La democracia en los tiempos del algoritmo

Redacción Animal Político · 24 de febrero de 2023

 La democracia en los tiempos del algoritmo

Leí hace unos días la Conferencia Magistral de Marta Peirano en el INE , Democracia y redes sociales, que tuvo lugar en el 2021 y me parece de enorme vigencia la discusión que propone (aquí se encuentra la versión escrita).

En una democracia las conversaciones incómodas son necesarias y, sin duda alguna, Marta Peirano propone una conversación de esta naturaleza. México y muchos países necesitan hoy muchas conversaciones incómodas para defender y fortalecer su democracia y necesitan, sobre todo eso: conversaciones.

Sí, necesitamos conversaciones y no monólogos.

Necesitamos intercambiar, discutir, analizar ideas y visiones y dejar atrás los soliloquios, las noticias falsas y los sermones.

La gran pregunta después de escuchar a la periodista española es: ¿cómo fortalecer la democracia en los tiempos del algoritmo? ¿Cómo hacerlo después de Cambridge Analytica? ¿Cómo hacerlo después de que se ha documentado perfectamente cómo se vieron afectadas las elecciones de Estados Unidos a través de las redes sociales y del factor ruso en el proceso electoral y que puede repetirse -y ha sucedido- en otros países? ¿Qué es necesario para debatir, defender las instituciones democráticas y construir una cultura ciudadana que cuestione, dialogue y esté dispuesta a contrapuntear posiciones diversas cuando la ciudadanía se ha acostumbrado en pocos años  a “dialogar” a tuitazos y a no escuchar?

Hasta antes de las redes sociales, la autora plantea que vivíamos en un mundo diverso pero de realidades compartidas, en la que los medios de comunicación daban visiones diferentes  sobre los mismos hechos. Las redes sociales, que son en realidad empresas privadas que brindan el servicio de proporcionar un espacio para compartir información, han cambiado el juego.

Pasamos de la ilusión de la Primavera Arabe en 2010 (¿quién no recuerda la  emoción de saber el papel que jugaron las y los tuiteros en la caída de los regímenes autoritarios de la región y la famosa frase: “La revolución será tuiteada”?) al escándalo Facebook- Cambridge Analyitica tan sólo ocho años después.

Quienes nos visualizamos como evangelistas digitales hace una década e imaginamos la inclusión digital, la eliminación de  la brecha digital de género, internet como el gran homologador y facilitador del diálogo global y de la herramienta para visibilizar la diversidad del mundo y las infinitas realidades de quienes lo habitamos, hoy nos encontramos escuchando y en profunda reflexión observando que a la par se ha construido una realidad excluyente y polarizante. Y eso que cuando la autora presentó su conferencia aún no hablábamos de la inteligencia artificial como lo hacemos a partir de este año.

De la utopía pasamos en un suspiro a la distopía. La promesa de una conversación incluyente que conectara a las mujeres y a los hombres para encontrar respuestas compartidas en las redes sociales se convirtió en algo diametralmente opuesto. Hoy vivimos una realidad a la que denominamos con el mismo nombre, pero que para cada persona representa un contenido diametralmente distinto en función de la información que recibe. Esta información es recibida principalmente mediante las redes sociales y está definida por el algoritmo que le brinda a cada usuaria y usuario aquello que es afín a sus gustos e intereses y que le aleja por completo de la visión, contenidos y discusiones de quienes piensan de manera diametralmente opuesta a ellas y ellos. Construimos una realidad cotidiana que excluye intrínsecamente a las otras voces y otros ángulos.

Los votos y las preferencias políticas se establecen en un mundo de mucho ruido y poca conversación; de acalorados enfrentamientos y de monólogos simultáneos; de noticias falsas y falseadas y realidades inventadas o descontextualizadas. Peor aún, hay países en los que se toman decisiones de política pública en función de esto y de ocurrencias que pueden tuitearse y no de información fidedigna y de análisis de fondo, pero esa discusión amerita otro espacio.

Me quedo con la reflexión que la ponente hace al final y agrego preguntas a las que ella plantea:

  • ¿Qué hace falta hoy, en este contexto, para rescatar la democracia y construir una cultura cívica diferente?
  • ¿Qué liderazgos hacen falta para reconstruir el andamiaje democrático cuando lo que vemos son líderes vacíos, preocupados por su popularidad, haciendo uso del presupuesto público y del magnificador mediático que les da su posición para deslegitimar a quienes piensan diferente y que cuando los medios de comunicación y las plataformas digitales no les alaban las acusan de ser parte de sus enemigos? Y si están a su favor les reconocen.
  • ¿Será necesario que regresemos a esa vieja, y ahora disruptora práctica, de dialogar, conversar, levantar la mirada de las pantallas del celular y mirar a los ojos a nuestras interlocutoras y escuchar activamente sus palabras para poder dialogar y buscar el encuentro como fin en lugar del desencuentro como premisa?
  • ¿Llegó la hora de regresar a las plazas públicas analógicas y no virtuales y reconectar con las palabras y no sólo con likes?
  • ¿Será el momento de salir del aislamiento real al que nos hemos metido al navegar siete horas diarias en internet para recuperar el vocabulario y “hablar en democracia” en lugar de poner emojis?

Ahora, más que nunca, lo digital es político y el gran diferenciador en este momento -como siempre ha sido, pero hemos pensado en la tecnología como un fin y no como un medio- es la variable humana.

Me atrevo ante esta realidad y este reto, a dejar la conversación en puntos suspensivos para que retomemos el diálogo.

@LaClau