La desigualdad financiera en nuestro país

blogeditor · 2 de julio de 2021

La desigualdad financiera en nuestro país

¿Qué harías si supieras que las mujeres reciben menos créditos porque no tienen ingresos fijos y porque un gran número de ellas trabajan en la informalidad, debido a que son responsables de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos y se ven obligadas a buscar empleos flexibles? Desafortunadamente esta es la historia de muchas mujeres mexicanas, como se muestra en el estudio “El Crédito en México: productos, instrumentos y evolución”1, realizado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Pero, ¿por qué es importante tener acceso a los servicios financieros? La respuesta es muy clara, ya que estos permiten potenciar la calidad de vida de las personas, aminorando la pobreza e impulsando su desarrollo. Su impacto es tal, que diversos especialistas los han colocado como elementos preponderantes que ayudan a cumplir siete de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Desafortunadamente nuestro país está lejos de alcanzar la equidad financiera. Esta brecha se incrementa si hablamos de mujeres indígenas, desempleadas o con empleos informales. Por eso necesitamos exigir al gobierno la creación de políticas públicas inclusivas y solicitar al sector privado su participación para que las mujeres accedan a estas herramientas financieras.

La brecha de género en el financiamiento es tal que los hombres reciben más créditos formales (seis puntos porcentuales más) que las mujeres. Asimismo, el 38% de los hombres accedieron a créditos informales contra el 29% de las mujeres. Esto quiere decir que un gran porcentaje de las mujeres tuvieron que pedir dinero prestado a familiares, amigos o conocidos, casas de empeño o una caja de ahorro. Lo malo de este tipo de financiamiento es que no cuenta con alguna regulación o supervisión. Además, las mujeres que accedieron a una caja de ahorro, tienen un crédito que en muchas ocasiones se vuelve impagable por las elevadas tasas de interés.

Si ahora pensamos en las mujeres que no cuentan con un trabajo formal o que viven en zonas rurales, sus condiciones crediticias disminuyen sustancialmente. Lo preocupante es que difícilmente estas mujeres y sus familias podrán salir del lastre económico y de pobreza en la que viven. Las personas adultas con financiamiento que no cuentan con trabajo y que no estudian o que solo estudian son el 46%, contra el 68% de adultos con un trabajo formal. Por otro lado tenemos el ingreso mensual. En este caso encontramos que el 58% de los adultos que reciben hasta un salario mínimo accedieron a un financiamiento, por un 71% para los que perciben más de 4 salarios mínimos.

Si estos resultados los “alineamos” con lo presentado por género, nos damos cuenta que las mujeres están en una clara desventaja, ya que muchas de ellas trabajan en la informalidad y otras tantas perciben salarios muy bajos. Para poner en contexto lo anterior, con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, para el cuarto trimestre de 2019 el 57.6% de las mujeres trabajaban en el sector informal. Actualmente el gobierno federal otorga créditos a la palabra por 25 mil pesos para las mujeres emprendedoras, si bien el programa está en su segundo año, se necesitará hacer un análisis profundo de sus resultados e impacto.

Adentrándonos en los créditos formales, seguimos encontrando ciertas brechas de género, por ejemplo en los tipos de crédito, donde los hombres obtuvieron 9% de crédito para la adquisición de una vivienda contra el 5% para las mujeres. Este dato es alarmante ya que refleja lo vulnerables y dependientes que vuelven a las mujeres. Ya que tiene que enfrentar más obstáculos para poder adquirir una vivienda propia. En este tenor el INFONAVIT en el primer trimestre del año indicó que uno de cada tres créditos fue para una mujer.2

Estos son algunos de los datos más reveladores que muestran cómo la mujeres tienen menores oportunidades económicas y por ende de financiamiento. Ya sea porque no todas participan en la fuerza laboral o porque trabajan en empleos informales o mal remunerados, o porque aún trabajando en la formalidad sus ingresos son menores al de los hombres. De hecho las mujeres indígenas son las más vulnerables en este sentido y las que tendrán una mayor dificultad para salir de la pobreza.

Es necesario que el gobierno implemente políticas públicas novedosas de inclusión financiera donde las mujeres sean las principales beneficiarias, ya que la banca tradicional se ha enfocado en los hombres y en las empresas formales. No es suficiente con el programa actual de créditos a la palabra, con 25 mil pesos las mujeres no pueden salir de este círculo vicioso. El programa debería contemplar registrar su historial crediticio para que la banca comercial la tome en cuenta y que existan créditos hipotecarios que se adecuen a las necesidades de las mujeres.

* Miguel Ángel Santibáñez es especialista en Finanzas Públicas de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas (@ethoslabmx).

 

 

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.