blogeditor · 11 de mayo de 2022
Hace dos semanas, y después de haber sido buscada por 13 días consecutivos, el cuerpo de Debanhi Escobar, estudiante de derecho de 18 años, fue encontrado en una cisterna a sólo algunos metros de donde había desaparecido. El terrible caso de Debhani retrata algunas de las cosas que en Data Cívica hemos documentado sobre las desapariciones. Las mujeres que desaparecen en México suelen ser más jóvenes que los hombres que desaparecen. Del 2000 al 2020, el 64% de las mujeres reportadas como desaparecidas tenían entre 10 y 24 años. En el pasado también documentamos que la mayoría de las mujeres localizadas son encontradas en el mismo municipio en el que desaparecieron. Esto quiere decir que la rabia del señor Mario Escobar porque encontraron a su hija en un espacio en el que previamente habían buscado no es sólo su rabia, es la de miles de familias.
Durante los días en los que Debhani estuvo desaparecida, salieron a la luz casos como el de Yolanda Martínez, desaparecida el último día de marzo, y el de Allison Campos, de sólo 12 años. Todo esto nos llevó a preguntamos si la crisis de desapariciones ha empeorado, y si las mujeres jóvenes han sido victimizadas más intensamente este año. En suma, buscamos responder la siguiente pregunta: ¿estamos realmente ante una crisis? Aun con los años de experiencia de Data Cívica trabajando con datos de personas desaparecidas, los datos oficiales que existen hoy, publicados por la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), hacen que responder esta pregunta sea más difícil de lo que parece.
¿Crisis de desapariciones de adolescentes?
De acuerdo con los datos oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México estamos viviendo la peor crisis de desaparición de mujeres adolescentes de los últimos cuatro años. Según los datos que publica la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), la tasa de desapariciones 1 de mujeres adolescentes ha aumentado de manera importante desde inicios del año. En el primer trimestre de 2022, la tasa de mujeres adolescentes desaparecidas fue de 2.6 por cada 100 mil mujeres; 26% más alta que la del mismo periodo en 2021 y 44% más alta que la de 2021.
El aumento se ve de manera clara y pronunciada en mujeres adolescentes, pero también podemos ver un aumento gradual en las desapariciones de adolescentes, varones, en los últimos cuatro años. La tasa de desapariciones de hombres en el primer trimestre de este año fue 56% más alta que la del primer trimestre de 2018.
Si comparamos las desapariciones de mujeres de 10 a 19 años en cada trimestre de cada año desde 2018 es evidente que la tasa de desapariciones en el primer trimestre de 2022 (el punto gris en la gráfica siguiente) es muy superior a la de cualquier año desde 2018. Aunque este no es el caso para varones de la misma edad.
Si ahora desagregamos geográficamente el análisis, y comparamos las tasas estatales de personas adolescentes desaparecidas en el primer trimestre del año, veremos que ocho de 32 entidades tuvieron en 2022 su peor primer trimestre en desapariciones de adolescentes. Para las mujeres parece haber un incremento importante en Quintana Roo, Morelos, Querétaro y la Ciudad de México. Para hombres, en Baja California Sur, Morelos, Quintana Roo y Zacatecas.
La calidad de la información
Todos estos parecen signos de alarma. Si les creemos a los datos que publica la CNB, entonces ya estamos ante una emergencia nacional. La pregunta es, ¿son realmente confiables estos datos? La gráfica siguiente muestra la tasa trimestral de desaparición por estado. Es imposible dejar de notar que hay estados que no reportan ninguna desaparición de este grupo de edad durante trimestres enteros. Por ejemplo, en Tabasco no hubo ninguna desaparición de adolescentes antes de 2020 o en Tlaxcala sólo hubo en 2021. Incluso si incluimos todos los grupos de edad, veremos que algunos estados no reportaron desapariciones ni de hombres ni de mujeres en todo 2019 o en todo 2018.
Que un estado no reporte ninguna desaparición durante un año entero se puede deber a una de dos razones: primero, a que en efecto no desapareció nadie ahí, o segundo, porque, aunque desaparecieron personas, la fiscalía no reporta esos datos a la CNB. Dado el contexto nacional, pensamos que lo más probable es lo segundo. La implicación inmediata de esto es que los datos oficiales de la CNB muy probablemente no reflejen completa la realidad de las desapariciones en el país, es decir es probable que los datos oficiales estén subestimando la magnitud de la crisis.
El hecho de que haya estados que no reportan desapariciones por años enteros nos alerta sobre la calidad de la información reportada por todos los estados en general. Simplemente no podemos estar seguras de qué estados están reportando con veracidad ni cuándo. Esto implica que, aunque ahora parece que Morelos es el estado con la mayor tasa de desapariciones de mujeres adolescentes en el primer trimestre del año, no sabemos si la tasa es mayor en algún otro estado que decidió no informarlo.
Finalmente, además de la probable subestimación sistemática, otra consecuencia muy importante de la mala calidad de la información es la incapacidad de hacer comparaciones entre distintos periodos de tiempo. Por ejemplo, si se reportan más personas desaparecidas en 2021 que en 2020 esto se puede deber o a que más personas desaparecieron en 2021 que en 2020 o a que la calidad de la información sobre 2021 es mejor que la de 2020, o a alguna combinación de estas dos cosas.
El problema es todavía más complejo cuando consideramos cómo funciona el RNPDNO. Este registro se actualiza constantemente y de manera retrospectiva. Por ejemplo, puede que hayamos llegado ayer a la conclusión de que Morelos fue el estado con el primer lugar en tasa de desapariciones en 2019, pero que en mayo de 2022 Tamaulipas envíe nueva información de desapariciones sobre 2019, y nuestras conclusiones cambien. Esto imposibilita tocar alarmas y ubicar focos rojos. Es más, si nosotros quisiéramos hacer este blog con datos falsos y mañana alguien quisiera corregirnos, siempre podríamos argumentar que los datos ya cambiaron. No hay registro histórico de las distintas versiones.
Por último, los datos que incluye el RNPDNO se publican ya pre-procesados a distintos niveles de agregación geográfica, un retroceso respecto de los registros oficiales anteriores como el extinto Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED). No podemos conocer los datos individuales de las víctimas, lo que nos impide saber, por ejemplo, qué tanto se parecen entre sí las mujeres que desaparecen al mismo tiempo en un estado, como en Nuevo León recientemente. Esto sería importante para generar estrategias de prevención y atención a víctimas.
¿Estamos ante una emergencia nacional de desapariciones de adolescentes? Sí, todo parece indicar que sí. ¿Cuáles son los focos rojos? ¿Los perfiles de las víctimas? ¿Los patrones y tendencias? No sabemos. Estamos ante una emergencia que no podemos medir con certeza y que no podemos analizar con rigor. Es decir, estamos, en muchos sentidos, cegadas por la opacidad frente a una tragedia.
Nota metodológica
Todos los códigos y bases para reproducir este análisis se encuentran en este repositorio.
1 Para todo el texto utilizamos datos de personas desaparecidas y no localizadas