blogeditor · 22 de marzo de 2021
Fue publicado el libro Votes, Drugs and Violence (Trejo y Ley, 2020). Estamos ante un nuevo material de investigación que escudriña a profundidad en la “relación íntima” entre la delincuencia organizada y el Estado. Los autores no ven un juego de suma cero entre ambas partes, donde una pierde y la otra gana; estamos más bien ante una intersección que ellos llaman “zona gris de la criminalidad”. La describen como “el hábitat de la delincuencia organizada, el ecosistema donde los grupos criminales respiran, crecen, se reproducen y triunfan”.
Nos proponen que cualquier cambio mayor en la esfera del poder del Estado, que distorsiona la relación entre ésta y los grupos criminales, puede desestabilizar esa zona gris introduciendo incertidumbre y generando incentivos para la violencia de gran escala. Dado que los regímenes y sus instituciones definen cómo el poder del Estado es distribuido, entonces las políticas son constitutivas de la delincuencia organizada, exponen.
Sugieren que la zona gris de la criminalidad emerge comúnmente en regímenes autoritarios y está asociada de manera íntima con el aparato represivo del Estado. En la mayoría de los regímenes autoritarios, para permanecer en el poder, los autócratas se apoyan en especialistas del Estado en el ejercicio de la violencia, cuyo principal mandato es reunir información de la disidencia política y castigarla cuando se convierte en una amenaza para la sobrevivencia del régimen.
Los especialistas en ejercer la violencia de los Estados autoritarios son miembros de las unidades especiales de los ejércitos y las policías, de los servicios secretos y de contratistas privados que mantienen acorralada a la disidencia. Para hacer su trabajo de manera efectiva, explican Trejo y Ley, ellos portan una licencia del Estado para matar, torturar y desaparecer a sus enemigos. El libro explora la manera como en varios países, incluyendo México en el régimen de partido de Estado, los autócratas han dado a esos especialistas el acceso al submundo criminal. “Mientras los regímenes autoritarios permanecen estables, el submundo criminal es regulado en paz por los especialistas del Estado en el ejercicio de la violencia”. De hecho, en ese contexto los líderes criminales no necesitan milicias propias para defender su territorio, porque la seguridad les es provista de manera informal por agentes de seguridad del Estado mismo.
Sin embargo, cuando las estructuras autoritarias comienzan a colapsar, la incertidumbre respecto a la protección del Estado puede desestabilizar el submundo criminal y los grupos delictivos tienen poderosos incentivos para militarizar, desarrollar y entrenar sus ejércitos privados, y prepararse para un mundo de competencia y conflicto. Son las elecciones precisamente un factor de turbulencia mayor en la zona gris de la criminalidad, dado que la democracia multipartidista fragmenta el poder del Estado y así rompe la estabilidad de las complicidades propia del régimen autoritario.
“Cada nuevo ciclo electoral puede convertirse en una amenaza mayor para el reacomodo del poder criminal y el brote de nuevos ciclos de violencia criminal. El reacomodo periódico del poder, las alianzas y las políticas afectan la zona gris de la criminalidad porque los grupos criminales solo pueden existir y prosperar cuando desarrollan acuerdos de colusión informal con los agentes del Estado”.
¿Quieren saber más? Nos vemos este miércoles 24 de marzo, donde los autores, invitados por el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX, estarán presentado este material soportado en abundante evidencia empírica. Conéctate por esta vía.