blogeditor · 3 de marzo de 2016
Por: Francisco Alvarado Arce (@vocescdmx)
En el proceso de Reforma Política de la Ciudad de México es cada vez más frecuente ubicar la noción de ciudadanía cuyo carácter político refiere al vínculo entre el ciudadano, la comunidad y el Estado, articulación de la cual se derivan, por definición, derechos, facultades o atribuciones de intervención en la vida política y en el manejo de la cosa pública. Esa idea de ciudadanía persiste actualmente.
Una arista de esta noción se refiere al de la ciudadanía laboral, concepto vinculado a los derechos del trabajador en la empresa o ante el Estado, que de sí, deberá enriquecer el elenco de derechos humanos al momento de que se discuta y procese la nueva Constitución para la Ciudad de México, sin olvidar que la Constitución Política de 1917 ya incorpora derechos sociales y, en específico, laborales, al tiempo que establece la responsabilidad del Estado de garantizar su observancia. En ese marco, surgen propuestas acerca de que la Constitución de la Ciudad de México debería incluir un conjunto de derechos del trabajador, que procure garantizarle un estatus de dignidad e igualdad en una sociedad netamente capitalista, pues un número significativo de ellos, son, sin lugar a dudas, derechos humanos.
En otra vertiente, además de los derechos individuales, civiles y políticos, están los de la participación ciudadana, que en los últimos años han condensado con claridad la convergencia de los conceptos de ciudadanía y de derechos humanos. Y si bien desde el Estado se determina el marco de derechos de los ciudadan@s, éstos últimos tienen la ineludible facultad de participar en los beneficios de la vida en común y de disfrutar de derechos civiles, políticos y sociales, contribuyendo a la gobernabilidad.
[contextly_sidebar id=”dkLmNXR5luIfEgPjthUP4RSAJLEUXPtS”]En ese marco es que durante el lapso que corre hacia la formulación de una nueva Constitución para la Ciudad de México, han surgido igualmente diversas voces de personas y organizaciones sociales que claman ejercer su derecho ciudadano para articular sus propias propuestas, que buscan abonen y tengan una incidencia directa en la regulación y control del gobierno de la Ciudad. Son expresiones que con seguridad seguiremos atisbando, en la lógica de una democracia participativa y no sólo representativa, y que habrán de reafirmar la tesis de que son las mismas sociedades las que tienen el poder de tornar efectivas las decisiones del Estado, de lograr ejercer los mecanismos de control y de coadyuvar en la construcción de políticas públicas a nivel local y global. Y ello no es gratuito, pues es recurrente confirmar que la sociedad de la capital del país es cada vez más consciente de que la participación ciudadana es fundamental para regular el Estado, para que este proteja los derechos de las personas.
Y en esa construcción de una nueva arquitectura institucional también es pertinente citar que la nueva Constitución de la Ciudad de México deberá atender el permanente cambio y la transformación por la que atraviesa la capital del país, precipitado crecientemente por la rápida expansión de la sociedad. En ese plano, la gran disyuntiva será cómo planificar la Ciudad actual para articularla a una corriente en la que la globalidad marca un derrotero clave de un novedoso modelo de desarrollo de las ciudades en el mundo, en no pocas vertientes a las que gradualmente se responde con capacidad de adaptación.
En ese marco, los desafíos para hacer de la Ciudad de México una capital global pasan por temas como el de planificación y el desarrollo, la movilidad, la privatización de los espacios públicos y una sociedad más exigente al momento de requerir calidad de vida, entre otros aspectos.
Por ello resulta apremiante desechar los arcaicos instrumentos de planificación y expansión discriminada, para sustituirlos por estrategias, reflexiones y alianzas que permitan transformar a la Capital del país para colocarla en sintonía con las dinámicas que transfiguran a las ciudades de todo el mundo, y para aprovechar los profundos cambios y transformaciones que está generando una globalización tan compleja como imparable.
* Francisco Alvarado Arce forma parte de la Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo, A.C.
Para mayor información: www.vocesiniciativaciudadana.org.mx