La crítica y la esperanza

blogeditor · 20 de julio de 2020

La crítica y la esperanza

López Obrador supo leer el pulso de la república mexicana y eso le valió en 2018 el voto multitudinario que ahora le confiere una legitimidad enorme. Caminó la pobreza y atestiguó el desencanto. Mitin tras mitin, registró la injusticia acumulada del México más necesitado.

Pero el derecho a ser escuchado que se ganó como opositor sufre ahora que es presidente. Sufre porque no es lo mismo ser crítico del que gobierna que gobernar. Y las decisiones de un gobierno se venden en el discurso, pero se ven en los hechos. Lo demuestra su desgastada popularidad.

Es obvio que AMLO gobierna para una mayoría: la de los pobres. Lo reitera con su discurso polarizante cada que puede y lo ejecuta en el presupuesto con dura verticalidad. Basta ver los miles de millones destinados a los programas sociales.

Esa política social es la respuesta directa a su diagnóstico país: lo que los pobres necesitan es dinero y el gobierno se los transfiere. Así, sin intermediarios, sin padrones confiables ni medidas de evaluación de desempeño. El conocimiento técnico sometido al voluntarismo del Estado protector. La deriva al nuevo clientelismo unipersonal. El compromiso electoral con el partidazo sustituido ahora por el gracias, señor presidente.

Perfectibles, los programas de AMLO son la reivindicación a un sector históricamente agraviado en México. Eso lo celebro.

Comparto el diagnóstico, pero me preocupa la medicina. Básicamente por dos razones: la sostenibilidad de la política social y la exclusión de las minorías.

Sobre lo primero, el principal problema con los programas sociales elevados a rango constitucional es que el dinero público para mantener la política pública actual ya no alcanza. Y no alcanza porque se diseñaron para un país de crecimiento magro pero estable, no para un país en contingencia sanitaria y crisis económica. Ese país ya no existe.

La recaudación comenzó a caer mientras que los fondos de reserva y fideicomisos públicos se agotan. Nos quedamos, ahora sí, sin “guardaditos”. La riqueza de México retrocederá 9 o 10 puntos este 2020 y no habrá más tela de dónde cortar. Si los estados ya lloran por recursos, las alcaldías prácticamente imploran: el dinero federal les llega tarde y mocho. Los recortes en las dependencias son tan insensibles como abrumadores: quitar computadoras en Economía, racionar agua en la Secretaría del Trabajo.

El otro problema es que la prioridad por los programas emblema de AMLO excluye a otros sectores de la población: lo mismo deja fuera al sector productivo que tributa en el país (empresarios, trabajadores formales y profesionistas independientes), que a otros grupos vulnerables o minoritarios, muchos de los cuales contribuyeron y apoyaron al movimiento de López Obrador para llegar a la presidencia: feministas, LGBT, víctimas de la violencia, promotores de la regulación de las drogas y la libertad de expresión, por ejemplo.

Buena parte de esos movimientos ven ahora traicionadas sus causas con el avance de la militarización de la seguridad pública hasta el nivel del control de puertos y aduanas, la reducción de 151 millones de pesos al Inmujeres, el discurso conservador del presidente en torno al rol de la mujer y su cínica negación a la cotidiana violencia y violación de derechos humanos en México.

Sí, AMLO presume gobernar para los pobres, pero su reticencia inexplicable a implementar medidas económicas más contundentes para aminorar el impacto de la pandemia, como prorrogar pagos de seguridad social a las empresas que retengan a su personal, acceso a créditos suficientes y expeditos para la pequeña/mediana empresa o la implementación de cadenas productivas que den certeza a clientes y proveedores, terminará por abonar unos 11 millones más de personas en pobreza para finales de 2020, según cifras del CONEVAL que el presidente también y, para variar, desacreditó.

Me parece que AMLO tenía un tratamiento para un diagnóstico específico y, sin esperarlo, el paciente se le puso crítico en apenas 15 meses: lo atacó el COVID y la crisis económica.

Negado a la realidad, abrumado por la crítica de medios y periodistas de los que esperaba sumisión, por los cien muertos diarios que le reporta su gabinete de seguridad antes de la mañanera, por uno de cada tres mexicanos en edad de trabajar sin ocupación y por las protestas de las madres de los desaparecidos que le exigen a gritos que los reciba en Guanajuato, el presidente se aferra a su posición y no quiere cambiar el tratamiento.

Nadie le pide que lo cambie por completo y recurra a las viejas recetas fallidas y discrecionales. Hay una élite político-empresarial corrupta que hay que desmontar y castigar ejemplarmente y con apego a derecho. Ahí tienen ya a Lozoya. Pero castigar esa corrupción no será suficiente para sacar a México del problema económico y social en el que está metido.

No, la crítica es por la sensibilidad, por la escucha real y no por la simulación del “diálogo circular” que termina en perorata y pseudo-clases de historia. La crítica es por recuperar al presidente que prometió gobernar para todos y no solo para los que le aplauden y votaron por él.

La crítica, aunque no le guste al presidente López Obrador y sus seguidores, es para que la esperanza del cambio se mantenga.

@AdrianLopezMX