blogeditor · 3 de mayo de 2012
*Por: José Tapia, Director de Investigación y Proyectos de México Evalúa
¿Por qué ninguno de los candidatos ha enfocado su campaña al tema del combate frontal a la corrupción? Sin duda, es uno de los grandes temas en la agenda pública por su visibilidad, la frustración que genera en los ciudadanos y sus efectos en diversas áreas prioritarias para el desarrollo del país.
La evidencia ubica a México en el lugar 100 de 183 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Somos, de acuerdo con esta medición, una nación tan corrupta como Suazilandia, Burkina Faso o Tanzania. Estos referentes globales no distan de la percepción local sobre la corrupción en México (medida por Transparencia Mexicana), misma que se mantiene en un nivel alto desde hace 15 años.
La realidad es que el problema avanza y se profundiza. A pesar de ello, dentro de las campañas electorales, el tema ha sido el gran elefante del que se prefiere no hablar o hablar muy poco. Alguno de los candidatos quizá se atrevió ya a mencionarlo, pero analizarlo, entenderlo y confrontarlo, de ninguna manera.
¿Que se puede ocultar al respecto que no sea ya evidente para los ciudadanos? Los gobiernos y legislaturas estatales y federal se han encargado de darnos constantemente muestras de lo que son capaces de hacer en este entorno de tolerancia. Esto es claro para quienes tenemos que asumir la arbitrariedad de las decisiones de congresos y asambleas locales, donde se aprueban cotidianamente resoluciones y acuerdos que pueden beneficiar intereses específicos, particulares y privados.
Lamentablemente, vemos que el país no cuenta con lo mínimo para enfrentar este problema. La insuficiencia en los mecanismos jurídicos y de sanción a los actos de cohecho distan mucho de tener lo básico para sustentar un proceso penal transparente contra un funcionario o legislador corrupto. Recordemos, por ejemplo, al señor de las ligas, la mafia en la publicidad exterior y la expedición de permisos de uso de suelo en el DF; las deficiencias de la infraestructura “renovada” en Veracruz; el endeudamiento y la falsificación de documentos por parte de funcionarios del gobierno de Coahuila ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; el deterioro de las finanzas públicas en Michoacán y Zacatecas por parte de sus anteriores gobernaturas; el enriquecimiento de funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad y los líderes sindicales del sector; los gastos del festejo del bicentenario; los negocios de ex-gobernadores; o la colusión y prebendas en el caso Walmart en México. Ejemplos todos de un uso inadecuado de recursos y el encargo público. Pero, sobretodo, ejemplo de que no hay urgencia por nombrar culpables, ni responsables de estos actos.
Percibimos que el erario público y los activos de la nación, los estados y el DF se encuentran en manos de individuos, escogidos por nosotros, quienes no buscan velar, ni resguardar su riqueza. Sus acciones derivan muchas veces en atender intereses individuales, personales o de grupo gracias a la incapacidad del estado para perseguir y sancionar conductas, que en muchos países serían motivo de amplio escrutinio público y judicial.
Por ello, la corrupción y sus fundamentos no serán temas prioritarios para los candidatos a elección popular. Tampoco se vislumbra que sea tema relevante para los nuevos congresos, goberadores ni para la nueva administración federal. No se vislumbra que estos actores posicionen el tema de la corrupción como uno sustantivo que es apremiante atender.
La corrupción esta aquí para quedarse, parece ser el mensaje de las cúpulas del quehacer público y político. A quienes no les interesa dejar de lado sus privilegios, tampoco harán nada por modificar la ley para ser sancionados por ellos mismos. No pretenden generar un sistema de incentivos para avanzar un cambio. Además, un cambio requiere una nueva relación entre ciudadanos y gobernantes, misma que no hemos iniciado siquiera.
Mencionaba hace unos días en una columna de opinión el presidente de Transparencia Mexicana, Federico Reyes-Heroles “…Los problemas de corrupción que tanto daño han hecho al PRI han tenido encarnaciones azules y amarillas en toda la República… la corrupción dejó de ser “atributo” exclusivo del priismo. Con personas honestas y deshonestas en todos los partidos (…)”. Este problema es una realidad a la que todos contribuyen.
No estoy seguro cuál de los partidos esté dispuesto a atacar de fondo el problema de la corrupción ni cuál de los candidatos desee atender los vacíos y deficiencia estructural en su marco normativo. Lo cierto es que somos los ciudadanos quienes debemos promover una seria discusión sobre este tema; generar evidencia contundente y entender lo que cuesta al país esta cultura de la corrupción. Sin estas bases, no tendremos la fuerza para promover una solución viable y permanente y la corrupción seguirá siendo una parte inherente a nuestro sistema político, una constante que todos alimentamos.
Síguenos en Twitter: @mexevalua