blogeditor · 12 de abril de 2017
Por: Andrea Bizberg (@andreabizberg)
Una vez más, los imponentes volcanes que custodian la Ciudad de México se han retirado, guardan bajo perfil y sus facciones se difuminan en el ambiente; ni siquiera estos aguerridos guardianes logran hacerle frente a la contaminación, son vencidos y se esconden tras volutas de humo. Una espesa nata se extiende sobre nuestras cabezas.
Encerrados en nuestros automóviles, esperamos pacientemente el avance milimétrico, la puesta en movimiento de este mar de coches que serpentea hasta el infinito. Cada día, la misma escena se repite y solos e incansables la enfrentamos desde nuestro pequeño huevito metálico. El tiempo parece suspenderse, perturbado momentáneamente por las enormes fumarolas negras escupidas por los peseros sobrecargados y los vehículos pesados. Humos que quedan flotando en el tibio ambiente, reminiscencias del eructo de otro irreverente camión. Irónicamente, desde 1997 contamos con un Programa de Vehículos Ostensiblemente Contaminantes que ostensiblemente brilla por su inutilidad. Hace unos años y seguramente tras ardua reflexión, se decidió eliminar lo ostensible para quedarse con un neutral y menos polémico “Vehículos Contaminantes”. Quizás haya cambiado el nombre, pero no se confundan, el programa siguió fielmente con sus principios: no hacer absolutamente nada.
Mientras tanto, nosotros aquí seguimos viviendo, gozando, a manera de privilegio, de vacaciones bien merecidas, nuestros nueve días de buena calidad del aire[1] en la ciudad.
Tampoco es una razón para desalentarnos. Recuerden que, en momentos de desesperanza, siempre se tiene la reconfortante posibilidad de compararse con quien está peor… Y en este caso, la buena noticia es que ya no vivimos en la ciudad más contaminada del mundo, este envidiable primer lugar pasó a manos de Nueva Delhi, literalmente una bola de humo y turbiedad.
En Nueva Delhi, las políticas gubernamentales son similares a las de México. Tras las cortinas de sospechosa neblina, podemos leer, clavado cual estaca en el corazón de los árboles, “Haz de Delhi una ciudad libre de contaminación”.
La nata rojiza que se esparce por nuestras ciudades como una insidiosa e incurable enfermedad está compuesta por precursores de ozono, los óxidos de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles (COV), y de las temibles partículas suspendidas. Los precursores se transforman en ozono cuando reaccionan con el sol y son responsables de enfermedades pulmonares, que en 2013 en México, acabaron con la vida de 2,000 personas. Sin embargo, son las partículas suspendidas las más preocupantes, hasta el punto que fueron catalogadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el contaminante que afecta a más personas a nivel mundial. Las partículas suspendidas se dividen en PM10, es decir con un diámetro menor a 10 µm y en PM2.5 con uno menor a 2.5 µm, las más peligrosas ya que logran adentrarse profundamente en nuestros cuerpos; llegan a los pulmones, a las zonas de intercambios gaseosos y, de ahí, pasan a la sangre para terminar en el cerebro u otros órganos vitales. Estas intrusiones provocan cánceres de pulmón, tráquea y bronquios; enfermedades cardiovasculares e infecciones respiratorias.
Así, a nivel mundial, la contaminación por PM2.5 es la principal responsable de muertes prematuras por factores ambientales. En 2013, 3 millones de personas murieron en el mundo por este contaminante; 14,000 tan sólo en México (IHME, 2016).
El importante número de muertes nacionales no debe ser ninguna sorpresa si consideramos que las concentraciones de PM10 rebasan, en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), más de dos veces los valores que recomienda la OMS para evitar daños a la salud. En Nueva Delhi, estas recomendaciones son rebasadas hasta por 12 veces – en varias ocasiones hasta por 20- y con esto, la expectativa de vida ha disminuido en más de 6 años.
