La democratización en el uso del tiempo: el nudo persistente para avanzar en la igualdad de género

Redacción Animal Político · 15 de septiembre de 2025

¿Alguna vez te preguntaste si realmente eres libre de usar tu tiempo como deseas?

Millones de mujeres en México dedican gran parte de sus horas a tareas domésticas y de cuidados no remunerados. Son esas jornadas invisibles las que sostienen a las familias, permiten el funcionamiento de la sociedad y mantienen viva la economía. Sin embargo, esta provisión feminizada de cuidados empuja a las mujeres a sufrir pobreza de tiempo, un nudo estructural que impide avanzar hacia la igualdad de género.

La publicación de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ofrece una radiografía precisa de cómo se distribuye el tiempo en México entre empleo, cuidados, tareas domésticas, ocio y actividades sociales. Es uno de los instrumentos de medición más potentes para visibilizar públicamente las desigualdades que reviste la forma en la cual hombres y mujeres hacemos uso de nuestro tiempo.

Los resultados confirman una realidad conocida pero persistente: el trabajo no remunerado sigue recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres.

Una carga desigual que no se rompe

La ENUT 2024 reporta que la población dedica en promedio 59.6 horas semanales al trabajo total (remunerado y no remunerado). Sin embargo, la distribución es profundamente desigual:

  • Las mujeres trabajan más horas que los hombres (61.1 frente a 58.0).
  • Pero dos tercios de su tiempo (64.8 %) se concentran en trabajo no remunerado.
  • En contraste, los hombres dedican solo 33.2 % de su tiempo a este tipo de actividades.

Las cifras reflejan la persistencia de un mandato de género tradicional: ellas como cuidadoras principales, ellos como proveedores económicos. Esta división sexual del trabajo se traduce en desigualdad de reconocimiento social y económico, aun cuando el cuidado es esencial para sostener la vida y el bienestar colectivo.

Brechas que persisten y nuevas desigualdades

El hallazgo más contundente es que la brecha más amplia sigue estando en el trabajo de cuidados y doméstico: las mujeres dedican en promedio 21.5 horas más que los hombres a estas tareas cada semana. Entre 2019 y 2024 hubo ligeras reducciones en las horas totales trabajadas, pero la desigualdad se mantiene prácticamente intacta.

Incluso transformaciones profundas como la pandemia de COVID-19 o la introducción de políticas iniciales de cuidados no han logrado revertir estas estructuras. En muchos casos, la aparente disminución de tiempo dedicado a tareas no remuneradas se explica más por estrategias de sobrevivencia (menos descanso, ocio o calidad en el cuidado) que por una redistribución efectiva de las responsabilidades.

Interseccionalidad: desigualdades que se acumulan

La carga de trabajo no remunerado no se distribuye de manera homogénea. La ENUT 2024 revela que en localidades con menos de 10 mil habitantes, entre hablantes de lengua indígena o personas con discapacidad, el trabajo no remunerado supera el 60 % del tiempo total. Las mujeres indígenas son, particularmente, el grupo más sobrecargado.

Esto confirma la importancia de un enfoque interseccional en el análisis del uso del tiempo: las desigualdades de género no se experimentan igual en contextos urbanos que rurales, ni entre mujeres con diferentes condiciones socioeconómicas.

¿Y el tiempo propio?

Una de las novedades de la ENUT 2024 fue la medición del tiempo destinado a actividades culturales, deportivas, recreativas y de entretenimiento. En todas estas áreas los hombres reportaron mayor participación que las mujeres, salvo en la convivencia familiar y social. Los resultados son claros: ellos gozan de mayor tiempo propio, mientras que ellas concentran sus horas en sostener la vida cotidiana.

El cuidado como trabajo y como derecho

La ENUT 2024 confirma que la pobreza de tiempo de las mujeres es estructural. No se trata de una “ayuda” o un “apoyo”: es trabajo en sentido pleno. Invisibilizarlo en las políticas económicas, laborales y sociales significa seguir subsidiando, de manera gratuita, al Estado y al mercado.

Reconocer y redistribuir el trabajo de cuidados es indispensable para avanzar en la justicia de género. Ello implica:

  • Expandir servicios públicos de cuidado accesibles y de calidad.
  • Reformas laborales que garanticen el ejercicio del derecho al cuidado.
  • Medidas de reconocimiento y compensación del trabajo de cuidado no remunerado en los sistemas de seguridad social.
  • Campañas culturales amplias que cuestionen los mandatos de género.

Mientras los hombres sigan predominando en las decisiones y en el trabajo remunerado, y las mujeres carguen con el peso del cuidado no remunerado, la promesa de igualdad seguirá incompleta. Democratizar el uso del tiempo es más que una aspiración: es el paso necesario para construir un país donde la igualdad de género deje de ser un ideal y se convierta en una realidad cotidiana.

* Lourdes Jiménez Brito es investigadora de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social especializada en cuidados y seguridad social con enfoque de género y derechos; politóloga, maestra en Derecho Constitucional y autora de más de 20 publicaciones sobre la agenda de cuidados.  Docente y diplomada en políticas públicas, género y envejecimiento en instituciones como la UNAM, FLACSO y el CIESS.