La democracia o la causa

blogeditor · 27 de febrero de 2021

La democracia o la causa

En su libro El desencanto, publicado en 2009, José Woldenberg traza las diversas rutas -y algunas derrotas- de la izquierda mexicana, especialmente tras el movimiento del 68, y de la radicalización de ciertas corrientes y su fuga hacia movimientos armados. El panorama es el de muchos pensamientos, reacciones y praxis ante una sociedad política dominada por un partido hegemónico de Estado, fuerte presidencialismo, escasos o nulos contrapesos y sentido déficit de libertades y derechos civiles, políticos y económicos. El libro y sus reflexiones vienen a cuento por la paradoja actual.

Muchos de quienes hoy militan en Morena forman parte -o son sus herederos- de esas diversas corrientes de la izquierda, algunas de ellas incorporadas con reticencias a la disputa por el poder en el marco de reglas democráticas. Algunos senadores y diputados morenistas, periodistas, caricaturistas y académicos de izquierda e integrantes de organizaciones civiles abrevaron de ciertas posturas políticas que veían en la democracia y sus reglas un juego de espejos, un artilugio del que se valía una dictadura perfecta para eternizarse en el poder.

Pero a través de múltiples reformas políticas, iniciadas en 1977 y profundizadas en los años 90, México logró edificar un eficaz sistema electoral que garantiza la concurrencia, la competencia, la equidad electoral y la alternancia. El propio José Woldenberg ha documentado la manera en que esta institucionalidad ha permitido manifestarse y hacer realidad la diversidad política en nuestro país.

Sin embargo, en foros, en artículos, en iniciativas de ley, en declaraciones a los medios muchos de aquellos viejos izquierdistas que pugnaban por democratizar el país hoy defienden acciones del gobierno federal que buscan restaurar ese presidencialismo, esa ausencia de contrapesos, esa discrecionalidad, esa homogeneidad política, ese desequilibrio en la contienda electoral, esa persecución de los contrarios, esa flexibilización de la ley. Y lo hacen amparados en una entelequia: la causa del lopezobradorismo.

Escudados en ese ardid leninista, quienes hoy se dicen de izquierda desde Morena o desde el lopezobradorismo están dispuestos a sacrificar los principios y las instituciones democráticas ante algo que consideran intrínsecamente justo, evidente, necesidad histórica. Por eso vale la pena recordar que la democracia no garantiza buenos gobiernos -lo estamos viendo-, pero protege de los peores.

A esos representantes populares, periodistas, integrantes de organizaciones civiles que entienden al lopezobradorismo como una causa que hay que defender e impulsar pase lo que pase y cueste lo que cueste hay que recordarles por qué la democracia debe ser el valor incuestionable y el mecanismo universalmente reconocido para hacer viables las distintas visiones del mundo.

Para subsistir, la democracia necesita: i) el reconocimiento y la defensa activa de la diversidad  desde el poder público; ii) un sistema efectivo de división de poderes y de contrapesos que evite que se concentre poder en una sola instancia o persona; iii) la sujeción de las autoridades y de los particulares a las leyes, inclusive si no les parecen adecuadas o necesarias -como al Presidente no le resulta agradable la normatividad para la transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas-; iv) la existencia de medios informativos plurales, independientes, críticos y que dispongan de seguridad e información para hacer su trabajo; v) separación del poder político de la fe religiosa; vi) procesos electorales confiables, equitativos y libres de la intromisión del poder político; vii) respeto irrestricto de derechos fundamentales, incluyendo al de un medio ambiente sano (aunque la CFE quiera quemar combustóleo) y al de acceder a información pública (aunque Salud considere que la compra de vacunas y el plan de vacunación sean información reservada); viii) igualdad, tolerancia, no discriminación y protección de las minorías (políticas, raciales, de género, etc).

Este catálogo de principios democráticos constituye el sentido de lo que debería ser y debería buscar nuestra vida pública y nuestro actuar político. Cualquier actor o movimiento o causa política -por justificada que parezca, por honesta que se diga, por postergada que se asuma y sea cual sea su retórica- que se aleje de este catálogo es antidemocrático(a). Y toda erosión democrática augura tiempos funestos.

Valdría la pena que esos viejos izquierdistas y nuevos morenistas se pregunten qué prefieren: una causa o la democracia. No se puede comer de dos platos.

* Sergio López Menéndez es investigador en Controla Tu Gobierno, A.C. (@ControlaTuGob).