Debido al enorme impacto de la calidad del aire sobre la salud pública, México tiene políticas para luchar contra la contaminación. Así, se implementaron y posteriormente endurecieron las normas de calidad del aire, que establecen concentraciones máximas permitidas para cada contaminante y que no deben ser rebasadas: se restringió la circulación, se cerraron las empresas más contaminantes y se implementaron programas como el Hoy no Circula, la Verificación Vehicular y las Contingencias Ambientales Atmosféricas.
Esto tuvo como resultado que en la ZMVM, de los años 90 hasta el 2015, las concentraciones de ozono y partículas disminuyeran significativamente, aunque nunca lo suficiente para cumplir con las normas de calidad del aire. Sin embargo, desde el 2015, las buenas noticias perdieron ímpetu y empezamos a observar una tendencia alarmante: las concentraciones habían vuelto a incrementarse.
¿Qué está pasando? No hace falta buscar muy lejos, parte de la respuesta se encuentra en nosotros, en la creciente clase media que formamos y que desea, más que cualquier otra cosa en el mundo… tener su propio coche. En un abrir y cerrar de ojos y dando rienda suelta a nuestro poder adquisitivo y facilidades crediticias, nos despertamos en el amanecer del 2014 con la noticia de que en la ZMVM hay más de 5.3 millones de vehículos. Y ¡oh! sorpresa, el 80 % pertenece a particulares (SEDEMA, 2016).
De ahí que el programa “Hoy no Circula” sea tan impopular. Pero bueno, llegó el momento de rememorarles el segundo remedio antidepresivo. Después del compararse con alguien que está peor viene el famoso: no estamos solos en la desgracia. Y es que resulta que en Nueva Delhi también existió la versión india del Hoy No circula. En enero del 2016 y durante 15 días, se implementó el experimento. A pesar del breve lapso de tiempo, se creó tal oleada de terror que en abril de ese mismo año cuando se volvió a aplicar el programa, la gente ya estaba bien preparada: ya habían comprado otro coche o bien optado por ignorar las reglas del juego y siguieron circulando. Con este chistecito, el gobierno indio calculó que en tan solo cuatro meses había medio millón de coches suplementarios en las calles. No hay miedo más grande que el de quedarse sin coche.
Queda mucho camino por recorrer, tanto por parte del gobierno como de nuestro lado. Sin embargo, es una victoria que la calidad del aire esté en la agenda pública y que el tema resurja continuamente en las conversaciones. El tener conciencia de que algo no va bien es siempre el primer paso al cambio.
En Nueva Delhi, la contaminación ha alcanzado niveles más preocupantes. Exclusivos mercados han visto la luz del día y distribuyen máscaras de oxígeno y purificadores; los doctores están empezando a recomendarle a sus pacientes con problemas pulmonares a que abandonen la ciudad.
Pero para nosotros, la primavera ya está encarrilada. A principios de abril el viento va recuperando fuerzas, las primeras lluvias no tardarán en llegar. Las ventanas se abren en un intento por sacar de nuestros hogares la contaminación que nos envenena poco a poco. Mientras que las políticas ambientales se quedan cortas, los dioses antiguos han demostrado ser nuestros mejores aliados para combatir la contaminación (Lezama, 2016). ¡Respiren! que Ehécatl y Tláloc, los dioses mexicas del viento y del agua ya están por llegar.
* Andrea Bizberg es consultora ambiental y articulista en una revista de divulgación científica de la UNAM. Actualmente trabajo en un proyecto de contaminación del aire en colaboración con el gobierno de la Ciudad de México y la Universidad de Harvard.
Referencias:
Lezama, 2016. La Contaminación en manos de los dioses Mexicas. De consulta aquí.
SEDEMA, 2015. Informe anual de calidad del aire 2014. Secretaría del Medio Ambiente, Gobierno de la Ciudad de México. De consulta aquí.
SEDEMA, 2016. Inventario de Emisiones de la CDMX 2014. Contaminantes criterio, tóxicos y de efecto invernadero. Secretaría del Medio Ambiente, Gobierno de la Ciudad de México. Consultado aquí.
Subramanian, 2016. Can Delhi save itself from its toxic air. Nature 534, 166–169 (09 June 2016). De consulta aquí.
[1] Días con buena calidad del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) en 2014 para el contaminante partículas finas (SEDEMA, 2015).