blogeditor · 19 de julio de 2013
Hace unos días, antes de que fuera el presidente Peña Nieto a Mártir de Cuilapan, municipio piloto de la Cruzada Nacional Contra el Hambre, fui a La Esperanza, una de las 17 comunidades de dicho municipio, para recoger la opinión de algunos habitantes sobre la mencionada cruzada.
La Esperanza tiene una población de 2 mil 311 habitantes, de los cuales 36% son analfabetas y 52.08% de los mayores de 15 años no terminaron la primaria. La mayoría de la población es nahua pero casi todos son bilingües, es decir, hablan náhuatl y español. De sus 455 viviendas solamente el 8% cuenta con agua entubada. Hay dos formas de llegar a la comunidad desde Apango, la cabecera municipal; una es una brecha de cerca de 13 kilómetros que comunica directamente, pero que en época de lluvias está muy dañada y además, según los lugareños es peligrosa pues está muy abandonada. La otra opción es ir al municipio vecino de Zitlala, pasando por Chilapa, por carretera pavimentada (70 kilómetros) y de ahí tomar un camino de terracería de alrededor de 20 kilómetros. Aunque era más larga, tomé esta última ruta para no arriesgarme.
Al llegar a La Esperanza llama la atención la cantidad de casas de material que hay en la misma, que según comentaron los habitantes son construidas por aquellos que se van a trabajar por temporadas a Estados Unidos, sin embargo también hay muchas viviendas de techo de lámina de asbesto y paredes de bejuco. Sobresalen en toda la comunidad unas pequeñas casetas de cemento ubicadas en las entradas de algunas casas, que son los baños secos que se están construyendo como parte de los programas de la cruzada contra el hambre.
Según Alfredo Colotzin, comisariado ejidal de la Esperanza, los apoyos que han llegado a la comunidad últimamente son esos baños, los pisos firmes para las casas, la remodelación de la escuela y “que están pintando la casa de salud”. También comentó: “Nos dicen que ya tenemos aprobado lo de la fábrica de mezcal y según ahora que viene el presidente nos van a dar el cheque, pero solo la mitad”. No sabía si eran beneficios relacionados con la cruzada contra el hambre –de la que según dijo no había oído hablar– pues según afirmó desde antes se estaban realizando esas obras y el apoyo para construir una fábrica de mezcal lo habían solicitado hace tiempo.
“Hará como un mes pasaron a las casas a ver cuántas personas viven y qué casa es, pero para eso de piso firme y baño seco, y láminas para los más jodidos, es lo que están dando y según también chiqueritos para marranitos, y nos dieron un paquete de herbicida gratis, pero eso es de Procampo”, dijo. Comentó que él tiene lámina de asbesto pero como no está muy rota no le van a dar de la de metal y tampoco le tocó piso firme porque él ya tiene el que puso hace muchos años. “Solo dieron a los que ven que no tienen piso, yo les dije que me apoyen, porque el mío yo lo hice, ya tiene años y ya está bien cacaraco, pero no quisieron. De todos modos los ponen mal hechos, en parte las piedras están salidas, los ponen puro rústico, al chingadazo y si quieres pulirlo, tú tienes que poner el peón, y nomás ponen un pedazo, no en toda la casa”, afirmó.
Sobre el centro de salud, opinó que de nada sirve que lo pinten o lo arreglen si casi nunca está el doctor y no hay medicinas. “Casi no atienden, se va el médico y el que a veces está aquí, nomás te da la receta y te dice váyase a comprar a Chilapa, casi no hay medicamento que necesita la gente, entonces pues a comprar a Chilapa y si no tienes para comprarla, a morir, pues. Según sale en la televisión andan apoyando con las medicinas, ahí sale que sí hay recursos para medicamento, pero para nada. Por ejemplo, si nos pica un alacrán, no hay medicina”.
Eleucadio Teyuco Gutiérrez, uno de los auxiliares de la comisaría municipal, estaba un poco más enterado de la cruzada contra el hambre. “Hace como dos meses empezaron, nos dijeron que a Mártir de Cuilapan le tocó ser municipio piloto y aquí las comunidades van a recibir el beneficio, entonces este año andan haciendo los baños secos, los pisos, los fogones y techado, techos de lámina pero nomás para algunos que más lo necesitan, o lo sortearon, no sé. En la escuela y en el centro de salud están haciendo rehabilitación y ahorita andan también con la leche Liconsa que la venden a mitad de precio a los que tienen tarjeta, no es para todos sólo para los que tienen niños. Cada sobrecito cuesta nueve pesos y alcanza para dos litros y está limitado, solo dan ocho sobres al mes”, comentó.
En su casa ya pusieron el piso de cemento pero solamente en una parte, pues según las reglas de operación del programa tocan 25 metros cuadrados por vivienda y la suya es un poco más grande. Teyuco es artesano y vive con su esposa, su hija y tres nietos en una casa con paredes de bejuco y techo de lámina. Es un solo espacio en el que están el fogón y una mesa de un lado, la televisión al centro y algunas sillas de plástico casi todas rotas. En una esquina hay algunas colchonetas que extienden por la noche para dormir y la casa está atravesada por manojos de palma pues se dedican a tejer cintas para sombreros. Es decir, un solo espacio de alrededor de 35 metros cuadrados es cocina, sala, comedor, recámara y taller de artesanía, y ahora una parte tiene el piso de cemento, que según comentó Eleucadio Teyuco “nos da más facilidad para barrer, pero mejor que nos den techo y el piso de tierra como sea, si se cae un plato se salva y ya en el de piedra se quiebra. Además es más duro para dormir y para caminar, se cansa uno. Preferiríamos techo que piso, porque por ejemplo si está lloviendo y arriba no tienes techo pues es preferible que no se moje el piso de tierra”.
Según dijo, mantiene a su familia con la elaboración de las cintas de palma, hace un promedio de diez diarias y las vende en seis pesos cada una. A veces se alquila como jornalero y gana cien pesos en un día, pero no siempre hay trabajo y tampoco siempre puede vender todas sus cintas.

Saliendo ya de la comunidad, Roberto Ataque Sereno, un compañero de la organización SanzekanTinemi (de la que escribí aquí hace unas semanas) que me acompañó desde Chilapa a La Esperanza, hizo un comentario que me parece que refleja lo que oímos y vimos: “Qué es eso de baños secos para la cruzada contra el hambre, para qué empiezan con los baños, si para usar los baños primero hay que tener qué comer”.