero en las elecciones intermedias no. Estas elecciones aunque no “llevan” presidente, se esperan que sean muy competidas porque “llevan” gobernador y por su trascendencia nacional. Es casi seguro que serán reñidas en las zonas urbanas e inevitablemente de carro completo en las zonas rurales.
Juego de mapas 4. Intensidad de competencia por sección
Si queremos buscar una explicación a esta situación, la podemos encontrar parcialmente en una de las pocas variables que se relacionan con el porcentaje de voto por el PRI: el porcentaje de viviendas con internet. En la gráfica 3 apreciamos que para las mismas elecciones que hemos revisado existe la tendencia de que las secciones con más internet votan menos por el PRI. Esta tendencia se ve en 2010, ahora las viviendas cuentan con más internet, lo cual es solo un indicador de muchas cosas: ven menos televisión, tienen más información y posibilidades de intercambiar ideas y hasta frustraciones. Además, son zonas mejor vigiladas, donde la trampa puede ser un poco más amenazada. Un dato muy importante es que, de los bastiones del PRI, ninguno tiene más de 40 % de viviendas con internet. Si actualizamos la gráfica 1 con las tendencias actuales, tendríamos que cerca del 30% de sus bastiones podrían dejar de jugar ese papel.
Gráfica 3. Internet y voto por el PRI
Preconclusiones
Aunque el Estado de México puede ser más azaroso que el estado del tiempo, creemos que un arribo por la puerta fácil (operaciones electorales fuera de la ley) será un poco más difícil que en otros tiempos. Por lo que seguramente el PRI verá una competencia mucho más reñida que la del 2006. Su ventaja es que la competencia se ha diluido entre muchos candidatos haciendo honor a Hotelling. Es predecible también que la masa indecisa que llega a 40 % en algunas encuestas vote al menos en una porción, y bastaría que saliera a votar el 25 % de esa masa (que es generalmente antipriìsta) para que la situación favoreciera a la candidata de Morena. Lo que es casi seguro es que será hasta ahora la competencia electoral más reñida del Estado de México en su historia, y que cada momento los participantes lo vivirán al filo.
* Tonatiuh Suárez-Meaney, Andrés Barranco Pérez y Luis Chías Becerril son parte de la Unidad de Geotecnología en Infraestructura, Transporte y Sustentabilidad del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (GITS-IG-UNAM).