blogeditor · 4 de mayo de 2021
Avanza el año de elecciones intermedias en México. Se encuentran en juego 21 mil cargos de elección popular tomando en cuenta todos los congresos locales y alcaldías de 32 estados, elección de 15 gobernadores y la formación del congreso de la unión para el periodo 2021 – 2024.
Las elecciones intermedias históricamente marcan la posible continuidad de los proyectos del gobierno federal en turno o su debacle para el resto de su administración. Hasta el momento el gobierno federal y sus partidos aliados han contado con el apoyo de una mayoría absoluta (la mitad del congreso + 1), pero no así con una mayoría calificada para hacer cambios constitucionales (2 terceras partes del congreso). Las reformas constitucionales que se han llevado a cabo han sido en diálogo con el resto de las fuerzas políticas que han logrado (o no) modificar las propuestas de ley enviadas por el ejecutivo.
De lograr la mayoría calificada, Morena y sus aliados podrían pasar reformas constitucionales sin discusión ni diálogo con el resto de los partidos políticos. Pasando (como ya lo hacen ante las reformas que solo necesitan mayoría simple o absoluta) las reformas a la Constitución sin moverle una coma a lo que les llega desde Palacio Nacional, sin discusión siquiera entre los mismos diputados y senadores del mismo partido. Un Congreso cooptado por la palabra de una sola persona en donde si no estás con él estás en su contra, y en donde las voces de la pluralidad no son permitidas ni desde dentro del mismo partido.
Los partidos opositores, al ser incapaces de atraer a las urnas a los ciudadanos en su favor, han optado por jugarse el todo por el todo. Crearon una alianza que hace unos años era inimaginable (PRI-PAN-PRD), para poder ser competitivos ante un partido en el poder que no se ha desgastado en las urnas como históricamente sucede en las elecciones intermedias. Una apuesta arriesgada. Para los seguidores de AMLO es la confirmación de la existencia del PRIAN, manteniendo la narrativa de AMLO sobre la mafia en el poder; por otro lado, pareciera ser la única posibilidad de enfrentarse a un presidente que no baja su aprobación a menos del 55%.
Pero todos estos temas, por mayúsculos que sean, no son los que han dominado los reflectores nacionales en esta carrera. En el último mes se ha suscitado una verdadera batalla campal entre el partido en el poder, Morena, y Andrés Manuel López Obrador, contra las disposiciones y ordenanzas del INE, poniendo así los reflectores en los árbitros electorales, tanto a nivel institucional (INE y TEPJF) y sus procesos, como a nivel personal (Ciro Murayama y Vargas).
Esto no tiene que tomarse a la ligera. El que el ejecutivo federal cuestione directamente a las instituciones encargadas de salvaguardar las elecciones pone en riesgo la percepción de democracia de millones de ciudadanos. Tanto de un lado como del otro, los políticos (incluidos los de INE y TEPJF) no se cansan de tomar la democracia como bandera de su lucha. Mario Delgado declaró: “Decisión del Tribunal Electoral contra Salgado y Morón es un golpe a nuestra democracia”, algo que el lado opositor tomó como una defensa férrea de la misma.
Más allá de una discusión legista, intentemos comprender esto desde las diferentes perspectivas y lentes del espectro político actual.
Por el lado morenista, se percibe un atropello por parte de las instituciones electorales, quienes a sus ojos están tomando partido y desequilibrando la balanza de las elecciones, aduciendo argumentos que fácilmente podrían hacer a más de uno verlo de este modo:
Por el otro lado, una de las principales críticas a todo este proceso ha sido la continua injerencia en el proceso político y la descalificación de AMLO al INE.
Sin duda, la democracia es una bandera que para cualquier lado del espectro político es importante abanderar. Lo que ha pasado hasta el momento durante las elecciones nos hace darnos cuenta de lo fácil que este concepto se puede tergiversar y acoplarse a las diferentes luchas.
Como todo en la vida, es importante entender las percepciones y posturas políticas desde las que emana esa defensa a la democracia.
* Joaquín García Luna Pérez (@Wikimx) es Antropólogo Social.