La cultura de la basura

blogeditor · 18 de agosto de 2014

La cultura de la basura

El mes pasado, mientras se celebraba el Mundial en Brasil, unas fotografías de los aficionados japoneses recogiendo su basura en un estadio después del partido recorrieron las redes sociales.

A la mente latina y occidental le asombró la civilidad y naturalidad con que los japoneses, al finalizar el encuentro deportivo, sacaban una bolsa de plástico en la que vertían la basura generada a su alrededor.

Recolección de basura

 

Pero en Japón es una escena normal en algunos barrios o avenidas ciertos días del mes; también en escuelas, en parques o en lugares al aire libre después de algún picnic o encuentro deportivo organizado por escolares, jóvenes, amas de casa, ancianos u oficinistas.

Quienes han visitado Japón, invariablemente se asombran de la limpieza en la mayoría de las calles que recorren, pero sobre todo de la casi completa ausencia de botes de basura en la vía pública.

–¿Por qué no hay botes de basura? Suelen preguntarnos a quienes vivimos aquí.

Las razones son variadas. Los japoneses no suelen comer cuando van andando en la vía pública y no existen los puestos ambulantes (salvo en festivales especiales); por lo tanto, la generación de basura en la vía pública es mínima y suelen llevarla a su casa para tirarla ahí.

Las tiendas de conveniencia cuentan con basureros pequeños sólo para papel o envolturas, botellas de vidrio, plástico o lata de los productos ahí comprados y consumidos. Las miles de maquinas de refrescos repartidas por todas partes tienen su propio basurero pero sólo para depositar las latas y botellas vacías.

En los andenes de trenes y de metro también se pueden ver pequeños basureros pero sólo para revistas o periódicos, papel y envolturas pequeñas, latas, botellas de vidrio y plástico. Y los supermercados tienen basureros para que se tiren limpios los envases de plástico, cartón o unicel que venían en los productos adquiridos.

Pero la razón principal de que las calles de Japón tengan fama de limpias es el código de comportamiento ante la basura que se aprende desde la infancia. Hay una educación alrededor de la generación de basura en las escuelas y en los hogares: quien la genera es el responsable de ese acto y en consecuencia debe cumplir con ciertas reglas.

Por ejemplo, se debe comprar un bolsa asignada para el tipo de basura, normalmente son blancas, amarillas o transparentes con letras verdes. El precio que se paga es el impuesto de recolección. Se debe tirar sólo en los días y en los horarios correspondientes a cada tipo de basura. En algunos lugares las bolsas se cubren con una red para evitar que los cuervos abran las bolsas.

Red para evitar que los cuervos abran las bolsas

 

Hay zonas más estrictas donde la recolección es de 6 a 8 y el camión pasa a las 8:05. después de ese horario ya no se puede tirar y debe guardarse en casa. Afuera casi nadie la coloca, sería una grosería a la vista y el infractor sería señalado como el que no tiró la basura a tiempo. Pero también hay zonas más flexibles donde la recolección se realiza más allá del medio día.

La separación no se limita a orgánicos e inorgánicos, papel o plástico, y existe un camión específico para cada caso. Se sorprenderían, como me pasó, al ver el manual con una lista casi infinita de los tipos de separación, pero sobre todo de las instrucciones para ¡lavar la basura!

Sí, en Japón la basura se tira limpia. Por ejemplo, los envases de plástico, vidrio, lata se deben lavar y por eso es muy raro encontrar bolsas de basura chorreantes; los periódicos, las revistas o el cartón se doblan y se amarran.

Manual para lavar la basura

 

También hay un límite de medida de la basura (menos de un metro) que puede tirarse dentro de las bolsas que se compran. Si ese límite se excede existe un día especial al mes, previa cita por teléfono, para que el basurero pase a una hora especifica, y hay que pegar en cada pieza una etiqueta con el nombre y la dirección y el comprobante del boleto (que es el impuesto) que debe comprarse en las tiendas de conveniencia con el precio asignado según su tamaño y características. Por ejemplo, todos los aparatos electrónicos entran en esta categoría especial, lo mismo que los muebles, bicicletas, paraguas o fierros. Sin estos lineamientos la basura grande nunca se podría tirar.

Y lo mas importante de la cultura del manejo de la basura es que se enseña que la basura tiene un dueño. Si no se coloca correctamente, el recolector de basura pondrá una etiqueta indicando que no cumple con las reglas y no se la llevará. Una vez que uno ha visto que su bolsa no se ha ido con el camión es su responsabilidad retirarla y colocarla de nuevo correctamente. Por supuesto que hay quienes la dejan ahí, pero es la minoría y en muchos casos depende del barrio y la educación de sus habitantes.

Quizás una de las cosas que más cuesta a un residente extranjero en Japón, después del idioma, claro, es justamente entender y aprender no sólo a separar la basura sino la manera en que debe tirarse. Y no es raro que la primera recomendación del casero o de los vecinos a los que recién llegamos sea informarnos muy insistentemente sobre cómo, cuándo y dónde debe tirarse la basura.

Generar basura sin duda es un acto privado, pero en Japón tirarla se convierte en uno público pues del cumplimiento de las reglas dependerá la convivencia con la comunidad, sea vecinal, escolar o laboral.

Aún guardo la carta de un vecino que llegó a los dos días de habernos mudado por primera vez a Kioto. Después de presentarse él y presentar a su familia, y de escribir los nombres del resto de los vecinos a la redonda con el número de casa de cada uno para que pudiéramos identificarlos, dibujó un mapa con los lugares asignados para tirar la basura alrededor de la manzana que nos correspondía por cercanía, añadiendo un manual en inglés (que seguramente obtuvo de la oficina delegacional hecho para los extranjeros residentes) donde se explicaba el tipo de basura, los días y los horarios, recomendando muy atentamente no hacerlo en otro lugar ni en días no marcados.

Poste de basura

 

Por ejemplo, cada vez que rompo un vaso lo mantengo un par de días, a veces semanas guardado en la cocina envuelto como para regalo pues en el barrio donde vivo sólo un día a fines de mes se puede depositar en el lugar asignado.

Las reglas para tirar los objetos de vidrio roto son muy claras: envolverlo en periódico, ponerle una etiqueta con las palabras “garasu” y “kiken” (vidrio y peligroso), ponerlo en una bolsa de plástico transparente y separarlo de otros objetos de deshecho y finalmente sacarlo el primer sábado de cada mes.

No todas las calles de Japón parecen quirófano, depende del tipo de barrio y la gente que vive en ellos. Pero hay brigadas de voluntarios tanto de escuelas como de amas de casa o jubilados que siempre están dispuestos a dar unas hora de su domingo para agruparse por zonas. Con guantes blancos, una bolsa de basura y unas pinzas recogen la basura que encuentran, por mínima que ésta sea.

Recolección de basura que requiere un impuesto especial por el tamaño. El camión la tritura en el momento.

 

@lamonse